La mística antoniana
Del encendido corazón de San Francisco saltó una chispa que fue a caer en el pecho de San Antonio, trocándolo en un perpetuo volcán de amor. El del Padre se trasfundió al alma del hijo predilecto, y éste, con afecto filial, lo propagó luego generosamente por toda la Cristiandad con obras y con palabras, y después, mirando a las generaciones futuras, lo encerró en sus áureos libros, llamados Sermones Dominicales y Sermones in Solemnitatibus Sanctorum, a los que hay que añadir los Sermones in Psalmos, de cuya autenticidad dudan algunos autores.
![]() |
P Juan Bta Gomis |
San Antonio estudió en el monasterio de Santa Cruz de Coimbra, Portugal, que a la sazón gozaba de renombre merecido como centro en donde se cultivaban intensamente los estudios. Que su aplicación y aprovechamiento fueron notables también nos consta, y de ahí que al ingresar en la Orden Franciscana fue un vaso de elección dispuesto para recibir, retener y fomentar el espíritu seráfico del Santo Fundador, que con tanta afluencia se había desbordado sobre todas sus instituciones.
De donde resulta que la espiritualidad de San Antonio es genuinamente franciscana; es la espiritualidad de San Francisco, italiano, injertada en un pecho español, en Antonio, y dando de sí ópimos frutos de sabor característico. Bien puede San Antonio ser comparado a la nube ligera que va recorriendo la bóveda celestial y deja caer copiosa lluvia sobre los campos secos, infundiéndoles de nuevo vida y renovación: la vida cristiana rejuvenecida en San Francisco. Antonio, mensajero suyo, recorrió, evangelizando el bien y la paz, las extensas regiones de Italia y de Francia, obrando en todas partes tantos y tan numerosos prodigios, que con justicia le llamaron Taumaturgo sus contemporáneos, título glorioso que le ha confirmado la posteridad.
San Antonio, como San Francisco, fue varón de vida mística, reflejada en sus obras y en su amor al retiro, no obstante ser uno de los hombres que desarrolló mayor actividad con haber contado tan pocos abriles. Esto fue obstáculo no pequeño para que su pluma corriese tanto como nosotros hubiéramos deseado; no obstante corrió lo suficiente para que pudiésemos conocer con claridad las ideas capitales que alumbraban su mente poderosa y los afectos inflamados que bullían en su corazón. Lo uno y lo otro se halla en sus escritos, fuente abundosa de sabiduría mística.
Tomando ocasión de la necesidad de instruir al pueblo en la ciencia del espíritu, San Antonio insinúa unas veces las cuestiones y otras las expone con amplitud relativa. Sus enseñanzas giran alrededor de las dos vías, activa y contemplativa, prefiriendo la segunda. Vita activa tamquam pars inferior debet servire contemplationi, quoniam pars inferior non est nis¡propter pastem superiorem.
En esta doble vía hay tres grados principales: "Nota quod in triplic¡solemnitate triplex notatur status, scilicet incipientium, proficientium et perfectorum", es decir, que hay principiantes, perfectivos y perfectos. La perfección cristiana radica esencialmente en la caridad, que tiene un objeto doble: Dios y el prójimo. Dilectionis De¡et proximi; quae duo perfectum quemlibet faciunt.
El Espíritu, por su don de sabiduría, es la causa de la contemplación, quae est in fruitione divina: que consiste en la divina fruición.
Recordando a Hugo de J. Víctor nos enseña que hay dos especies de dulzura en la contemplación, una que se experimenta en la mente y otra en el afecto. Ista fit in mentís, elevatione, alia in mentís alienatione. La enajenación mental es un efecto maravilloso de la operación divina, divinae operationis.
Precursor de San Juan de la Cruz, Doctor Místico por excelencia, nos habla de la purgación pasiva, aunque no con la amplitud y método que lo hizo después con tanto magisterio el doctor Carmelitano, gloria de nuestra raza.
Una nota peculiar de la mística antoniana, aprendida en la escuela de San Francisco, es la que considera la virtud de la pobreza como dispositiva e indispensable para la vida contemplativa: Desestum enim exterioris paupertatis facit delicias internae suavitatis.
Con esto quedan enumerados algunos de los rasgos más característicos de la mística de San Antonio, que revisten singular interés por ser el primero entre los doctores franciscanos, el que bebió la sabiduría espiritual de labios mismos de San Francisco y el que ha ejercido continuo magisterio en la Cristiandad por medio de sus hermanos menores, que viven y vivirán hasta el fin de los tiempos.
San Antonio vigilante
La abuelita Rosa había puesto toda su confianza en el Santo de los milagros. En un hermoso cuadro le prestaba su veneración, y allí lo tenía en el zaguán de su casa para rezarle sus devociones, y, sobre todo, para que guardara su casa de todo mal, de peligros y ladrones, como le recomendaba ella todas las noches al entregarle la llave.
Pues esto es lo que hacía ella. Todas las noches cerraba la puerta y luego le entregaba la llave a San Antonio colgándola a los pies del cuadro, y entonces le decía eso: que guardara la casa de todo mal, de peligros y ladrones. Sobre todo de ladrones, que "es lo que a ella mayor espanto le daba. No porque abundara en riqueza, sino por el miedo, y porque para el pobre lo poco siempre es mucho...
La casa, pues, de la abuelita Rosa no tenía dinero, más que el poco caudal del mísero comercio al detalle que entre ella y el marido ejercían, a más del triste jornal de un hijo pequeño que comenzaba a trabajar de una fábrica.
Alguien creyó que estarían allí los tesoros de Creso, puesto que la mísera tienda de la abuelita Rosa vino a ser el blanco de un asalto nocturno.
La puerta había sido cerrada con llave, como de costumbre, y colgada debajo del cuadro de San Antonio, donde parecía repetirle toda la noche al Santo la plegaria de su devota: que la librara del mal, de peligros y de ladrones.
Y los ladrones entraron. No por la puerta, que no pudieron forzar, sino por una ventanilla, que afianzada por una verja de hierro se abría en el muro del vestíbulo y daba al interior, recayendo sobre el brocal del pozo.
Los cacos lo tenían bien previsto, y haciendo saltar la reja, penetraron en la casa. Una inmensa oscuridad lo invadía todo. Los ladrones, para orientarse y maniobrar, llevaban una caja de cerillas. Comenzaron a encenderlas, y allí les esperaba el vigilante de la abuelita Rosa. Cerilla que se encendía, un soplo misterioso la apagaba; y una y otra y otra las iban encendiendo, y el soplo" misterioso las iba apagando...
Un extraño terror se apoderó de los ladrones aquel misterioso soplar de un ser invisible les hacía temblar de miedo, y llenos de espanto se dijeron:
— Aquí hay algún duende o algún fantasma invisible. S¡alguien se presentara, lo mataríamos; pero luchar con las sombras...
—Yo me marcho...
—Y yo...
—Y yo —fueron diciendo los demás.
Y palpando la puerta, ya avezados a maniobrar, supieron abrirla, y escaparon como perseguidos por un fantasma invisible que les forzaba a correr.
A la mañana siguiente, antes de amanecer, se levantó el padre para despertar al chico que debía ir a la fábrica.
Cuando llegaron a la puerta quedaron sorprendidos de verla abierta y no sospecharon cosa buena.
Comenzaron a registrar y vieron el ventanico abierto y arrancada la reja.
No cabía duda, habían entrado ladrones. A todo esto la abuelita Rosa ya se había juntado a ellos llevando en la mano el candil encendido. Vieron entonces esparcidas por el suelo una multitud de cerillas que habían sido encendidas sin arder. Registraron el cajón de la tienda y no faltaba n¡un céntimo; miraron toda la casa y nada había faltado. Vio entonces la abuelita Rosa la imagen de San Antonio y parece que le sonreía. No cabía duda, los ladrones habían entrado, pero el santo vigilante les había apagado la luz; allí estaba aquella multitud de cerillas que daban testimonio de ello.
San Antonio de Padua
en la devoción popular manifestada por las asociaciones y practicas devotas
El Cristianismo, centro de todos los vínculos y relaciones que él mismo ha creado en la esencia, vida y costumbres del hombre, circunda, a manera de un halo inmenso, ese templo grandioso, inconmovible e imperecedero de la Iglesia de Cristo. Y de Cristo, «Sol de Justicia», recibe su formación impoluta, brillante y esplendorosa esa aureola con que en todo tiempo está coronada la Esposa inmaculada del Divino Cordero. Y los brillantes y preciosas piedras que avaloran ese halo o corona se diría que son los santos, que con su vida y sus obras la dan sumo esplendor y valía. Uno de tantos brillantes y de muy subido valor, uno de tantos soles y de los más esplendorosos, nadie desconoce que es nuestro gran Taumaturgo San Antonio de Padua.
![]() |
P. Juan de Dios Sala |
Y a la verdad, ¿quién no sabe que nuestro Santo, que lo es de todo el mundo, como le apellidó León XIII, fue un verdadero apóstol del siglo decimotercero, regenerando aquella sociedad de hierro, de confusión, de desorden, de inmoralidad? Y es que su palabra, cual faro luminoso, a la vez que esclarecía la mente y desvanecía las nubes del error en las inteligencias, encendía el fuego del amor de Dios y de la caridad fraterna en el pecho de los hombres.
Y en nuestros días, ¿quién no ve de una manera palmaria la actuación beneficiosa en extremo del gran Paduano en todos los pueblos, por la devoción sincera y cordial de la mayor parte de los individuos de uno y otro sexo? De todos es conocido el influjo poderoso que ejerce el Santo Paduano en todos los órdenes y estados de la sociedad, y sus devotos, que pululan por todas partes, como son incontables las arenas del mar y las estrellas del firmamento, así pudiéramos decir también de las innumerables gracias y favores que reciben de las larguezas de nuestro Santo, con mucha razón llamado el santo milagrero. Ved ahí la causa, el origen, a todas luces justificado, de la devoción sincera y bien cimentada que al más popular entre todos los santos todo el mundo profesa.
Numerosos son los medios de que se valen sus más sinceros y fervientes devotos para extender y acrecer cada día el amor y devoción al glorioso y santo fraile lisbonense. Los más principales son: Las asociaciones y prácticas devotas, de fama mundial. Entre las primeras están extendidas por todo el orbe cristiano La Pía Unión y su hermana gemela El Pan de los Pobres, llamado también de San Antonio. Miles de millares son ya los socios inscritos a la primera, instituida en Roma en 1894, y poco después enriquecida con indulgencias por la Santa Sede.
El fin principal de la Pía Unión es excitar a fomentar la devoción al Santo Taumaturgo, dar gracias a la Santísima Trinidad por los extraordinarios privilegios que le ha sido concedido e impetrar por su intercesión del supremo Dador de todo bien las cosas necesarias al alma y al cuerpo. Y en este fin primordial tiene su fundamento otro secundario, que consiste en sostener y fomentar con oraciones y limosnas El Pan de San Antonio, copioso y ópimo fruto que la caridad antoniana va robusteciendo y sazonando más y más cada día. Fruto, sí, de muchos sudores, de muchas lágrimas, de muchos temores y de muchas esperanzas. El Pan de San Antonio: corona de muchas piedras preciosas, piedras de mucho valor, oro de muchos quilates porque es oro de caridad.
El lirio blanco, símbolo de la pureza, que San Antonio ostenta en su mano, ha dado origen a esa otra piadosa, tierna y angelical asociación llamada de Los Lirios, como también a la altamente moralizadora para los jóvenes de ambos sexos de nuestra sociedad: La Juventud Antoniana. La pureza fue una de las virtudes en que más se distinguió nuestro Santo. Por lo mismo, a semejanza de la Virgen de las vírgenes, que es llamada flor de los campos» y «lirio de los valles», y del Patriarca San José, castísimo esposo de María Inmaculada, y del discípulo amado el evangelista San Juan, nuestro San Antonio, que como ellos tuvo ragaladas y bien distinguidas muestras de predilección y cariño del Cordero Inmaculado y del Divino Infante, debió ser por ello representado con los atributos que mejor simbolizan la inocencia y la pureza, como son: el Divino Niño y el ramo de lirios.
¿Qué mejor patrono, pues, para la juventud y la niñez que el Santo de los lirios y del Divino Niño en brazos? S¡Jesús tuvo tal predilección por los niños durante su vida mortal en Palestina, que se diría quiso ser coronado de esas flores primaverales de la vida humana, que son los inocentes y candorosos niños, por lo que dijo a sus apóstoles: «Dejad que los niños vengan a Mí», San Antonio de Padua, fiel imitador del Salvador, parece que está diciendo con esa simpática y atrayente actitud de su figura tierna y delicada: «¡Infancia y Juventud humanas de todos los tiempos y de todos los pueblos del orbe, venid a mis brazos!
En ellos tenéis la luz de vuestra mente, la vida de vuestro corazón y el camino que han de seguir vuestros pasos para llegar sin tropiezo al término feliz de vuestra peregrinación terrena.» Y este llamamiento de nuestro Santo en verdad que no es desoído por una pléyade inmensa de jóvenes puros y de niños inocentes que corren de todas las regiones del globo a cobijarse bajo las banderas de la pureza y del candor atrayente que, cual nimbo de gloria, de flores y luces, rodea al gran Paduano.
Réstanos, por fin, decir dos palabras acerca de las prácticas piadosas que tan extendidas están por toda la Cristiandad, y que realmente son la más evidente manifestación de la devoción fervorosa y sincera que todos los pueblos profesan a San Antonio.
Las hay de varias clases y de mayor o menor extensión en cuanto al número de preces de que constan; pero entre todas, la más generalizada hoy en día y más conocida y ejercitada por todo devoto antoniano, sobresale la devoción de Los trece Martes, la cual parece tener su origen en el primer martes después de la muerte del Santo Paduano, día en que fueron trasladados sus venerados y preciosos restos desde Arcela a Padua. Se principió por dedicarle una novena, o sea nueve martes consecutivos, en memoria de aquel suceso milagroso acaecido en 1617 a una mujer de la ciudad de Bolonia, que le pidió al Santo fruto de bendición, y él se le mostró en sueños y la dijo: «Visita nueve martes m¡imagen en la iglesia de san Francisco, recibe en ellos los Sacramentos y verás tu anhelo cumplido.»
Y así se realizó, que tuvo un hijo; pero tan deforme, que la devota mujer, contristada, recurrió de nuevo al Santo en demanda de que completase el beneficio, que tan maravillosamente había principiado a otorgarla. Y el Santo, accediendo a su petición de nuevo, hizo desaparecer toda la deformidad con que había nacido aquel niño, llenando de alegría a sus padres devotos y en extremo reconocidos al gran Paduano por la repetida gracia que les dispensaba. Y desde entonces la devoción antoniana principió a practicar Los trece Martes tal como hoy se ejercitan por todas partes, para recuerdo del día 13, festividad de San Antonio de Padua.
Esta devoción debe ser la panacea universal de todos nuestros males y desventuras. Debemos todos los devotos del Santo practicarlos todos los años, y en el actual, Centenario de su gloriosa muerte, debemos esforzarnos para que, por medio de nuestros fervorosos y reiterados ruegos a San Antonio, la devoción y amor de nuestros corazones hacia él se acreciente de día en día y vuelva a ser nuestra querida patria la "España ferviente y devota, la España gloriosa de los tiempos más pujantes bajo todos los aspectos de la vida social, artística y religiosa.
San Antonio de Padua en los pueblos de la región
Entre los numerosos proyectos que abrigaba y comenzó a desarrollar el P. Alventosa para el número de San Antonio, era la estadística de la devoción regional a San Antonio, comprendiendo sus iglesias, ermitas, altares, imágenes y devociones de cada pueblo de la región.
Para ello había coleccionado una serie de datos que la amabilidad de muchos reverendos curas y sacerdotes habían puesto a su disposición. Desgraciadamente, muchos de esos datos se han extraviado, siendo imposible dar realidad al proyecto.
Presentamos a continuación una carta de la referida colección de devociones populares en la que el señor Martínez, escribiendo al P. Alventosa, ofrece un modelo de esa devoción popular de la región al Santo de los milagros. Podemos afirmar que como en Altea es poco más o menos la devoción de los demás pueblos; sirva ella de modelo. Dice así:
R. P. Juan Alventosa
M¡muy simpático fray y amigo: Cumplimentando su deseo de que le dé alguna nota antoniana, con mucho gusto le envío estos renglones por s¡sirven a sus propósitos:
San Antonio de Padua en Altea
Grande es la devoción de los habitantes de la villa costeña al santo franciscano, lo que se demuestra con los actos de piedad y caritativos que vamos a enumerar, y muy especialmente en la fiesta cívico-religiosa que en la ermitita dedicada al santo en la partida de Cablanch se celebra el día propio, la que tenemos publicada en Coses de la meua terra. Segona Tanda, página 79, por lo que no nos ocuparemos de nuevo de ella, haciéndolo de los demás cultos que en la población se prestan.
En el moderno y soberbio templo parroquial, en la primer capillita que por el lado de la epístola flanquea la capilla mayor o presbiterio, hay un altar dedicado al Santo que lleva en brazos al Niño Jesús, como en todas las imágenes de nuestro Santo, muy rollizo ya las veces mofletudo, lo que da motivo a la popular frase castellana que dice: «San Antonio de Padua tiene un chiquito, que n¡come n¡bebe y está gordito.» Y a la valenciana que reza: "Sant Anton¡de Padua te un xiquet, que n¡menja n¡beu ¡está grosset".
Ostentan do en la otra mano la simbólica rama de
azucena. Escultura que regaló, así como el altar, de estilo Renacimiento, doña Teresa Ripoll (q. g. h.), y fue colocado todo en una capillita lateral de la hermosa capilla de la Comunión, a la vez del Santísimo Cristo del Sagrario, anterior a la conclusión de la espléndida iglesia parroquial, a cuya terminación fue trasladado todo el simulacro donde ahora se venera. En uno de los lados de la capilla se encuentra en la pared una arqueta de madera con el letrero superpuesto de «Pan de San Antonio», cuya recaudación sirve para dar a los pobres, todos los martes, tanto pan como permiten los fondos recogidos.
En dicho altar se celebran los trece martes, lo que consiste en misa rezada con acompañamiento de armonium, comunión general y los rezos propios del ejercicio; se costean estos cultos por trece familias. El día propio del Santo, o sea el 13 de Junio, misa cantada con sermón.
En la iglesia que fue de los PP. Franciscanos, hoy filial de la parroquia regentada por un coadjutor, la segunda capilla de la izquierda entrando, está dedicada a nuestro Santo, y en el altar se venera una su escultura, no muy artística por cierto, con el hábito azul, color del de los religiosos que había allí antes de la exclaustración; también hay en la dicha capilla un cepillo para el llamado Pan de San Antonio, y se practican los ejercicios de los trece martes.
En cuanto a mí atañe, he de manifestar que estoy en muy buenas relaciones con el simpático Santo de Padua, nuestros egoísmos marchan muy acordes; yo en cuanto me veo en algún apuro, por no tropezar prestamente con lo que busco, me dirijo al cepillo del Pan de San Antonio, aunque de pronto sólo sea mentalmente, pero con el firme propósito de acercarme en materia, y cátate el inmediato encuentro de la cosa perdida o traspapelada, que mucha desazón me había dado; en verdad que es muy "interesadico" el del niñito, el libro y la azucena, tanto como yo egoísta, pero ya digo nos entendemos bien y vamos tirando; por m¡parte por estos pequeños egoísmos soy muy su fervoroso y creo que él también me aprecia, lo noto con su comportamiento.
Sabe puede usted mandar a este su viejo amigo
Francisco Martínez
—

