Domund 2004: domingo 24 de octubre

Eucaristía y misión

Juan Pablo II invito o vivir con espíritu eucarístico la Jornada mundial de las misiones

Amadísimos hermanos y hermanas:

1. El compromiso misionero de la Iglesia constituye, también en este comienzo del tercer milenio, una urgencia que en diversas ocasiones he querido recordar. La misión, como afirmé en la encíclica Redemptoris missio, está aún lejos de cumplirse y por eso debemos comprometernos con todas nuestras energías a su servicio (cf. n. 1). Todo el pueblo de Dios, en cada momento de su peregrinación en la historia, está llamado a compartir la «sed» del Redentor (cf. Jn 19,28). Los santos han sentido siempre con mucha fuerza esta sed ele almas que hay que salvar: baste pensar, por ejemplo, en santa Teresa de Lisleux, patraña de las misiones, y en monseñor Combonl, gran apóstol de África, que tuve la alegría de elevar recientemente al honor de los altares.

2

Los desafíos sociales y religiosos que afronta la humanidad en nuestro tiempo estimulan a los creyentes a renovarse en el fervor misionero. ¡Sí! Es necesario promover con valentía la misión «ad gentes», partiendo del anuncio de Cristo, Redentor de todos los hombres. El Congreso eucarístico internacional, que se celebra en Guadalajara, México, este mes de octubre, mes misionero, es una ocasión extraordinaria para esta general toma de conciencia misionera alrededor de la mesa del Cuerpo y de la Sangre de Cristo. La Iglesia, reunida en torno al altar, comprende mejor su origen y su mandato misionero. «Eucaristía y misión», como subraya bien el tema de la Jornada mundial de las misiones de este año, forman un binomio inseparable. A la reflexión sobre la relación que existe entre el misterio eucarístico y el misterio de la Iglesia se une este año una elocuente referencia a la santísima Virgen, gracias a la celebración del 150° aniversario de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción (1854-2004). Contemplemos la Eucaristía con los ojos de María. Contando con la Intercesión de la Virgen, la Iglesia ofrece a Cristo, pan de la salvación, a todas las gentes, para que lo reconozcan y lo acojan como único salvador.

Serenidad

En tiempos tan confusos y convulsos como los actuales, es particularmente necesario y urgente no perder, o recuperar, la serenidad.

«No perdáis la calma» (Jn 14,1). Esta llamada de Jesús a la serenidad es necesario que la acojamos en nuestra vida.

Serenidad que no es frialdad ni distanciamiento frente a la realidad, sino acogida y acercamiento a la misma desde actitudes y perspectivas interiorizadoras; serenidad que permite hacer frente a toda agresión, no desde la represión, sino desde el perdón; serenidad que, en muchas ocasiones, evidencia y denuncia «la debilidad de la fuerza», frente a «la fuerza de la debilidad»; serenidad nacida de una esperanzada mirada sobre la realidad, contemplada desde el corazón y desde una profunda experiencia de Dios.

Jesús fue un hombre sereno, frente a aplausos («Dichoso el seno que engendró y los pechos que te criaron», Lc 11, 27) e insultos («Si expulsa los demonios, es por arte de Belcebúi», Mc 3, 22); frente a aclamaciones («Bendito el que viene en el nombre del Señor», Mc 11, 8-10) y agresiones («Lo escupieron en la cara, y le dieron bofetadas y puñetazos», Mt 26, 67). Pero, además, Jesús serenó la vida de los hombres. Se acercó con palabras y gestos de esperanza a todas las existencias heridas por la marginación (Mc 9, 10-11), abriéndoles de par en par las puertas de la casa cálida del Padre (Lc 5, 32), e invitó al hombre a abandonar «la superficie», para entrar en «lo escondido» (Mt 6, 6) y allí adquirir la justa perspectiva.

«Nada te turbe...; quien a Dios teme...; sólo Dios basta». Expresa esta serenidad frente a las catástrofes naturales el salmo 46: «No tememos aunque tiemble la tierra y los montes se desplomen en el mar...; porque Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza»; o el salmo 23, frente a las experiencias personales dolorosas: «Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo porque Tú vas conmigo»; o el profeta Habacuc frente a las carestías económicas: «Aunque la higuera no echa yemas y las viñas no tienen fruto, aunque el olivo olvida su aceituna y los campos no dan cosechas, aunque se acaban las ovejas del redil y no quedan vacas en el establo, yo confiaré en el Señor» (Hab. 3, 17).

Y es que la serenidad es un valor humano que, revalidado por lo religioso, se consolida y enriquece.

Fr. Domingo Montero
Franciscano Capuchino

Huellas en la arena

Una noche tuve un sueño...
Soñé que estaba caminando por la playa con el Señor y,
a través del cielo, pasaban escenas de mi vida.
Por cada escena que pasaba
percibí que quedaban dos pares de pisadas en la arena:
unas eran las mías y las otras del Señor.
Cuando la última escena pasó delante de nosotros,
miré hacia atrás, hacia las pisadas en la arena, y noté
que muchas veces en el camino de mi vida quedaban sólo un par de pisadas en la arena.
Noté también que eso sucedía
en los momentos más difíciles de mi vida.
Eso realmente me perturbó y pregunté entonces al Señor:
«Señor, Tú me dijiste, cuando resolví seguirte,
que andarías conmigo, a lo largo del camino,
pero durante los peores momentos de mi vida
había en la arena sólo un par de pisadas.
No comprendo por qué Tú me dejaste en las horas en que yo más te necesitaba.»
Entonces, Él, clavando en mí su mirada infinita
me contestó: «Mi querido hijo, yo te he amado
y jamás te abandonaría en los momentos más difíciles.
Cuando viste en la arena sólo un par de pisadas
fue justamente allí donde te cargué en mis brazos.»

Anónimo

Adora y confía

No te inquietes por las dificultades de la vida,
por tus altibajos, por sus decepciones,
por su porvenir más o menos sombrío.
Quiere lo que Dios quiere.
Ofrécele en medio de inquietudes y dificultades
el sacrifico de tu alma sencilla que, pese a todo,
acepta los designios de su providencia.
Poco importa que te consideres un frustrado
si Dios te considera plenamente realizado, a su gusto.
Piérdete confiado ciegamente en ese Dios que te quiere para sí.
Y que llegará hasta ti, aunque jamás le veas.
Piensa que estás en sus manos,
tanto más fuertemente cogido,
cuanto más decaído y triste te encuentres.
Vive feliz. Te lo suplico.
Vive en paz.
Que nada te altere.
Que nada sea capaz de quitarte tu paz.
Ni la fatiga psíquica. Ni tus fallos morales.
Haz que brote, y conserva siempre sobre tu rostro
una dulce sonrisa, reflejo de que el Señor continuamente te dirige.
Y en el fondo de tu alma coloca, antes que nada,
como fuente de energía y criterio de verdad,
todo aquello que te llene de la paz de Dios.
Recuerda: cuanto te reprima e inquiete es falso.
Te lo aseguro en nombre de las leyes de la vida
y de las promesas de Dios.
Por eso, cuando te sientas apesadumbrado,
triste, adora y confía...

P. Teilhard de Chardin

El «ser» humano,

la frontera que no puede superar la biogenética

¿Cuál es la línea que no puede cruzar la investigación científica sobre el ser humano? «La frontera es "el ser", la esencia del hombre. ¡No se puede menoscabar el ser! Ante todo, que se respete el ser del hijo, el ser del padre y la madre», responde el obispo Elio Sgreccia, vicepresidente de la Academia Pontificia para la Vida.

El prelado ha afrontado en un artículo publicado por la agencia vaticana «Fides» en respuesta a los interrogantes planteados por el doctor Edmund Pellegrino, ex presidente de las Universidades Católicas estadounidenses, en un programa televisivo transmitido en Italia.

«¿Nos dominará una nueva raza humana construida en laboratorio? ¿Quién será mañana padre y madre? ¿Yo? ¿Tú? Y mañana, ¿de quienes seremos hijos?», se preguntaba el doctor.

Monseñor Sgreccia recuerda que «la llegada de la era del neolítico en la historia de la humanidad sacó al hombre de las cavernas y lo lanzó a la conquista de la tierra; el hombre se convirtió en pastor y campesino, aprendió a trabajar los metales y a construir ciudades, inventó la rueda y dio principio a la agilización del movimiento y del tiempo; expandió el comercio por tierra y mar empleando la moneda; hizo florecer las grandes civilizaciones en Oriente, Asia y en América Latina».

«Después de la era agrícola llegó la industrial que permitió al hombre un ulterior dominio sobre la naturaleza cósmica con la invención de la máquina, a partir del motor de vapor hasta el avión supersónico —sigue recordando el prelado—. Las ciudades, antes pobladas de campesinos, se rodearon de edificios industriales.»

«En la cumbre de esta era se descubrió la energía nuclear y el hombre se adueñó de esta nueva energía innata en las arcas de la materia» —sigue explicando.

«Ahora ha iniciado, con las tecnologías biológicas, el dominio del hombre sobre la vida, sobre sus secretos, sobre sus orígenes, incluso allí donde la vida de un nuevo ser humano inicia su recorrido orgánico con la concepción, en el encuentro de amor entre el padre y la madre», considera.

«¿Cuál es la frontera para que el hombre continúe siendo humano y el principio de humanidad permanezca íntegro, antes bien sea promovido por todos?», se pregunta.

«La frontera es "el ser" —responde—, la esencia del hombre. ¡Que no se quiera menoscabar el ser! Ante todo, que se respete el ser del hijo, el ser del padre y la madre.»

«La amenaza existe y corresponde a nuestra época indicar el peligro y evitarlo. Ser hijo significa ser un regalo del amor de Dios a través del don del amor de los padres. La generación de un hijo implica, para que sea realmente humana, que el esposo se haga padre a través del don personal del propio amor conyugal a la esposa y que la esposa se convierta en madre por el don de sí y del propio amor al esposo.»

«En esta conjunción la vida se une en el amor y el don de Dios se hace visible en la criatura humana», como ha recordado recientemente el Santo Padre en su discurso a la Academia Pontificia para la Vida del 21 de febrero de 2004.

«La intervención sustitutiva de la tecnología reproductiva constituye una amenaza para el ser de la criatura y, en palabras de un filósofo, es por tanto un acto "descreatural".»

«La libertad humana —concluye— al no ser responsable con el ser se convierte en rebelión y manifestación de prepotencia. Hay que indicar a la era biotecnológica el horizonte del respeto ético de la naturaleza y del ser, hay que recordar el objetivo de la ciencia y la técnica que es ser soporte y ayuda para el ser humano en cada hombre y en todos los hombres.»

Encuentro fraterno con motivo de la

Clausura del 750 aniversario de la muerte de Santa Clara

Los hijos de Francisco y Clara de Asís hemos ahondado y reflexionado en este año sobre nuestras raíces, en particular las Hermanas Pobres en el 750 aniversario de la aprobación de la Regla, nos hemos mirado en el espejo de la Forma de Vida por nuestra Madre Santa Clara. Varias celebraciones en nuestros monasterios han ido enmarcando el evento de la muerte de la Plantita de Francisco.

Con motivo de clausurar estas efemérides, los Hermanos y Hermanas de la Provincia y Federación de Valencia, Aragón y Baleares, hemos tenido sendas celebraciones, una en Zaragoza y la otra en Valencia. Es por lo que el P. José Gabriel Francés me ha sugerido escriba estas letras para la revista Hermano Francisco.

21

Al finalizar el Cursillo Federal sobre el estudio y reflexión de las Cartas de Clara, dirigido por el P. Francisco Pérez Hermoso, Asistente de nuestra Federación, el día 11 de junio pasado se invitó a los Hermanos Franciscanos de Aragón para tener una jornada conjunta. Comenzó con
una ponencia magistral a cargo de Mons. Jesús Sanz Montes, Obispo de Huesca y hermano nuestro franciscano, especialista en temas clarianos, sobre los «Núcleos de la espiritualidad de Clara de Asís». Después de un coloquio fraterno sobre el tema, siguió la celebración de la Eucaristía, concelebrando con Mons. Jesús Sanz nuestro recién consagrado Obispo Juan Oliver, que con gran cariño nos quiso acompañar en ese día, y los demás hermanos que asistieron, entre ellos el nuevo Ministro Provincial. A continuación todos compartimos un ágape familiar y gozosamente franciscano.

El 27 de julio el encuentro clariano-franciscano se tuvo en Valencia, en el marco incomparable del monasterio de la Santísima Trinidad. Fue presidido por el P. Provincial, José Antonio Jordá; nuestra M. Presidenta, sor Clara Mascaró, y el P. Asistente de nuestra Federación, que se esmeró en preparar todos los detalles de la celebración.

Después de ser recibidos con alegría y gran cariño por las hermanas del monasterio, se inició el encuentro profundizando en las bases teológicas de nuestra Forma de Vida, la Regla de santa Clara que el buen hermano Sebastián López expuso con la claridad y radicalidad que le caracteriza.

Al finalizar la mañana nos dirigimos al templo en una organizada e impresionante procesión por el maravilloso claustro gótico del monasterio, portando las Hermanas Júnioras de Gandía y Postulante de Canals la Imagen y reliquia de santa Clara. Verdaderamente allí se sentía la presencia de Francisco y Clara entre sus hijos. Se hacía patente la reciprocidad y complementariedad de los hermanos y las hermanas. En este emocionante y evocador peregrinaje entramos en la iglesia para la celebración de la Eucaristía, introducidas con los cantos y moniciones preparados con esmero.

La relación y ayuda recíproca entre los hermanos y hermanas enriquece nuestra identidad carismática, en una ferviente y sincera búsqueda en común de Aquel que está en el origen de nuestra aventura evangélica. Algo así vino a decirnos el Ministro Provincial en su cordial y elocuente homilía, siguiendo el pensamiento del ex Ministro General, fray Giacomo Bini, OFM, en su carta «Clara de Asís, un canto a la alabanza».

22

Después de la santa Misa, una comida fraterna preparada con cariño y esmero junto con un rato de intercambio saturado de alegría franciscana, dio fin a este especial encuentro.

Para terminar quisiera hacerlo con un mensaje que a mi modo de ver nos da Clara al clausurar el 750 aniversario de su muerte: Caminar confiada y alegremente en presencia de esta escolta divina, Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es la «buena escolta» a la que Clara se abandona para el viaje eterno. Con esta compañía podemos avanzar con un corazón entregado radicalmente a Aquel que se da sin medida y se hace camino para que nosotros le sigamos: Jesús pobre y humilde. No en vano se tuvo este encuentro en el monasterio de la Santísima Trinidad.

Sor. M." Cruz Bravo, OSC

Fr. José Mifsud Fons, ofm. In memoriam

Fr.José Mifsud FonsEl martes 17 de septiembre, de un modo inesperado, la hermana muerte visitó a nuestro hermano Fr. José Mifsud Fons, morador del colegio La Concepción, de Ontinyent (Valencia), lugar en el que residía desde hacía 32 años.

Recién ordenado sacerdote fue enviado a este colegio donde permaneció el resto de su vida. En el colegio llevó a cabo su labor educativa como profesor y educador del internado durante 30 años. Ha sido un religioso apreciado y recordado por sus alumnos. En el convento ocupó el cargo de vicario de la comunidad por espacio de 12 años.

Durante más de 20 años se le confió la responsabilidad de llevar la iglesia de San Francisco, iglesia de nuestro antiguo convento franciscano; con su gestión consiguió abundantes frutos espirituales y pastorales y también una reforma en lo material devolviéndole el esplendor que le corresponde.

Ha sido un franciscano cercano a la gente del pueblo. Allá donde fuera no pasaba desapercibido, a todos conocía, a todos saludaba, con todos tenía algo de qué hablar. Era considerado como un hijo más de su querido Ontinyent. Se hacía presente en todos los acontecimientos sociales y religiosos de la localidad. Su gran devoción fue la Purísima, Patrona de Ontinyent; era miembro de la Asociación de Fiestas de la Purísima y cada año contagiaba a la gente su alegría y devoción con sus palabras siendo mantenedor en la ofrenda de flores que las distintas instituciones y
asociaciones hacen a la Purísima.

Fr. José Mifsud Fons nació en Tavernes de la Valldigna (Valencia) el 16 de junio de 1940; después de algún tiempo de prueba ingresó en la Orden Franciscana y en 1972 emitió la profesión solemne y fue ordenado sacerdote.

Que el Señor, dueño de la vida, lo acoja en su seno y le haga disfrutar de la vida eterna.

Fr. Fernando Fuertes, ofm

Fr. Ricardo Olmo Morales, ofm. In memoriam

Fr. Ricardo Olmo MoralesFalleció el 22 de agosto de 2004 en Onteniente (Valencia) a los 75 años.

Hoy mismo, el salmo que nos propone el tema de las lecturas eucarísticas del día proclamaba que sólo en Dios está nuestro descanso, y que de él viene, por eso mismo, nuestra esperanza, una esperanza firme que nos impide vacilar.

El descanso es esa sensación de alivio que premiaba los esfuerzos del camino al peregrino que, entre sudores, alcanzaba por fin las puertas del templo, envuelto ya, como por una brisa fresca, por la presencia gratificante de Dios. Descanso con que regala a los suyos, es el abrazo con que Dios, siempre imprevisible, ha recogido el envoltorio dorado de toda una vida dedicada a Él, cuando menos lo esperábamos, saliéndole de pronto al camino a nuestro hermano y amigo.

¿Cuántas veces no habrá comentado Ricardo, ante los fieles, con la sabia aspereza de su voz, la urgencia con que Jesús nos insta a vigilar siempre expectantes? Él, a no dudarlo, tenía a punto, ante la avisada aparición definitiva de Dios en nuestra vida, la tranquila disponibilidad de su aceite castellano. Días antes, de algún modo, ya había rozado Dios su puerta, cuando cortaba para sí, igualmente instantáneo, la rama cercana del compañero de fraternidad.

Murió en el mismo ámbito franciscano donde, joven aún, Jesús le hizo nacer para él susurrándole, un día, al oído, que había que desprenderse de todo afecto que no fueran los de su preferencia, para partir sin tardanza en su busca, limpio de polvo y paja.

Se preparó a conciencia para cursar el proyecto de su propia vida religiosa. Y completó su vocación con la dedicación especializada a la enseñanza de jóvenes y niños. La filosofía fue la mesa donde puso en juego todas las fichas de su arte de hacer pensar.

Ha sido Dios quien le ha jubilado, ya del todo, con la misma urgencia con que Dios empuja
siempre a los suyos a radicalizar su dedicación a él.

Está en buenas manos. Siempre lo estuvo. Las nuestras ahora son las que se juntan para pedir
por él, y a él por nosotros, ya muchos en la fila dudosa de los que esperan.

Fr. Ángel Martín, ofm

Convivencia en Asís 2004

Por segundo año consecutivo una de las actividades que se organizan desde la Comisión de Pastoral Juvenil y Vocacional ha sido la Convivencia en Asís.

Este año hemos sido un grupo de 24 personas los que hemos viajado hasta la patria de Francisco y Clara, del 23 al 30 de agosto, para realizar una experiencia que seguro no olvidaremos jamás.

San Damián

En la capilla de San Damián

Todo en esta experiencia busca tener como referente la experiencia evangélica de Francisco y Clara. Por ello buscamos un medio de transporte que, aunque pueda resultar un tanto Incómodo, es el habitualmente utilizado por las personas con menos recursos: el autobús. Es verdad que es una paliza de 24 horas aproximadamente el ir desde Valencia hasta Asís, pero también es una forma de comenzar la experiencia compartiendo la incomodidad y la estrechez y, la verdad, tiene sus frutos positivos: subimos siendo unos perfectos desconocidos y bajamos conociéndonos unos a otros.

La estancia en Asís pretende fomentar en el grupo actitudes esenciales en el carisma franciscano. Por ello el día se Iniciaba con la oración de la mañana, un momento sosegado de encuentro con el Señor que marca nuestra jornada. Después de desayunar comenzamos el trabajo doméstico distribuido en tres grupos: cocina (preparación de las comidas), comedor (poner y quitar la mesa y fregar) y limpieza de la casa. Como buenos hermanos que quieren conocer a Francisco, el trabajo manual y comunitario es un medio para sentirnos hermanos.

Después del trabajo, los días que hemos estado en el mismo Asís, hemos tenido un tiempo de reflexión en torno a un tema. La tarde la hemos dedicado a las visitas: la Porciúncula, San Francisco, Santa Clara, San Damián, las Cárceles...

Santa María de los Ángeles

En Santa María de los Ángeles

Tres días de nuestra estancia los hemos dedicado a recorrer lugares franciscanos fuera de Asís: el Valle de Rieti (Fonte Colombo, Greccio y la Foresta), la Verna y las Cárceles. Estas salidas han servido para admirar la belleza de los parajes, para retirarnos por el bosque y orar y, sobre todo, para celebrar la fe común en los mismos lugares en que Francisco se retiraba. En estas salidas hemos visto conventitos pobres y sencillos que aún conservan muy vivo el rescoldo de la espiritualidad minorítica del Pobrecillo, y, sobre todo, hermanos y hermanas que mantienen el recuerdo vivo de Francisco.

Llama la atención en estos lugares como, después de ocho siglos, siguen afluyendo ríos de
gentes para visitar los lugares franciscanos. Pero sobre todo llama la atención cómo se hacen esas visitas: no suelen ser ruidosas o simplemente turísticas, sino más bien pausadas y contemplativas, buscando encontrarse con el mismo Cristo Jesús con el que Francisco se encontraba. Sin duda son lugares que invitan a ello y los participantes en la convivencia han tenido ocasión de hacerlo.

Por último quisiera destacar la celebración de la Eucaristía que cada día teníamos al caer la tarde. Han sido momentos intensos y hermosos de acción de gracias acompañados por el canto y por la oración, a veces en una capilla del bosque, como en las Cárceles; a veces en los mismos santuarios, como en la Verna, o simplemente en la capilla de la casa que habitábamos, por cierto detrás mismo de la Porciúncula.

En el convento de las Cárceles

Eucaristía en el convento de las cárceles

Es una experiencia que nos obliga a plantearnos los criterios de nuestra vida: en la sencillez, en la fraternidad, en la minoridad vividas desde el amor a Dios, lo demás deja de ser demasiado importante. Sólo Dios basta.

Fr. Fernando Hueso Iranzo, ofm