El arte musical en la Provincia Franciscana de Valencia, desde la restauración hasta nuestros días (1878-1928)
P. Octavio Bravo. Del Bazar Giner, sito en la calle de Zaragoza, Valencia, pasó a nuestro Colegio Seráfico de Benisa, en calidad de Colegial. Allí estudió solfeo con el P. Anselmo Martí, y luego con el mismo maestro y con el P. Severino González aprendió el conocimiento y manejo del contrabajo. Juntamente con el P. Zacarías Ivars, el Padre Berenguer, todos estudiantes coristas, y del Maestro Soler, estrenó el cuarteto de cuerda que escribió el P. Guastavino, titulado S. Buenaventura de Bagnorea. Actualmente dirige los coros de niños en el Colegio de la Concepción (Onteniente). Nació en Villar del Arzobispo, año 1888.
P. Alfonso Cervera. Sus dos grandes habilidades eran la caligrafía y la música. Hacía de la pluma cuanto quería, por lo que alcanzó renombre de calígrafo. Por sí mismo estudió el órgano, con la única intención de satisfacer la necesidad artística de su espíritu, y llegó a dominarlo regularmente. Tenía un gusto tan exquisito y refinado que le molestaba mucho el que se cantase o se ejecutasen obras sin que se dominasen bien. Alma inocente y de contextura infantil, pasó a mejor vida en el Colegio de la Concepción, el día de jueves Santo de 1926. Había nacido en Chiva el año 1894 y era hermano del Padre Bernardino Cervera, Profesor de Dibujo en el Colegio de la Concepción (Onteniente).
P. Prudencio Cerdá. Fue uno de los primeros organistas que tuvo la Provincia en su restauración, juntamente con los Padres Guastavino, Palau y Anselmo Martí. Moró en varios conventos en calidad de organista y falleció en Cocentaina por el año 1902. Dejó fama de austero y resignado a la voluntad divina.
P. José Cebolla. Tenor de una extensión muy notable, hubiera sido famoso cantante de no haberse encerrado en el claustro y consagrado a Dios. Hizo las delicias de los concurrentes a las veladas literario-musicales que con frecuencia se daban en el Colegio de la Inmaculada Concepción de Onteniente, durante
los muchos años que estuvo allí de profesor. Fue discípulo predilecto del Maestro D. Manuel Ferrando, quien le consagró largas horas para enseñarle todos los perfiles del arte de cantar. Interpreta con sin igual maestría las composiciones sagradas y las profanas. Nació en Sueca el año 1874 e ingresó en la Orden el de 1891.
Hno. Manuel Ferrando, terciario. En el Colegio de la Concepción (Onteniente) falleció D. Manuel Ferrando González el año 1908. Había nacido en Cocentaina el año 1840. Fue dos veces casado, una con Dª Milagro Ruesques, y otra con Dª Elisa Reig. Tuvo varios hijos, y uno de ellos fue, como su padre, notable músico.
Viudo por segunda vez se retiró a nuestro Colegio de Onteniente en donde moró hasta su muerte. Era bonísimo de corazón, pero con algunas rarezas de carácter que solían ser momentáneas. En el Colegio era Organista, Profesor de piano y de solfeo. Fueron. discípulos suyos los Padres Joaquín Abad, José Cebolla, Enrique Reig, Domingo García, Gonzalo Valls, Manuel Alemany y otros.
En sus buenos tiempos fue Director de diferentes bandas de Música y también de un teatro en Barcelona. Luego desempeñó el cargo de organista en Denia y en la Parroquia de San Lorenzo de Valencia (hoy iglesia de los Padres Franciscanos), cargo a que renunció para retirarse a nuestro Colegio de Onteniente. Dejó impresas y manuscritas muchas composiciones, entre las que merecen especial recuerdo su Misa de Requiem, su motete Dulciter, el motete de semana santa Plorans Ploravit y otros, juntamente con numerosos trisagios al Santísimo y a la Virgen, Flores de Mayo. Para los alumnos del Colegio escribió una linda Barcarola que se cantó varios años en el salón de actos. Su estilo es el de la época; pero tienen mucha unción religiosa y una técnica escrupulosa. Contribuyó mucho a despertar las inclinaciones musicales de los religiosos de nuestra Provincia, a los que profesaba un cariño paternal.
Actualmente es terciario franciscano y músico de nota y fama don Francisco Capó, natural de Benisa.
P. Guastavino (Antonio)
He aquí el juicio que sobre este artista emitió el Diario de Valencia a raíz de su muerte, acaecida en el convento franciscano de Segorbe, el día 8 de febrero de 1919. «El arte musical y la benemérita Orden Franciscana están de luto. El sábado último falleció el reverendo P. Antonio Guastavino y Moreno eminente organista, compositor inspiradísimo y autor de celebradas obras musicales.
El P. Guastavino había nacido en la calle de la Puñalería de esta ciudad el día 27 de enero de 1837, y bautizado en la Parroquia de San Pedro de la Metropolitana. Fueron sus padres modestos artesanos, pero de firmísimas creencias religiosas en las cuales educaron al futuro compositor. Empezó sus estudios musicales bajo la dirección del eminente Maestro D. Pascual Pérez y Gascón, el cual le preparó para tomar parte en las oposiciones a infantillo del Real Colegio de Corpus Christi, plaza que ganó a los ocho años y desempeñó hasta los 14. A los 20 años pasó a Madrid a perfeccionar sus estudios y en aquel Conservatorio de Música estudió Armonía y composición con notable aprovechamiento.
En esta época demostró raras aptitudes para el violoncelo, y tocando este instrumento formó parte de diversas orquestas de Madrid y de Valencia. Al poco tiempo ya ordenado de Sacerdote marchó a las Antillas para ocupar la plaza de organista de la Catedral de Santiago de Cuba, hasta que más tarde y tras reñida oposición obtuvo la de Maestro de Capilla de la misma iglesia, en el archivo de la cual, dejó sentir su paso, pues lo ordenó, lo proveyó de obras de grandísimo mérito y lo enriqueció con innumerables producciones suyas. En dicho cargo permaneció hasta que por el cisma del Canónigo don Pedro Llorente y Miquel, abandonó la isla. De esta época dimana la íntima amistad que le unía con el eminentísimo Cardenal Sancha, y con el después Obispo de Almería señor Orberá ambos víctimas del gobierno republicano que entonces imperaba en España.
De Cuba pasó el P. Guastavino a Roma y Milán; en esta última ciudad hizo oposiciones a una plaza de profesor en aquel famoso Conservatorio, y la hubiera seguramente obtenido, a no exigirse como requisito indispensable el ser milanés. De Italia regresó a Valencia para entrar en la Orden Franciscana, en la que ingresó como novicio en el conventito de Sanct¡Spiritus del Monte el día 16 de julio de 1890, y allí permaneció hasta su profesión que fue en 17 de julio del siguiente año. En este convento compuso su inspirado himno «A la lid», letra del P. Sala. De aquí pasó a explicar francés a los Colegios de Cocentaina y Onteniente. Más tarde volvió a Sanct¡Spiritus donde pasó 12 años, de allí pasó a Benisa y luego a Segorbe, donde ha terminado su dilatada y provechosa vida.
No tenemos, n¡lo hay un catálogo de sus obras musicales; sólo puede decirse que además de las citadas escribió un Tedeum, un Magnificat, varias misas, algunas de Requiem; diferentes himnos, entre ellos, uno a la Virgen a ocho voces y orquesta, una Sequentia inspiradísima de la misa de San Francisco e infinidad de motetes, trisagios, villancicos, flores de mayo y la música para una zarzuela infantil, letra del P. Francisco Jordá, titulada «Éxtasis de San Bonaventura» ( Diario de Valencia. 13-11-1919.)
El Padre Guastavino fue un músico cabal, porque la naturaleza y el estudio lo completaron. Sólo se notan en él los defectos de la época en lo referente a la música religiosa, como se notan en Giner y en todos sus contemporáneos. Por su edad avanzada pues no pudo ya influir en él la reforma fomentada por Pío X, que tanta gloria está dando al arte musical religioso en nuestros días.
Escribió numerosísimas composiciones mostrándose en toda ocasión no sólo conocedor de un arte, sino inspiradísimo artista. Queremos nombrar aquí sus villancicos: Ya es cordero y no es león, Mirad qué hermoso es, Vamos, vamos pastores del monte; su orfeón Pols t'has de fer; su Himno al Dr. Sutil y Mariano Juan Duns Escoto; su Cuarteto de cuerda, San Buenaventura de Bagnorea, y una misa que compuso en sus ultimos años a petición de la Banda de música de Beniarrés, que debe ser la única entidad que la posee.
En nuestra Provincia ejerció el cargo de organista en los conventos donde residía, fue uno de los primeros profesores de francés que tuvo el Colegio de la Concepción de Onteniente, e influyó sobremanera en la restauración artístico-musical que tan buenos frutos está dando en nuestros días.
En los últimos años de su vida se ocupaba cas¡únicamente de enriquecer su alma en virtudes, dando ejemplo en todo a la Comunidad a que pertenecía.
Su muerte fue sentidísima, pues le amaban cuantos le conocían. He aquí el Acta de defunción tal como se halla registrada en el archivo de nuestro convento de Segorbe; «El día 8 de febrero del año del Señor mil novecientos diez y nueve a las seis de la mañana falleció en este Convento de San Francisco de Segorbe, de senectud, el R. P. Fr. Antonio Guastavino Moreno, de 82 años de edad...
Recibía cas¡todos los días la Sagrada Comunión, y con grande edificación los ultimos Sacramentos.
Se le hicieron las exequias según nuestro ritual, pero solemnísimas, por tomar parte en ellas la Capilla de esta Santa Iglesia Catedral en obsequio del finado. Su cadáver fue enterrado en el cementerio general y colocado en el nicho número 68, debido a la generosidad de don Saturnino Guillem Palomar, entonces alcalde constitucional de esta Ciudad».
