Plausible iniciativa
Nuestro muy estumado nermano reverendo P. Vicente Pérez Jorge, harto conocido en el mundo de la música por su bien probada competencia en el divino arte, nos envía la siguiente circular, que la insertamos íntegra en nuestra Revista, seguros de que algunos de nuestros lectores lo agradecerán.
«Sr. D._________________________________
Mi muy estimado señor: Preocupado por el fomento de la música en nuestras iglesias, a fin de que los actos del culto sean más espléndidos y se conformen más y más con el espíritu y las prescripciones litúrgicas, he resuelto, después de maduro examen y con el parecer de religiosos capacitados y de seglares competentes, publicar una doble antología musical, en volúmenes distintos, uno vocal y otro orgánico.
La finalidad de la Antología vocal es ofrecer a los conventos de religiosos y de religiosas, así como a las parroquias, una colección de cantos y de piezas litúrgicas que faciliten y ennoblezcan el culto divino.
Le suplico se digne cooperar a esta obra enviándome algún trabajo suyo que se amolde a la finalidad que se pretende. Las composiciones serán a una o a dos voces, con acompañamiento de armonio o de órgano, y de una tesitura de tipo popular. Cada uno de los trabajos deberán ir copiados en papel distinto y por separado. Unicamente se admitirá un solo trabajo relacionado con un mismo asunto. Se admiten trabajos ya publicados. La fecha tope para la admisión de trabajos será el 30 de abril del próximo año 1946. Los trabajos que, por exceso de material, no se publiquen se devolverán a sus respectivos dueños.
La Antología orgánica constará sólo de composiciones escritas por músicos franciscanos españoles de la Primera y Tercera Orden, así como de aquellos músicos pertenecientes a instituciones canónicamente franciscanas, como las Terceras Ordenes Regulares.
Las piezas serán esencialmente orgánicas y litúrgicas. El estilo de las composiciones será completamente libre, escritas sin pedal o con pedal no obligado, para facilitar la ejecución. El tiempo apto para la presentación de obras para órgano finalizará en enero del año 1947.
Todos los trabajos serán enviados al Rdo. P. Vicente Pérez Jorge. Colegio de la Concepción. Onteniente (Valencia).
Fr. Vicente Pérez-Jorge
[Nota biográfica del P. Vicente Pérez-Jorge]
NOTA. Hace referencia a la Antología musical al servicio del templo,que se publicó bajo su firma y la del P. Mola. Contiene composiciones de muchos de los frailes de la Provincia de aquel momento.
¿Que diría al Santo sobre la moda?
Momentos hacía que había terminado la función; algunas devotas rezagadas quedaban todavía echando rezos por los altares y el altar de San Antonio aun brillaba con los esplendores de su luz. Como estábamos con San Antonio, allí quedamos arreglando nuestras cuentas con él: cuando he aquí que vemos entrar a una linda joven que se detiene un momento como para orientarse en la oscuridad, lo que se experimenta en un recinto cerrado cuando se viene de la luz. Poco después se dirige decidida al altar de San Antonio. Esos momentos de detención fueron bastantes para percatarnos de las cualidades de la niña.
Vestía elegantemente; su rostro respiraba candor e inocencia; cierta compunción de su alma hacíale inclinar sus ojos con modestia hacia tierra, y parecía sentirse el latido de su corazón a medida que dirigía sus pasos hacia el Santo. En resumen: que parecía un alma buena, como esas que manda Dios a la tierra para embalsamarla con los aromas de la virtud. Pero... Se dice que la peor palabra del Diccionario es la palabra pero, porque es siempre la que viene a poner sombras al cuadro hermoso de la virtud. Pongo, pues, el pero para decir que esta niña con tantos atractivos de bondad afeaba sus gracias y candores con las ridiculeces de la moda. Cubría su blonda cabellera con tan sutil v tenue velo que hacían mofa de él los recios y exuberantes rizos de su permanente; su nívea y rosada faz se sentía afrentada con el rudo pimentón de sus labios; sus mangas eran excesivamente cortas, y sus faldas muy reñidas con el rodillar. ¿Cómo se explica que almas tan. candorosas vivan esclavas de tanta ridiculez? No ciertamente por malicia ni nialdad, sino por seguir la corriente y no hacer el ridículo, como dicen; y no advierten que es mayor su ridiculez de afear con esa gana pompa su verdadera gracia, que transpira del alma dando simpatía a todo ver.
Pues bien, como decíamos, esta linda joven vino a postrarse de rodillas ante uno de los reclinatorios del altar de San Antonio. Se le vió desahogar el alma con incesante ruego, como altercando con el Santo de los milagros. Algo extraño parecía ver brotar un alma pura entre aquellas barritas de carmín que venían a afear sus labios, v podemos suponer que así lo juzgaría el Santo cuando la miraba tan atento a sus plegarias. ¿Qué es lo que le replicaría? Pues no cabe duda que el Santo habla con sus devotos cuando con fe y amor se acercan a él.
Lo cierto es que cuando aquella joven se detuvo, mirando fijamente al Santo como esperando su respuesta, sintió como una conmoción en su cuerpo, v la vimos agitada, primero, tirando del velo que presumía cubrir aquella madeja de rizos con tan evidente falacia, ansiosa de ocultarla ante el Santo; después, dando tirones a una y otra manguilla, anhelando fueran cíe goma para llevarlas hasta la mano; otros tirones a la falda corta, que, a pesar de estar arrodillada, aun no rozaba la tierra. Pero, en fin, como de donde no hay no se saca, ni el velo se hizo tupido, ni las mangas ni la falda crecieron un dedo más. La niña se dió por vencida, y después de mirar al Santo con muestras de dolor y de compunción, inclinó su cabeza y cubrió con sus manos aquella su hermosa faz bien dolorida.
¿Qué le habría dicho el Santo? Dijera lo que dijera, cayó como semilla en alma buena. Y aunque sus manitas de nardo cubrían su hermosa faz, no cabe duda que entre ellas se deslizaban sus lágrimas, que, cual rocío celeste, llegarían al corazón para regar aquella inspiración del Santo, y diera fruto de corrección y de enmienda para merecer la gracia de sus milagros.
Levantóse, por fin, la joven, y dando una mirada intensa, nutrida de promesas y de amor, se despidió del Santo y salió de la iglesia.
La escena nos dejó conmovidos, y ansiosos de dar con el secreto, volvimos una y otra vez a la misma hora, y siempre volvimos a encontrarnos alrededor del Santo. Más al siguiente día ya no era aquella venturita de vanidad que vimos el día primero.
Vestía modestamente; un velo tupido tocaba su cabeza; sus brazos se ocultaban con cumplidas mangas, v la falda creció sin' ridiculez, pero ocultando lo que no debía estar a la vista. Y algo más, desapareció la pimienta y un tinte sonrosado v níveo daba hermoso matiz a su rostro. N a sus labios, porque era el matiz de la gracia que le ciaba la naturaleza.
Con la intimidad llegamos a saber que el Santo, al escuchar sus ruegos, le pareció a ella que la miraba reprochándole aquel lujo v como diciéndole que no alcanzaría la gracia si no se acercaba a él vestida con la modestia cristiana. Ella lo prometió firmemente, y parecióle que el Santo aceptaba con agrado su promesa.
¿Alcanzó el milagro que pedía?
Pasado algún tiempo la volvimos a encontrar a los pies de San Antonio; mas va no iba ella sola, a su lado se arrodillaba un joven con muestras de suma devoción. Qué había ocurrido? La niña instintivamente se había enamorado, pero sin darse cuenta de que su prometido no era hombre de religión. El trance era peligroso. Para una joven devota y buena era un tormento enlazarse con un hombre sin prácticas religiosas, y era preciso, o renunciar al amor o exponerse a un mal vivir, como necesariamente ocurre cuando los sentimientos no radican en la misma fe. Lía, que tal era el nombre de la agraciada de San Antonio, pensó que el Santo de los milagros había de darle la solución.
Como aquel joven tenía buen fundamento, pues fué educado cristianamente, aunque había dejado de practicar la religión, por la intercesión cíe San Antonio volvió al buen camino; pero fué preciso que Lía dejara su vano vestir y la moda para que el Santo atendiera a sus ruegos y cooperara a su felicidad.
Fr. Manuel Balaguer, ofm
[Nota biográfica del P. Manuel Balaguer]
No caigas en un círculo vicioso; tú piensas: cuando se arregle esto así o del otro modo seré muy generoso con, Dios. ¿Acaso Jesús no estará esperando que seas generoso sin reservas para arreglar El las cosas mejor de lo que imaginas? Propósito firme, lógica consecuencia: en cada instante de cada día trataré de cumplir con generosidad la voluntad de Dios.
JOSÉ M.a EscRivÁ
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