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Fr. Carlos Sevilla de Román (1923-2017)

18 may 17. Falleció en el Señor en el Santuario de N.S. de Regla de  Chipiona (Cádiz) a las 22,20 h. del 17 de Mayo de 2017 a los 93 años de edad, 65 de vida franciscana y 61 de sacerdocio.

 Nació en la localidad burgalesa de Hurones el 8 de Septiembre de 1923 en el seno de una familia muy religiosa. Su padre era el sacristán de la parroquia del pueblo (Santiago Apóstol) donde él recibe el bautismo. Más tarde, en Gamonal, la confirmación.

Hace los estudios primarios en su localidad natal, y más tarde es alumno de los Marianistas. La carrera de “maestro nacional” la hace por libre.

Pronto siente la inclinación hacia la vida religiosa y prueba con los marianistas siguiendo los pasos de una hermana carnal que profesó religiosa. Posteriormente determina que su lugar está entre los hijos de San Francisco deseando ser apóstol, misionero y sacerdote regular en la Orden de San  Francisco.

Ingresa en el Santuario de Loreto (Espartinas), comienza el noviciado el 12 de Julio de 1950 y profesa en el mismo lugar el 16 de Julio de 1951. Profesa perpetuamente en Guadalupe el 24 de Julio de 1954 y es ordenado el 19 de Mayo de 1956.

La vida de nuestro hermano ha tenido  una doble dimensión: su dedicación a la enseñanza y su dedicación al ministerio y  atención a la iglesia. Respecto a la primera, ejerció su magisterio con plena dedicación en nuestras escuelas,  en casi todas ellas de director (Lucena, Puente Genil, Belalcázar, Fuente del Maestre…. y sobre todo en el Colegio  s. Antonio de Cáceres). Siempre se sintió “maestro nacional”,  como le gustaba decir. Su pedagogía en la enseñanza, la forma de tratar a los niños y  educarlos y la manera  que empleaba en la transmisión de  conocimientos, le granjearon siempre el aprecio de los padres y el cariño de los alumnos.

Una vez jubilado, no quiso desvincularse del Colegio y se encargaba de abrirles las puertas todas las mañanas en el claustro bajo de Santo Domingo donde estaba entonces la Enseñanza Infantil, charlando con los padres y recibiendo con una sonrisa a los niños.
La misma tarea continuó haciendo en el nuevo colegio hasta que su salud se lo permitió.

La segunda dimensión del P. Carlos se centra en el culto a la iglesia. Hubo alguna época en que ejerció como organista, tanto en la iglesia de San Buenaventura de Sevilla como en la de Cáceres. También hizo de sacristán muchos años, pero sobre todo se le recordará por las horas que empleó en el confesonario, siendo en esto muy solicitado, incluso cuando la comunidad se trasladó, en el 2003 al nuevo colegio, “sus penitentes” seguían acudiendo a aquel lugar, a varios kilómetros de la ciudad para que los escuchara y recibir el perdón del buen Dios por su mano.

Muchas eran  las cualidades que tenía nuestro hermano. Una faceta que a veces manifestaba era la de ser un excelente pintor y un extraordinario calígrafo. Durante años estampó en aquellos antiguos y cenefeados diplomas el nombre de los niños de Primera Comunión o el de los que se despedían del colegio para comenzar su etapa universitaria o laboral.

Nuestros claustros son testigos igualmente de los infinitos rosarios que a lo largo de su vida rezó y de la devoción a la Santísima Virgen, que él siempre achacó al día en que nació (el 8 de septiembre) y a la educación marianista de sus años jóvenes,  de los que nunca se sintió desligado del todo.

Los últimos años de su vida fueron quebrantando poco a poco su salud, que siempre había sido excelente y lejos de los médicos. Cáceres y Chipiona fueron sus dos últimos destinos. Su cruz fue la silla de ruedas a la que estaba inevitablemente unido y las sondas que le producían grandes molestias y desasosiego. El deseo de silencio y una vida ordenada, su carácter fuerte muchas veces impetuoso,  la piedad y devoción mariana, el recuerdo de sus años fecundos de trabajo y la realidad  reducida a una total inactividad y a la aceptación de estar donde el Señor lo había llevado esculpen la talla humana y espiritual de este misionero, apóstol y sacerdote regular.

Su salud estaba muy resquebrajada y poco a poco iba apagándose lentamente. Unos pocos días volvía a recibir el Sacramento de la Unción de enfermos y la noche del 17 de mayo, día de San Pascual Bailón, en pleno rezo de las Recomendaciones del alma entrega su espíritu totalmente a Dios.

En su entierro se unen los hermanos de distintas fraternidades por donde nuestro pasó y personas piadosas que acompañaron a la fraternidad franciscana en estos momentos de esperanza. Sus restos descansan en el cementerio conventual de Chipiona. Que el Señor premie la vida del P. Carlos, que era “maestro nacional”.

Fr. Tomás Bernal García, ofm.
Fr. Juan José Rodríguez Mejía, ofm. 


Fr. Josep María Botella Sanchis (1933-2017)

12 may 17. Falleció el 8 de mayo en Villareal (Castellón de la Plana)

Nació en Callosa d'En Sarrià (Alicante), el 24 de noviembre 1933. Sus padres fueron José y María. Hasta los veintitrés años vivió dedicado a la agricultura –buen cultivador de “nísperos”- y, como aficionado a la música, fue miembro de la banda del pueblo, con la que participaba en fiestas locales y populares.

Al finalizar el servicio militar se produjo un notable cambio en su vida y costumbres y solicitó el ingreso en la Orden Franciscana. Hizo el Postulantado y estudios en Balaguer, inició el noviciado en La Bisbal el 25 de julio de 1958, finalizándolo con la profesión temporal el 26 de julio de 1959. Cursó los estudios de filosofía y teología en Berga, e hizo la profesión solemne el 12 de octubre de 1962 en Vila-Real. El 11 de julio de 1965 recibió la ordenación sacerdotal en Berga.

Ejerció su ministerio presbiteral inicialmente en Balaguer y en Lérida. Misionó posteriormente en Argentina, donde trabajó mucho con jóvenes y con los Cursillos de Cristiandad. En 1980, vuelto de nuevo a España, lo encontramos de párroco en Vila-Real. Hasta el año 1989, acompañado en el trabajo por Fr. Luis Pitarch, hicieron la remodelación de la iglesia y el convento nuevo, haciendo ellos mismos de albañiles restauradores. Varias veces Guardián y Párroco en Vila-Real, colaboró intensamente con la Juventud Antoniana. Era muy apreciado por todos, frailes y laicos.

Durante los últimos seis años de su vida estuvo de residente en las Hermanitas de los Pobres, de Castellón de la Plana, pero todos los fines de semana los pasaba en su comunidad franciscana de Vila-Real. Hay que agradecer a las Hermanitas la estima y atenciones que tuvieron con el P. José María.

Fue un fraile alegre, servicial y muy amante de la naturaleza. Cuidaba el huerto del convento con gran esmero y dedicación.

El Señor lo llamó junto a sí en Vila-Real, el día 9 de mayo de 2017. Al día siguiente, en nuestra parroquia de San Francisco de Vila-Real, tuvo lugar su entierro. Descanse en paz nuestro hermano.