Índice del número 152

Septiembre de 1933. Año 14. Director: Fr. Manuel Balaguer, ofm

El gran milagro

Corría el verano de 1224, y la salud de Francisco parecía haber mejorado notablemente. En el mes de Agosto dejó el Santo su querido valle de Rieti para trasladarse al monte Alvernia, en el Casentino, que en 1213 le regalara el generoso conde Orlando. Le acompañaban sus fieles amigos León, Ángel, Maseo e Iluminado, con quienes se proponía celebrar sobre dicho monte la fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María y prepararse con un ayuno de cuarenta días para la de San Miguel Arcángel; porque San Francisco, como todo sus contemporáneos y la Edad Media toda, tenía gran devoción al gonfaloniero de los ejércitos celestiales, Signifer Sanctus Michael que al son de sus trompetas hará surgir los muertos de sus tumbas en el día del juicio final.

Trepando la montaña, cuentan los compañeros, vieron llegar enorme bandada de pájaros que parecían saludarlos con cantos y batir de alas. Unos venían a posarse sobre la cabeza del santo. Maravillado Francisco por semejante festejo dijo a sus compañeros:

—Pienso que nuestro Señor quiere que nos quedemos en esta montaña.

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Cuando lo supo el conde Orlando, se alegró sobremanera y al día siguiente salió también de su castillo, y, llevando a San Francisco y a sus compañeros una buena cantidad de comida, le saludó con grande alegría y cariño. El Santo pidió al conde le hiciera construir una celdílla al pie de una haya, distante de las celdas de sus hermanos y compañeros. El lugar era propio para la oración. Ahí Francisco llorará y sufrirá por amor a Dios. Ahí pasará los mejores días de su vida. Y fue así que Francisco amaba aquella soledad que siempre ansiaba estar allí.

Pasaban los días y las noches, y pronto llegó la fiesta de la Exaltación de la Cruz. La Cruz y el Crucifijo han sido siempre para nuestro Santo objeto de profunda devoción. Meditaba sobre la Pasión del Señor. ¡Qué de lágrimas y de sufrimientos! Profundamente penetrado de estos sentimientos estaba Francisco de rodillas delante de su celda la mañana del 14 de Septiembre. No aclaraba aun y el Santo, con el rostro vuelto al oriente, los brazos extendidos y las manos levantadas oraba en esta forma:

—¡Oh, Señor mío Jesucristo! Te ruego que me concedas dos gracias antes que muera: la una que durante mi vida sienta yo en mi alma y en mi cuerpo en cuanto sea posible, los dolores de tu Pasión; la otra que sienta en mi corazón aquel excesivo amor con que Tú, Hijo de Dios, luiste llevado a padecer voluntariamente tanta pasión por nuestros pecados.

Y estando en esta oración comprendió que Dios le oía y que le sería otorgado padecer más que otra criatura.

Animado con tal promesa, Francisco se puso a considerar devotamente la Pasión de Cristo y su infinita caridad; y creció tanto en él el fervor y la devoción, que en el exceso del amor y de la compasión, se sintió todo transformado.

Y como se hallase inflamado en esta contemplación, aquella misma mañana vio venir del cielo un Serafín de alas inflamadas y resplandecientes el cual con raudo vuelo se acercó a él de modo que le pudiese ver y conocer claramente; traía en sí la figura del Crucificado, y sus alas dispuestas de manera que dos se extendían sobre la cabeza, otras estaban en actitud de volar y las dos restantes cubrían todo el cuerpo.

Al ver esto San Francisco se llenó de asombro, y al punto le embistieron a una la alegría, el dolor y la admiración.

Largo espacio duró esta visión y una vez terminada, quedó el corazón de San Francisco inflamado de alegría y en ardiente llama de amor divino, y en su carne impresa la imagen de la pasión de Cristo; porque en seguida comenzaron a aparecer en las manos, en los pies, unos como clavos en todo semejantes a los que ostentaba el cuerpo de Cristo en la seráfica aparición; dichos clavos le traspasaban las manos y los pies y sólo se diferenciaban de los comunes en ser hechos de su propia carne; sobresalían de una y otra parte, rematando por el dorso de las manos y las plantas de los pies en verdaderas puntas medio dobladas, y por las palmas y empeines en cabezas redondas y negras; y a tal punto eran clavos que si se empujaban por una parte se movían, haciéndose más visibles por la otra, y causándole gran sufrimiento al Seráfico Padre. También el costado derecho apareció abierto por una herida como de lanzada, por la cual manaba sin cesar la sangre de su santo cuerpo.

Nada de esto dijo el varón de Dios a sus hermanos, pero luego se dieron cuenta, viniendo al conocimiento de que el Seráfico Padre era la imagen y semejanza de Cristo.

Todos ricos

Un hombre descontento de su suerte se quejaba de Dios.

—¡Dios —decía— manda riquezas a los otros y a mí no me da nada!

Un anciano oyó sus palabras y le dijo:

—¿Eres tú tan pobre como crees? ¿No recibes de Dios la juventud y la salud?

—No digo que no, y puedo estar orgulloso con mi fuerza y mi juventud.

El viejo tomó entonces la mano derecha de aquel hombre y le preguntó:

—¿Te dejarías cortar esta mano por mil duros?

—¡Ciertamente que no!

—¿Y la izquierda?

—Tampoco.

—¿Consentirías en quedar ciego por diez mil duros?

—¡Dios me libre de ello! No daría uro de mis ojos ni aún por una suma mayor.

—Ya ves —añadió entonces el anciano— que te quejas de balde, pues el Señor te dio algunas riquezas.

Desde Nueva-York

Triunfos de la escuela católica

Hace un año dedicamos una crónica al Concurso Internacional de Oratoria, que se celebra anualmente en los Estados Unidos, en el cual obtuvo el primer premio un joven holandés, alumno de un colegio católico, quien manifestó que, una vez terminados sus estudios, ingresaría en el noviciado de los dominicos para ser misionero como su hermano mayor.

Frescos aun los laureles de aquel triunfo de la escuela católica internacional, se ha celebrado últimamente el séptimo Concurso Internacional de Oratoria, en Washington, y otra vez los alumnos de los colegios católicos han ganado tres de los cuatro primeros premios.

El Jurado del Concurso lo componían el Embajador de Chile, Doctor Miguel Cruchagn Tocornal, que ha regresado hace pocos días a su país para ocupar el cargo de Ministro de Estado en el nuevo Gobierno del señor Alossandri; el Ministro de África del Sur, Doctor Eric Louw; el Encargado de Negocios de Suiza, Doctor Louis Micheli; el profesor de la Universidad de George Washington, Doctor Henry G. Doyle, y el Doctor Paul Gleis, profesor de la Universidad Católica de Washington. Actuaron de "timekeepers" el general del ejército americano, Amos A. Frios y el almirante Hugh Matthews. Presidió la sesión final el Doctor Leo S. Rowe, director general de la Unffón Pan Americana, y entregó la copa de oro al triunfador el Presidente de la Universidad Católica de América, Monseñor James H. Ryan.

Es lo que se puede llamar un Jurado de peso completo.

El primer premio fue otorgado a un joven francés, de dieciocho años, George Pol Domine, alumno del colegio católico de Vitry, por su discurso sobre la Fidelidad de la juventud francesa al espíritu de la tradición nacional. El segundo premio lo ganó Miss Lucylle G. Goldsmith, de Los Ángeles, alumna de un colegio del Estado; el tercer premio fue para un joven inglés de diecisiete años. Charles Smith,
discípulo del Oratorio de Londres, y el cuarto fue adjudicado a otro joven católico irlandés, Eric Roden, que terminará sus estudios este año en la Academia del Sagrado Corazón de Dublin. Únicamente Miss Goldsmith no es católica ni alumna de un colegio católico.

Es muy digno de hacer notar que habiéndose celebrado ya siete veces el Concurso Internacional de Oratoria, organizado por el Doctor Randolph Leigh, cinco veces el primer premio ha sido ganado por alumnos de colegios católicos, dirigidos por Congregaciones Religiosas.

Citaremos rápidamente otros triunfos de la enseñanza católica. En el Concurso Histórico celebrado por la Cámara de Comercio de Nueva York, ganó el Premio de Honor y el cuarto premio Edmont White, alumno de St. Joseph's School. Los premios segundo y tercero fueron ganados por alumnos de los colegios católicos de Corpus Christi y St. John Evangelist de Nueva York, habiendo concurrido más de doscientos cincuenta mil alumnos de las escuelas oficiales y parroquiales de la ciudad. El premio concedido por la Sociedad de Bellas Artes de Nueva York para el mejor plano de una sinagoga fue ganado por Michael J. Sheehan, de Baltimore, estudiante de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica de Washington, entre 372 concursantes.

Ya hemos dicho tras veces que los exámenes celebrados en los colegios y los títulos concedidos por las Universidades dirigidas en los Estados Unidos por jesuitas, franciscanos, dominicos, paúles, agustinos, hermanos maristas, de las Escuelas Cristianas, y otras congregaciones religiosas, tienen validez oficial, sin que el Estado intervenga, y desarrollándose y creciendo a la sombra benéfica de la Libertad en esta República de republicanos cuyos derechos protege y ampara una sapientísima Constitución.

Marcial Rossell

Desde Serrano (Argentina)

Repetidas veces me han manifestado algunos lectores de Acción Antoniana, deseos de leer en dicha publicación, alguna croniquilla de por acá para saber cómo nos va la vida y qué hacemos por estos países.

Iglesia de la Asunción de Serrano

Iglesia de la Asunción de Serrano

Las ocupaciones de la vida del colegio por una parte y mi poca afición a la pluma por otra, han sido la causa de mi largo silencio; pero hoy voy a complacerles contándoles algo de las costumbres de estas tierras y al propio tiempo un triunfo espiritual de San Antonio, ya que todos los lectores de Acción Antoniana se alegrarán seguramente de ver cómo actúa el Santo de todo el mundo en estas pampas argentinas, y con ello bendecirán a Dios y se les aumentará la devoción al Santo Paduano.

De cien niños, setenta sin bautizar

Es la gente de por aquí bastante descuidada generalmente en bautizar a los niños cuanto antes. Eso de hacerlos cristianos como ahí en España el mismo día que nacen, si puede ser o pocos días después, no es frecuente por acá, salvo honrosas excepciones. De ahí que pasen meses y hasta años sin bautizarlos; unos, porque viven lejos —aquí viven muchas familias a muchas leguas de la iglesia—; otros, porque esperan a los padrinos; éstos, porque son pobres y no tienen traje, y todos, porque esperan a que la madre de la criatura esté completamente restablecida, pues hay aquí costumbre de que la madre traiga ella personalmente sus hijos a bautizar; por cualquiera de estas razones, y sobre todo por la principal de todas ellas que es la mucha ignorancia religiosa y la rutina de hacer como hacen los demás, lo cierto es que algunos de los niños corren, juegan, hablan perfectamente y hasta tienen la edad de recibir la primera comunión y no son cristianos todavía. No es de extrañar que por esta mala costumbre se cuenten en Buenos Aires el 70 por 100 de niños sin bautizar. Menos mal que tienen cuidado de bautizarlos aunque demasiado tarde.

Hambre en el país de la abundancia

Aquí en. Serrano, como en toda la Argentina, aunque abundan el trigo y el maíz, los caballos y las vacas, no falta tampoco la miseria en muchas casas; se ven algunos rapazuelos que visten peor que los gitanillos de por ahí y van de puerta en puerta pidiendo limosna. Nota curiosa. En alguna ocasión he visto a alguno de esos mendiguitos en un buen caballo y con un saco al hombro, donde meten el pan que les dan las personas caritativas. A esos niños les faltarán, si se quiere, los zapatos y hasta la camisa, pero no les falta su caballo o por lo menos su perro que les sigue a todas partes. No hay que extrañarse de eso, porque aquí los caballos actualmente apenas si tienen ningún valor, y además tampoco cuestan de mantener; sus dueños los dejan sueltos por el campo paciendo todo el día y toda la noche. Cuando los han de menester para algo, los enlazan y, en terminando de hacer sus faenas, los vuelven a soltar para que ellos se busquen el pienso por donde puedan.

Fr. Ramón y los pobrecitos

Decíamos, pues, que no faltan niños por acá que viven en la miseria, y, cía o está, pronto aprendieron a venir a la portería de nuestro colegio a pedir limosna; y tantas veces tocan que Fray Ramón, que es el portero y tiene que atender a muchas otras obligaciones, tuvo que reglamentar un poco —para los niños solamente— la hora de venir a pedir.

—A las siete y media, ya lo sabéis —les dice un día—, cuando toquen la campana de la torre para la misa de las ocho, es cuando habéis de venir, porque hay días que todavía estoy yo oyendo las primeras misas y ya estáis vosotros tocando el timbre de la puerta.

Así lo hicieron los niños. Pronto se enteró Fray Ramón de que las pobres criaturas ni sabían hacer la señal de la cruz ni rezar el Padrenuestro, y no es extraño, pues, ahondando un poco más, pronto supo que algunos de ellos, por lo menos tres que son hermanitos, de seis, nueve y diez años respectivamente, no estaban todavía bautizados. En cuanto vio Fray Ramón la necesidad espiritual de las pobres criaturas, se siente misionero y me dice: "A esos niños, Padre, hay que enseñarles la Doctrina Cristiana y prepararles para la primera Comunión, pues ya son bastante grandullones y no saben más que venir a pedir pan. Démosles el pan del alma juntamente con el del cuerpo." Un Padre de este colegio se encargó de instruirles, y algunos comulgaron ya; pero los que no estaban bautizados, naturalmente que debían recibir el sacramento del Bautismo antes que el de la Comunión. El caso era vencer el inconveniente que había para bautizarlos: su madre no quería, no sé por qué, pues a dos hijitas suyas menores que los niños las tenía ya bautizadas. Varias veces llamó nuestro portero a la madre de dichos niños, pero nunca se presentó. Un día mientras Fray Ramón repartía el pan cotidiano a los niños, pasa una mujer por la calle del colegio; era precisamente la que tantas veces él había llamado.

—Mire, Padre —dice uno de los niños—, aquélla es mi mamá.

—Anda, corre, llámala que quiero decirle que os deje bautizaros.

—Mamá, mamá —dicen los niños echando a correr detrás de ella hasta alcanzarla; pero la mamá no responde ni vuelve su rostro. Se contenta con levantar el brazo, y, moviendo la mano a una y otra parte dice que nones. Los niños que están ya deseosos de recibir el santo Bautismo se quedan desconsolados, y Fray Ramón, con un palmo de narices y refunfuñando. Tuvo que dar a los niños el pan de cada día por espacio de una temporada, con la esperanza de que se ablandara el corazón de aquella mujer; pero por fin se cansa ya, no de ellos sino de ella, y dice a los niños:

—Decid a vuestra madre que de hoy en adelante no os daré pan hasta que no os dé permiso para bautizaros.

Transcurrió una semana y otra, y algunos meses; seguramente que los niños se pasarían algunos días bostezando de hambre, pero su madre ni por eso se ablandaba. ¡Cosas veredes...!

El Pan de san Antonio es más eficaz que el de Fr. Ramón

Por fin llegó la hora de la gracia. Este año, durante los días de la Novena preparatoria para la fiesta de San Antonio, se repartió pan bueno y abundante a todos los pobres de este lugar en la portería de nuestro colegio, y el día de la fiesta di a conocer a los fieles, desde el púlpito, la simpática devoción del Pan de San Antonio, que ha sido recibida con mucho cariño por las personas devotas y aún por algunas que no lo son tanto. A recibir el Pan de San Antonio, que repartimos ahora todos los martes después de la misa de las ocho, no podían faltar los tres niños, pero Fray Ramón, que lo mismo da a los pobres dos o tres kilos de pan y todo lo que encuentra por la cocina, que una buena reprimenda, cuando lo cree conveniente, les dice delante de todos:

—Para vosotros no hay pan de San Antonio. Si vuestra madre quiere que os lo dé, que venga a hablar conmigo.

El Pan de San Antonio fue la gracia que doblegó aquel corazón que no parecía de madre. Se presentó por fin; Fray Ramón la convenció fácilmente de que debían bautizarse sus hijos, le dio el Pan y determinaron el día en que ella y los niños se debían presentar para que éstos recibieran el dicho Sacramento. Llegó el día señalado, y por no tener padrinos ni traje no se presentaron; fue menester que se le dijera que nosotros buscaríamos padrino y que vinieran los niños con la ropita que tuvieran; bastaba que estuviera limpia.

Por fin, anoche tocan el timbre de la portería, y poco después me llama Fray Ramón. —¡Quién será a estas horas!

Eran los tres niños, acompañados de su madre, que venían más contentos que unas pascuas a bautizarse. Dije a uno de nuestros colegiales sí quería ser padrino de los tres pobrecitos, y se ofreció con mucho gusto; el Padre Pacífico, que los instruyó en la Doctrina Cristiana y ya los conocía muy bien, los bautizó.

Se terminó la fiesta con santa alegría, y Fray Ramón obsequió a los nuevos cristianos y a su madre con estampas, medallas y caramelos.

Os voy a contar un sueño

Terminemos esta verdadera historia con un sueño. Esta mañana me decía Fray Ramón:

—¿A que no adivina, Padre, lo que soñé la noche antes de bautizar a los tres niños?

—¿Qué sé yo?

—Es muy raro, porque yo nunca sueño. Vi a los tres niños y a un feísimo demonio con los cuernos como un toro y el rabo como un león, que se los quería llevar al infierno. Yo empece a puñetazos con el cuernudo, pero él no los soltaba. Tiraba yo de ellos con toda mi fuerza, y él también con toda la suya, y por fin le vencí y me quedé con los niños. Él se fue rabiando y yo me quedé cantando de alegría y haciéndole muecas. ¿Que la parece a vuestra reverencia de eso?

—No tengo yo mucha fe en los sueños, Fray Ramón —le dije—, pero es un sueño que refleja muy bien la realidad.

—Lo triste es que, con los ejemplos que ven en su casa, ¿qué va a ser de esas almitas?

—Muy triste es, no cabe duda, que esos niños tengan unos padres tan descuidados en cumplir sus deberes religiosos; pero, al menos ahora, ya van embarcados en la nave de San Pedro que es nuestra santa madre la Iglesia Católica, y, si ellos quieren, llegarán al Puerto Celestial.

—¡A él lleguemos todos!

Fr. Buenaventura Meseguer, ofm
Serrano (Argentina) Julio de 1933.

Recetas útiles

Hasta los cinco años, el niño no ha de beber más que agua; entonces se puede añadir unas gotas de vino al agua, pero jamás nada de café.

"Hay dos medios infalibles—dice un célebre higienista—para conseguir de un niño el que se haga viejo precoz: darle café, y hacerle hablar mucho." Sabido es que nunca hay que darle licor alguno, y menos aguardiente.

A los siete años, el niño puede comer un poco de todo.

Algunos niños no beben nada. Hay que luchar contra esa mala costumbre, que impide el desarrollo. Los niños que beben mucho, generalmente crecen también mucho. Todas las personas de elevada estatura, a las que se las ha estudiado con seriedad, bebían mucho.

Las naranjas y las uvas son frutas muy digestivas. Las peras son indigestas para los dispépsicos, a los cuales conviene el consumo de frutas cocidas.

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El Cristo de Onteniente

Como las abejas alrededor del panal de miel, así se congregan las almas ontenienses alrededor de su Cristo Santísimo de la Agonía, panal de dulzuras infinitas y centro blando y amoroso de todos los corazones.

Por esto mismo, si bien es verdad que en todos los días del año, o por mejor decir, en todos los instantes vuelan los espíritus ontenienses al nidal de su Cristo de la Agonía, donde hallan cuanto apetecen, acuden con mayor presura, gratitud y alborozo durante los días que la población entera consagra a su culto con actos y festejos de singularísimo relieve. Días son estos de profunda emoción, de regocijadas expansiones, de fraternidad consoladora, de brillo, de color, de luz, de consuelo, de paz y de supremas esperanzas-son días de salud.

Porque esto es, en verdad, para Onteniente, su Cristo de la Agonía: salud, salvación.

¿No es la salud el compendio de todos los bienes apetecibles? Salud del alma y salud del cuerpo; bienes de la tierra y bienes del cielo, y todo para crear, sostener y fomentar la salud.

Cristo es salud de las inteligencias enfermas por el error y por la ignorancia; Cristo es la salud de las voluntades enfermas por los vicios y pecados; Cristo es la salud de los corazones enfermos por la dolencia de amor, que no se cura sino por la presencia y la figura de la cosa amada; Cristo es la salud de toda enfermedad, por crónica y pertinaz que sea; Cristo es la salud, esto es, la riqueza que hinche toda escasez y remedia todas las miserias; Cristo es la medicina eficaz en todo mal y en toda necesidad, así del alma como del cuerpo, así en el orden individual como en el social, así en la vida como en la muerte.

Pues todo esto es, ha sido y será el Santísimo Cristo de la Agonía para su Onteniente: su iris de paz, su sol de justicia, su monte cuajado y pingüe, su perpetuo refugio, su despensa inagotable y su caudal perenne, es decir, su amplia y salvadora salud.

Por eso de todos los pechos ontenienses brota, en los días de sus fiestas, la voz llena de ternura que compendia sus anhelos: Mi amado, el Cristo de la Agonía, es para mi y yo para él. El Cristo sólo me basta, y teniéndole me sobra todo lo demás.

Fr. Juan Bta. Gomis, ofm

Nueva Capilla de Nuestra Señora de Lourdes

Imagen de Nuestra Señora de Lourdes, que se venera en la Iglesia parroquial de La Puebla (Baleares. Mallorca).

152_02Como previamente estaba anunciado, llegó a La Puebla el 17 de Mayo próximo pasado D. José Miralles, Arzobispo-Obispo de Mallorca. A la entrada del templo fue recibido por el señor Ecónomo don Antonio Palou y Comunidad parroquial, distinguidas personalidades y numeroso público.

Después de orar breves momentos, el Sr. Obispo se revistió los ornamentos para efectuar la bendición de una imagen y retablo de Nuestra Señora de Lourdes, dirigiéndose seguidamente a esta capilla. El acto resultó conmovedor, terminando con el canto del Te Deum, entonado por su Excelentísima y viéndose la iglesia atestada de fieles que acudieron a presenciarlo.

En la religiosa ceremonia actuaron de padrinos don Vicente Pol y Mir y doña María Rosselló y Reynés. Efectuada la bendición, la nueva capilla de Lourdes continuó todo el día siendo visitadísima, llamando poderosamente la atención por la perfección de sus líneas y la originalidad de sus partes. La gruta, en su aspecto natural, como magnífica concha que encierra la perla de inestimable valor, la Reina Blanca de los Pirineos, aparece cobijada por artístico dosel circular, sostenido por ocho esbeltas columnas en forma
de espiral, adornadas con hermosas flores escultóricas, todo ricamente dorado.

La bellísima imagen de la Virgen, que es de madera y policromada, constituye una genial obra de arte. El precioso retablo termina en a parte superior con el edificio del Vaticano, en cuya escalinata se yergue la majestuosa figura del Sumo Pontífice Pío IX en actitud de proclamar el dogma de la Inmaculada Concepción al orbe católico, representado por cinco figuras humanas correspondientes a las cinco partes del mundo. En el armónico conjunto flota muy ostensible un pensamiento: El Papa define la Concepción Inmaculada de María y cuatro años más tarde, la misma celestial Señora confirma aquella definición, apareciéndose a Bernardita y dirigiéndole estas palabras: "Yo soy la Inmaculada Concepción".

La parte inferior de la capilla está constituida por el altar, consistente en elegante vitrina, en cuyo interior se descubre la imagen de la Santísima Virgen en el paso de su dichosa muerte.

Finalmente, es muy digno de notar, mereciendo capítulo aparte, la espléndida iluminación integrada por más de un millar de bombillas eléctricas, diseminadas con discreción y mucho acierto, según la gráfica frase de nuestro amadísimo Prelado, por todo el retablo, marcando sus principales contornos. La mentada iluminación viene a ser como la última pincelada, el último habilísimo golpe dado a la capilla por la experta mano de su inspirado autor, el acreditado escultor de Palma don Miguel Vadell y Pastor.

Al día siguiente se dio comienzo a un solemne Triduo en honor de la Virgen de Lourdes, como preparación a la fiesta que había de celebrarse el domingo siguiente. Después del rezo del Santo Rosario, predica adecuado sermón el don Miguel Bonnin; sigue luego apropiado ejercicio practicado por el señor Ecónomo, y la procesión llamada de las antorchas, por los alrededores del Templo. Del portal nuevo salen dos largas hileras de hombres primero y de mujeres después, vuelven a penetrar en el sagrado recinto por el portal Mayor y desfilando por delante de la capilla de Lourdes, se colocan ordenadamente en la espaciosa plaza contigua, cantando durante todo el trayecto las sesenta estrofas narrativas de las apariciones de Nuestra Señora a la niña Bernardita, compuestos en mallorquín por el vate popular Reverendo don Juan Aguiló, de Manacor, y terminando con el Credo de Romeu.

Amanece por fin el día destinado a la celebración de la gran fiesta en honor de Nuestra Señora.
Al oficio mayor ocupa el púlpito el referido orador del Triduo. Por la noche, se repite la misma función de los días anteriores. La concurrencia, como siempre, numerosa, llegando al extremo de verse muchos imposibilitados de entrar en el lugar sagrado. Terminados el sermón y el Ejercicio, se organiza de nuevo la Procesión. El entusiasmo, indescriptible, y el orden perfecto, calculándose en unos tres mil los concurrentes. Hondas emociones se apoderan del espíritu al contemplar el sublime cuadro que ofrece aquella ingente multitud, en la cual se hallan fusionadas en santo consorcio todas las clases sociales, desde la más modestas hasta las más elevadas, animadas del mismo sentimiento religioso y fijas en un solo ideal: rendir pleito homenaje a la Inmaculada de Lourdes, a la Virgen sin mancilla, a la Reina Blanca de los Pirineos.

Al final se canta el Credo y se dan varios vivas a Nuestra Señora de Lourdes, a La Puebla y a la católica España.

Como recuerdo imperecedero y fruto inmediato de tan solemnes cultos, se ha establecido en nuestra parroquia un devoto Ejercicio de Nuestra Señora de Lourdes, practicándose todos los domingos después de Vísperas, con notable concurso.

¡Loor a la Virgen Inmaculada!
(Baleares-Mallorca) La Puebla, Agosto de 1933.

Los nidos deshechos

Vergel era mi patria querida,
del Edén primitivo remedo,
manantial de inefables bellezas,
de dulzuras y goces venero;
del ángel envidia,
del hombre recreo,
de cielos y tierra
solaz y embeleso.
Animales, y plantas, y flores,
cuanto es dulce, y es rico, y es bello,
amor, cantos, placeres, perfumes,
dicha y paz allí cita se dieron,
llenando el espacio
de muy dulces ecos;
el campo, de galas;
de aromas, el viento.
¿Qué de extraño que mil pajarillos
acudiesen alegres, ligeros,
a internarse en la espléndida fronda
de sus bosques de plácido ensueño,
do el sol no penetra,
do en suaves arpegios
su amor y su dicha
siempre cantan ellos?
Hechizados de tanta belleza,
de tal paz y quietud satisfechos,
van colgando los tales sus nido
s de las ramas que mecen los céfiros,
y entonan cantares
más dulces y tiernos
de día y de noche
allí en torno de ellos.
Mas no tarda la fiera tormenta
en mostrarse con tétrico ceño,
descargando envidiosa sus furias
sobre aquel pedacito de cielo,
se cruzan los rayos,
y mugen los vientos,
y azota el pedrisco
con hórrido estruendo.
Y si caen ajadas las flores
y tronchados los árboles vemos,
entre tanta ruina los nidos
por doquier se contemplan deshechos,
y lloran las aves
a sus hijos muertos,
mientras los que aun viven
salen de allí huyendo.
¡Se acabó, pues, al fin tanta dicha;
se lograr tan tan malos intentos,
y cantó la tormenta victoria
malográndose tantos desvelos!
¡Valor, que tras ella
lucirá un sol nuevo
y serás, ¡oh patria!,
no un vergel... un cielo!

Fr. Luis Ángel Roig, ofm