La Eucaristía es Pan de vida porque es Pan de muerte
El ambiente que envuelve a Jesús en la noche última de su vida es un ambiente de muerte; un velo de honda tristeza parece reflejarse en su divino rostro; pero sobreponiéndose a la profunda turbación que se había apoderado de su espíritu, toma en sus manos lo que va a constituir el Sacramento de la vida y de la muerte y brota de sus divinas manos el Sacramento del Amor de los Amores de un Dios.
El único pensamiento que domina en Jesús en la última cena que celebra con sus amados discípulos, es el pensamiento del amor y de la muerte. «Con deseo vehemente —dijo el celestial Maestro—, con la mirada en el cordero pascual, he deseado comer con vosotros esta Pascua antes de padecer.» Sin duda, al decir Cristo «esta Pascua», se refería a su divina persona, manifestando así su amoroso designio de ponerse ya «como muerto» en el «Pan vivo» que iba a convertirse en sus manos. Y tomando el pan, dice a sus discípulos: «Este es mi cuerpo, el cuerpo que será entregado por vosotros»; y tomando el cáliz, agrega: «Esta es mi sangre, la misma que será derramada por vosotros y por muchos.» Y con un ademán de imperioso mandato, añade: «Esto que yo acabo de hacer, hacedlo también vosotros en memoria mía; y cada vez que comiereis de este pan y bebiereis de este vino, representaréis la muerte de vuestro Señor hasta que venga.» Que es como si dijese: este sacrificio de amor y de muerte verificado por mí, será continuado por vosotros y por vuestros sucesores hasta la consumación de los siglos como una representación de mi obra suprema de amor y de muerte.
Interpretando Bossuet las palabras de Jesucristo, escribe: «Yo he comido con vosotros otras Pascuas y otras antes que con vosotros lo hiciera. Pero ésta es mi Pascua. Yo soy el Cordero de Dios, que mañana seré ya muerto. Anticipándome a la muerte, porque dentro de dos horas el torbellino de las humanas pasiones ya me habrá arrebatado el sosiego de nuestra compañía, yo muero ya ahora, en representación de la muerte de mañana, poniendo sobre esta mesa mi Cuerpo místicamente separado de mi Sangre. Queda cumplido el deseo que me abrasaba de que comierais conmigo mi Pascua. Sólo me resta dar en los tormentos de la Cruz esta vida que os doy ahora en el deliquio de mi amor.» Y como si quisiera Jesús juntar en una las dos ofrendas, la de la Cena, obra suprema de su amor, y la del Calvario, obra suprema de su dolor, le dice al discípulo traidor: «Lo que has de hacer; hazlo pronto.»
«Todo el misterio de la vida natural se encierra en la muerte de Jesús —dice el doctor Gomá—, como todos los tesoros de la muerte de Jesús se encierran en la Eucaristía. La Eucaristía es el Sacramento de la vida porque es un misterio conmemorativo de la muerte de Jesucristo.»
«¡Oh Sacramento de la vida y de la muerte! —prosigue el ilustre purpurado—: de la vida, porque en realidad la dais; de la muerte, porque sois de ella la representación perpetua; y del fondo misterioso de la muerte deriváis la corriente de la vida divina que por el mundo difundís.»
P. Ricardo Delgado Capeáns O. de M.

Cristo de Limpias (De Corazones)
¡Tengo sed....!
En lo alto de la Cruz, agobiado por la asfixia de la muerte y cuando ya le quedaban muy pocas gotas de Sangre que derramar por nuestro amor, pronunció Jesús esta palabra enternecedora y sentida: Sitio. Tengo sed...
Pocos tormentos le faltaban por sufrir al Salvador para apurar hasta las últimas gotas el Cáliz de amargura que el Padre Celestial le deparara, y aun tuvo alientos su Corazón Divinó para soportar por nuestro amor esta otra tortura: la de la sed. Sed como nadie la sintió antes de Jesús, ni mortal alguno ha podido sentirla tampoco después de El, porque todos los sufrimientos de Cristo adquirían la ponderación infinita que correspondía a su naturaleza de Dios, y así nunca llegaremos a comprender los mortales en toda su extensión y plenitud la fuerza de los dolores, ya físicos, ya espirituales, que desgarraron las fibras delicadas y divinas de su Corazón inmaculado.
La sed de Jesús en la Cruz, si bien fué una sed corporal abrasadora y cruel, fué también, y más principalmente, una sed interior de su Alma, que clamaba y pedía a los hombres un poco de amor; de aquel amor que El vino a traer a la tierra y que, habiéndole empujado hacia el matirio, tenía que abrasarlo más en los últimos torturantes momentos de su vida... Sed de amor, sed de almas: he ah! el gran anhelo, el deseo más íntimo del Corazón de Jesús, al morir en la Cruz y al quedarse con nosotros, prisionero de amor, en el Sagrario.
¿Quién de nosotros no habrá sentido alguna vez no ya la sed física del cuerpo, sino esa otra sed del alma, que se traduce en ansias de amar y de ser amado?...
Y si a esa sed de amor ha correspondido el desdén, el olvido, la ingratitud, qué pena no hemos sentido, qué tristeza, qué desolación en lo íntimo del alma...; o al contrario, qué gozo, qué satisfacción cuando hemos podido ápagar esa sed en el amor de la persona amada...
Pues si así ocurre en nosotros, que tenemos un corazón asaz caduco y pequeño, ¿qué no pasará en Jesús, cuyo Corazón tiernísimo y delicado es infinitamente sensible a todas las manifestaciones del amor?...
¡Cuánto agrada a Jesús el amor de las almas! El tiene sus delicias en estar con los hijos de los hombres. Somos su obsesión, su locura, su delirio; y sin embargo, cuán pocas almas se le rinden; cuán pocos corazones, ¡ay!, apagan la sed d¿ Cristo con los latidos más íntimos de su amor...; y cuántos, cuántos, ¡oh tristeza!, no sólo le niegan el cariño que por tantos títulos le pertenece, sino que se empeñan todavía en amargar los labios purísimos y el Corazón amoroso de Jesús dándole de beber hieles de odios y de impurezas...
Esa fué la mayor tortura de Jesús cuando agonizaba pendiente de la Cruz: ver la ingratitud, el olvido, la perfidia de aquellas turbas sedientas de su Sangre inocente, después de no haber recibido más que beneficios y favores sin cuento de manos del Dulce Redentor...; y esa es también ahora, en su Vida Eucarística, la pena que entristece y aflige su Divino Corazón: sentir la indiferencia, la maldad de los hombres, por quienes está prisionero voluntario de amor...
¡Tengo sed!... ¡Tengo sed!
Es el grito intenso, constante, íntimo, que brota del Tabernáculo y se difunde por todas las latitudes de la tierra para atraer corazones hacia El; grito al que nosotros debemos corresponder yendo resueltos al Sagrario a ofrecerle a Jesús nuestros corazones, para que sacie su sed de amor en ellos y nos dé, en cambio, a beber, en la fuente inagotable de su Costado abierto, el agua purísima de la Divina Gracia, que nos transforme de trozos de barro vil que somos, en fibras vivas y palpitantes de su mismo Sagrado Corazón.
Jesús Galbis
Plegaria a Cristo Crucificado
De paz y amor los plácidos senderos
desde la Cruz, ¡oh Cristo!, nos señalas
cuando el postrer aliento en ella exhalas,
ante el pasmo de abismos y luceros...
No permitas, Señor, que instintos fieros
de pasiones indómitas y malas,
de sangre y odio, manchen nuestras alas...
¡Conviértenos de lobos en corderos!...
Haz que el mundo retorne a tus caminos
en un arranque heroico de cordura,
que borre sus fatales desatinos...
Y de tu Cruz descienda el aura pura
de la paz con destellos diamantinos
sobre este triste valle de amargura.
Jesús Galbis
Valencia, Semana Santa de 1947

Valencia honra a su Patrón
San Vicente Ferrer
El lunes que sigue a la semana de Pascua celebra la región valenciana, con cristiano fervor y popular alborozo, la fiesta de su Patrón San Vicente Ferrer.
Tanto en la capital como en todos los pueblos de la región, el entusiasmo popular se desborda en múltiples y fervorosas manifestaciones, que dicen bien a las claras cuán arraigada está en el alma de los valencianos la devoción y gratitud que profesan a su egregio paisano y bienhechor.
La foto representa una procesión con la imagen del gran apóstol valenciano por las calles de la capital.
Meditación de Jueves Santo
Duelo entre la Muerte y la Vida
El marco.— Jerusalén está en plena fiesta. Sus calles llenas ele forasteros, que han venido de los más apartados lugares del Imperio... Todos han acudido atraídos por la gran Pascua judía; pero no todos están animados de las mismas disposiciones: muchos sí vienen a orar en el templo de Jehová, y al recordar la liberación del cautiverio egipcio llorarán la nueva dominación en que yace el pueblo de Dios bajo poderes extranjeros, a la vez que pedirán llegue pronto el nuevo Libertador que les ayude a sacudir el yugo extraño; otros han acudido con el afán de lucro, que se prometen con la gran aglomeración de peregrinos; no faltan tampoco quienes confían mejorar o afianzar su posición política al contacto con los poderes actuales, sin hacer escrúpulo de la legitimidad de sus títulos; menudean también los mendigos y los enfermos; aquéllos confiados en la caridad de los buenos israelitas; éstos traídos con la esperanza de verse en la presencia del Profeta de Nazaret y recuperar la salud...
Jerusalén está de fiesta. Por doquiera se ven grupos que, tras los saludos reglamentarios, comentan la situación del momento, ocupando lugar preferente el comentario sobre los milagros y predicación de Jesús, el hijo del carpintero de Nazareth. Unos le defienden; otros le contradicen sañudamente; muchos se encogen de hombros, cual si pudieran permanecer neutrales frente a su extraordinaria personalidad. Pero todos presienten que aquella Pascua va a ser decisiva para la suerte del pueblo escogido...
En el Cenáculo.— Es ya anochecido y Jesús se ha sentado a la mesa con sus doce discípulos para comer el cordero pascual. Es grande la emoción de todos. El mismo Jesús no la ha podido ocultar y lo ha manifestado desde el principio: Con deseo vehemente he deseado comer esta pascua con vosotros. Los apóstoles se hallan presos de los más contrarios presentimientos. ¿Se cumplirán al fin sus promesas? ¿Será cierto que caerá en poder de sus enemigos v le crucificarán como a un esclavo? ¿Su poder divino no realizará un prodigio que confunda a los enemigos del pueblo y una a todos los fieles adoradores de Dios, instituyendo definitivamente su Reino?... ¿Será posible que esté entre ellos el traidor que le ha de entregar?... ¿Cómo compaginar tanto poder y majestad, tanta seguridad y dominio de sí y sus palabras, con el fin tan desastroso que se les anuncia?...
Pero como Jesús amase a los suyos, les amó hasta el extremo. Y después de terminada la cena pascual, tomó pan, lo bendijo y, dándolo a sus discípulos, les dijo: Tomad y comed, esto es mi Cuerpo... Jesús dice con esto a la humanidad entera: Este es el Pan de la Vida, el que coma de él vivirá eternamente.., En primer término están los apóstoles; tras el espacio y el tiempo todos los hombres y todas las generaciones. A todos ve Jesús, a todos habla, a todos invita al banquete del Pan de la Vida.
En el Sanedrín.— Los directores del pueblo judío están hondamente preocupados. Los milagros y predicación del Nazareno compromete su prestigio ante el pueblo. ¿Aquella entrada triunfal del domingo no se repetirá con caracteres más apoteósicos en el día álgido de la Pascua? Mientras le tengan presente no podrán descansar. Todos van tras El. Hay que eliminarle, y cuanto antes, mejor. ¿Por qué no aquella misma noche? El sumo pontífice Caifás tiene razón: Es conveniente que muera uno por la salud de todo el pueblo. Pues no hay que perder tiempo: Venid y cortemos el árbol con su fruto y eliminémosle de la tierra de los vivos y que su nombre no se recuerde más (Jeremías).
En la Pascua anterior.— Jesús no había subido a Jerusalén y multitud de galileos le seguían ávidos de sus enseñanzas. En el desierto alimenta milagrosamente a varios miles de perspnas que, entusiasmadas ante tal prodigio, quieren a la fuerza hacerle rey. Pero Jesús se opone a su plan materialista y les habla del alimento espiritual que ha venido a darles. No es pan de la tierra, sino pan del cielo, el que les quiere dar. El que come pan de la tierra muere; el que coma el pan descendido del cielo vivirá eternamente. La muchedumbre se desilusiona ante este anuncio; ve rodar por el suelo su ilusión de tener con un taumaturgo como Jesús resuelto el problema económico de esta vida. Jesús insiste y conmina: Si no comiereis la carne del Hijo del hombre no tendréis vida en vosotros... El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día. Aquellos galileos groseros le abandonan, porque les promete pan del cielo que da vida eterna... Ellos prefieren esta vida terrena y el pan material que la sustenta...
Epílogo. — Dice San Juan: En él (en Jesús) estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, mas las tinieblas no la recibieron. Es el lúgubre estribillo que se repite en todo el Evangelio de Jesús. Jesús ha venido para que el hombre tenga vida y vida sobreabundante que salte a la eternidad, pero el hombre prefiere la vida de los sentidos y de la carne corruptible, que termina en la muerte.
Por eso, cuando Jesús da pan de la tierra, aunque milagroso, le quieren proclamar rey; y cuando les promete pan del cielo le abandonan. Un año después, cuando Jesús dice: Tomad, comed el Pan de la Vida; ellos responden: Venid, matémosle y no quede memoria suya sobre la tierra.
La Muerte y la Vida —cantará la Iglesia— se han trabado en tremendo duelo; el Caudillo de la Vida ha sido muerto; pero he ahí que reina vivo.
Fr. José Antonio Arnau, ofm
Benisa, marzo 1947.
Palabras de Pio XII
«Confiamos que los católicos no tolerarán ser vencidos en liberalidad por los sectarios, que se muestran tan espléndidos en contribuir por su parte a la dilatación de sus errores.»
«Convenzámonos de que nadie debe ser tenido por tan pobre y desnudo, nadie por tan débil, hambriento y sediento, como el que carece de conocimiento y de la gracia de Dios.»
(Pío XI, Rerum Ecclesiae)
Los prodigios de La Codosera
Hace dos años comenzaron a manifestarse en un humilde pueblecito de Badajoz, La Codosera, ciertos prodigios celestes que están llamando poderosamente la atención dentro y fuera de España. De ellos, y con carácter meramente informativo, vamos a dar cuenta a nuestros lectores, y queremos prevenirles de que, antes de pergeñar estas líneas, hemos visitado aquel pueblo, ateniéndonos en esta narración a lo que es meramente histórico y tenemos como moralmente cierto.
Empiezan las apariciones
La primera afortunada vidente de la Santísima Virgen fué Marcelina Barroso, niña de diez años y medio, que en la tarde del 27 de mayo de 1945 se dirigía, en unión de una amiga suya, hacia unas casas de la linde misma de Portugal a cumplimentar un encargo de su madre. Habían andado unos 3 kilómetros cuando, al pasar por el campo de Chandavila, divisó un bulto negro junto a un enorme castaño, distanciado unos 60 metros del camino. No hizo caso. Pero a la vuelta, como persistiese el extraño objeto, empujada por una fuerza interior se acercó más para ver qué podía ser. Quedó inmóvil, confusa, extática, sin poder pronunciar palabra, cuando, al irse arrimando, vió clarearse la figura de la Santísima Virgen de los Dolores, con su manto negro recamado de estrellas y su rostro maternal divinamente triste. Al desaparecer la visión, comprobó con su compañera que no había nadie por aquellos alrededores.
(De Foros de la Virgen)
En un principio guardó silencio la niña. Pero por la noche le contó el caso a su madre, y muy pronto corrió la voz por todo el pueblo.
Hasta el día 4, por la mañana, no volvió a tener Marcelina otra aparición. La Virgen le advirtió entonces que a primera hora de la tarde acudiera a aquel mismo lugar. Y allí, ante más de un millar de personas, sucedió el siguiente prodigioso hecho:
Colocada la niña unos 60 metros del castaño, vió en el azul del cielo a la Virgen Dolorosa que fue descendiendo poco a poco hasta colocarse delante del castaño, según la vió la vez primera. Invitó a Marcelina a que anduviera de rodillas el trecho que la separaba de ella, diciéndole: «No temas. No te pasará nada. Yo iré poniendo yerbas delante de ti para que no te hagas daño.» Y así fué, porque a pesar de que el suelo se hallaba entonces, y está todavía, cubierto materialmente de malezas, piedras y erizos de castañas, en sus rodillas no se descubrió ni la señal del más leve rasguño. Al acabar el recorrido, dice la niña que la Virgen la abrazó y la besó en la frente.
Otra de las personas que ven a la Santísima Virgen
A los pocos días de la primera aparición, el 30 de mayo, entre las personas que se hallaban en el lugar del prodigio estaba una mujer del pueblo llamada Dolores Lucio, de estado casada. De pronto ve en lo alto del cielo una cosa oscura y alargada, que paulatinamente se fué definiendo hasta aparecer claramente la figura de la Madre de Dios. Dolores cayó desmayada.
Al día siguiente y el 3 de junio volvió a presentársele. Pero el hecho más importante le acaeció el día 17 del mismo mes.
En este día se le aproximó tanto la visión que pudo contemplar muy bien la honda expresión de amargura del rostro de la Virgen Dolorosa. Movida de un impulso interior, se levantó y echó a andar de espaldas, con las manos juntas y la cabeza dirigida hacia lo alto, sin tropezar ni caer, a pesar de lo accidentado del terreno, recorriendo así un cuadrado perfecto de 15 metros de lado. Se detuvo por fin, y sonriéndole la Santísima Virgen, desapareció. Este hecho fué presenciado por numerosas personas que dan testimonio de él.
Otra vidente, Afra Brígida Blanco
(De Foros de la Virgen)
Esta joven de diecisiete años no creía en dichas apariciones. Pero el día 31 de mayo —fiesta del Corpus—, habiendo ido con unas amigas a Chandavila más bien en plan de paseo que de devoción, estaba mirando al cielo, cuando ve que detrás de una nube aparece el perfil de la Dolorosa con el rostro vuelto hacia la derecha. Ella gritó: «¡Dios mío¡», y desmayada la condujeron a casa.
El día 17, cuando los hechos de Dolores, vió después de ésta a la Virgen, que le dijo: «No temas, hija mía. Yo, en las horas de más angustia de fu vida, estaré siempre a tu lado.» Le mandó que besara a Marcelina y lá persignara, y que volviera al día siguiente, como lo hizo.
Lo más sorprendente en esta joven es que lleva impresos en sus manos los estigmas de la Pasión del Señor, que sintió por primera vez en una visión de la Crucifixión. Es también depositaría de secretos que le ha revelado la Santísima Virgen y ha brotado en ella, desde los acontecimientos a esta parte, la vocación al claustro.
Muchas otras personas testifican los prodigios celestes
De todas las personas que en La Codo-sera han visto a la Santísima Virgen, Marcelina, Dolores y Afra parecen ser las más favorecidas, pues no solamente la ven, sino que también ella les habla.
Otras han presenciado estos prodigios de distintos modos y en muy diferentes ocasiones, circunstancias que remueven toda sospecha de alucinamiento o sugestión.
Manuel Pulido Blanco trabajaba solo en la era cuando vió representarse en el azul del cielo el paisaje de Chandavila, y en medio de los árboles del centro una blanca ermita. Después vió a Cristo Crucificado, y últimamente a la Virgen Dolorosa.
Luis Olmo Amores tuvo también una visión muy parecida en pleno campo.
Francisco Pérez Bonacho, de sesenta y cuatro años, al pasar con sus cabras por Chandavila vió a Nuestro Señor con la cruz a cuestas y tras El a la Santísima Virgen. Creyéndose víctima de una ilusión, se restregó hasta por cuatro veces los ojos para cerciorarse de la verdad, y allí siguió la aparición durante un cuarto de hora.
En otra ocasión, cuatro cabrerillos vieron a la Virgen sobre el castaño. Atraído por las voces que daban éstos, acudió también José Margullón Cabella, casado, de treinta y dos años, que allí cefca se dedicaba a sus faenas, y también vió la aparición.
Desde la plaza del pueblo, el día de San Juan, observaron varias personas los prodigios celestes.
Ahora es el párroco y varios vecinos de Vilar del Rey, congregados en Chandavila. O ya son los de Salorino o parte de los que componen la peregrinación de Montijo. O es una de las jóvenes de Acción Católica de Badajoz que acudieron a Chandavila. O es una inocente niña de cinco años la agraciada con la sorprendente aparición de Nuestra Señora.
Nos haríamos interminables si enumeráramos —ya es una imposibilidad— todas las personas que han tomado parte en estos prodigiosos hechos.
Qué quiere la Santísima Virgen
Como en otras apariciones similares, la Santísima Virgen, al aparecerse a los humanos, trae su misión providencial. Hasta el presente, que sepamos, ha pedido a las videntes que se rece diariamente el Santo Rosario; que se cambie de vida y se haga penitencia por los pecados; que se construya un Vía Crucis y se celebre el Santo Sacrificio en aquel lugar. También ha expresado de varios modos su deseo de que se levante en aquel sitio un santuario dedicado a Nuestra Señora de los Dolores.
¿Responde el pueblo a este llamamiento?
Si hemos de juzgar por los efectos saludables que se notan en La Codosera, teatro de tantas maravillas, diríamos que semejantes hechos no pueden tener su origen en el padre de la mentira, sino en una intervención amorosa y directa de la Madre de Dios.
La Codosera, antes de dichos acontecimientos, era un pueblo creyente, sí, pero indiferente y frío, donde no se frecuentaba la recepción de los Sacramentos, sobre todo entre los hombres, como sucede en otros pueblos de Extremadura. Hoy día hay más de setenta hombres alistados a la Cruzada Eucarística, comprometidos a confesar y comulgar cuatro y cinco veces al año. Asimismo se nota una reforma de las costumbres en general y un considerable aumento en la vida de piedad.
En toda España se habla también de este humilde y hasta ahora ignorado pue-blecito, adonde llegan constantemente noticias de gracias y curaciones realizadas por mediación de Nuestra Señora de Chandavila y por la fe puesta en las hojas del castaño donde se apareció por vez primera.
Impacientes sus devotos porque se cumplan cuanto antes los deseos de la Santísima Virgen, se han aprobado los planos y se ha comenzado a edificar el gran santuario mañano con los donativos que dan los fieles con este piadoso fin.
Los incrédulos
En La Codosera ya no hay incrédulos. Ha sentido este pueblo el ramalazo de lo divino, digámoslo así, y vive bajo la impresión de lo sobrenatural y acata, sumiso y confundido, los designios misericordiosos de Dios Nuestro Señor.
Algunos que en un principio pasaron de un helado escepticismo a la blasfemia impía y grosera, sufrieron muy pronto el castigo de lo alto. Al menos es voz común entre el vecindario.
Un joven que, al atravesar el campo de Chandavila haciendo mofa de las apariciones, pronunció una blasfemia, murió de repente al siguiente día.
Un segador habló mal de la Virgen cuando pasaba por el mismo lugar, y quedó cubierto de repugnantes úlceras.
Una mujer portuguesa, en el instante en que dijo unas frases irreverentes, quedó ciega, recobrando la - vista después de arrepentirse y hacer la promesa de venir a Chandavila.
Qué dice la Autoridad eclesiástica
Hasta ahora la Autoridad eclesiástica ha guardado una prudente reserva. Observa, calla y aguarda a que los acontecimientos sigan su cauce natural. Por personas competentes se han efectuado diversos y repetidos informes, y todo se archiva y se conserva con el debido cuidado.
Nosotros, mientras esperamos el fallo definitivo de la Santa Iglesia, saquemos las debidas conclusiones. Alegrémonos de que María Santísima, nuestra dulce Madre, ponga sus ojos de bondad sobre esta tierra española, constelada ya de tantos santuarios marianos. Y Sobre todo propongámonos, amantes y agradecidos, una eficaz y total enmienda de nuestra vida. Sólo así nos haremos acreedores a gracias tan extraordinarias y podremos merecer el título —prenda de predestinación— de verdaderos devotos de María.
Fr. Antonio Corredor, ofm
Nuestra Señora de los Dolores en La Codosera
| ¡Oh Virgen de los Dolores, mi adorada Madrecita! ¿Qué buscáis en ese campo agreste de Chandavila? En un castaño se os ve de luto toda vestida, con el manto recamado de estrellas de luz muy viva. Conversáis amablemente primero con una niña muy humilde y muy modesta, la inocente Marcelina, a quien habéis distinguido con las más tiernas caricias, un fuerte abrazo y un beso impreso en su frente limpia. Más de una vez aún volvéis allí, triste y afligida, acompañando a Jesús, que al Calvario se encamina. Pedís con mucha insistencia la reforma de la vida, según la Ley del Señor y lo que la Iglesia dicta. Del Santo Rosario al rezo de nuevo exhortáis solícita, como ya recomendasteis allá en la Cova de Iría. |
Dolor, pena y privaciones al hombre de hoy intimidan, que busca sólo placeres, diversiones y alegrías. Para animarle a sufrir queréis tenga ante su vista los tormentos de Jesús y vuestra pena inaudita. Rogáis, pues, que del Vía Crucis las estaciones se erijan en aquel mismo lugar o campo de Chandavila. Que allí también se celebre la santa y augusta misa, el sacrificio expiatorio que de Dios aplaca la ira. Vuestras ansias, ¡oh Señora!, han quedado ya cumplidas, y hasta se halla en construcción la iglesia que allí os dedican. ¡Tiernos y finos amantes de esa Madre Dolorida, acompañadla en sus penas y cumplid cuanto Ella os diga! El que con Ella llorare tendrá, luego eterna dicha, y entretanto aquí en la tierra gozará de sus caricias. |
¡Aleluya, Aleluya!
Asi canta y se expresa nuestra Santa Madre la Iglesia al conmemorar la Resurrección del Señor. «¡Aleluya, Aleluya!», palabras éstas que se repiten infinidad de veces en todo el orbe católico. Canto de alegría pascual y voz que usa la Iglesia como demostración de júbilo.
Y se repite tantas veces porque en este tiempo todo es alabanzas, bendiciones y glorias; porque simboliza el tiempo de la eternidad, en el que todo es gozo y alegría en la eterna Bienaventuranza, como vaticinó David (Salmo 17). Es un cántico en el cual está cifrada toda la dulzura y melodía.
El profeta Ageo ya usaba de esta dulzura; pero David, más antiquísimo que éste, concluía muchos salmos con Alleluya, por lo que San Agustín los llama Alle-luyáticos. San Juan oyó cantar ante el Trono de Dios Alleluya. Tobías el viejo, lo mismo. Aquellos veinticuatro ancianos, postrados, repetían y cantaban Alleluya. San Agustín le llama Dulce celeuma nostram. Nuestra Madre la Iglesia lo acomodó en la música al género de canción más suave, en la forma de muchos puntos, al modo de las interjecciones latinas; que aunque por sí no significan, denotan los afectos del alma, encendida en la alegría que la señorea, por lo que dice Jeremías: a, a, a, Domine nescio loqui; quia puer ego sum.
Esta hermosa palabra tiene varias simbólicas interpretaciones, que le dan los Santos Padres conservando su nativo ser hebreo. San Jerónimo dice: Caritate laudemus Dominum. Honorio se expresa así: Laudate Deum... Comestor: Laudate universalem. San Gregorio acomoda las sílabas de esta voz a la Santísima Trinidad: Alle pater lux, tu Filius vita ya Spiritus Santus saius. Y el Altisidorense halla cifrada la Alleluya en la Pasión y Resurrección del Señor: AL, Altisimus, LE, levatus est in cruce, LU, lugebant Apostoli, YA, jam surrexit. San Germán nos dice: AL, venit, LE, Deus, LUYA, laúdate omnes. Santiago mandó que antes del Evangelio se cantara el Alleluya, y que, incensando el altar, se dijera Alleluya Patri, Alleluya Filio, Alleluya Spiritu Sancto, según consta de su Liturgia y Tradición Apostólica.
En la antigüedad se decía todo el año Alleluya, aun en los funerales y entierros, hasta que San Dámaso mandó que no se dijese en estos actos, ni tampoco desde la Septuagésima a Pascua. Y para suplir esta fp.lta y celebrar este ciclo glorioso, dispuso este santo Pontífice que se repitiese tantas veces en los.días que hay desde Pascua de Resurrección a la de Pentecostés. San Gregorio intercala en algunas partes de la misa estas palabras, y desde la lejana época de este Santo el Domingo de Pascua, en la iglesia de San Pedro, en Roma, se entonan solemnísimos Alleluyas, congregándose con este motivo, con gran observancia y devoción, el pueblo romano.
* * *
En fin, amado lector, no quiero cansarte más con tantas exposiciones y citas que, a este particular, nos dan los Profetas, los Santos Padres y los Doctores de la Iglesia.
Basta como botón final las grandes interpretaciones y la bellísima polifonía sacra de todos los autores de todos los tiempos, que tan místicas y profundas notas han pautado al exponer musicalmente la belleza de esta hermosa palabra, que tanto repite y canta nuestra Santa Madre la Iglesia durante el tiempo Pascual.
Moreno Royo
(De El Mundo)
Los altares dedicados a San Vicente Ferrer
La colocación de estos altares en la vía pública en honor de San Vicente data de poco tiempo después dé la canonización del mismo. Hasta bien entrado el siglo XIX eran muchos los altares que se instalaban. Después fueron disminuyendo, hasta quedar los actuales, que han venido sosteniéndose por piadosas cofradías.
La representación de milacres es mucho más posterior. En los primeros altares se recitaban loas al santo, mezclándose los romances déclamatorios con los villancicos y las coplas. Eran unos altares sencillamente hechos con telas. Los milacres aparecen en la centuria décimonovena, y no se desdeñan de escribirlos los mejores escritores. Don Vicente Boix, cronista que fué de la ciudad, uno de los escritores de mediados dél siglo xix más destacados, historiador, novelista, catedrático, precursor del movimiento renacentista literario, dejó escritas varias de estas comedietas, cuyo tema era siempre uno de esos sucesos milagrosos en que tan pródigo era el Patrón del reino de Valencia.
En algunas de esas producciones literarias se refleja el estado social de la ciudad. Bien sabido es que la nobleza hallábase dividida en dos bandos, que dirimían sus diferencias allá donde se encontraban. Esto producía una situación de gran desasosiego, porque muchas veces la sangre corría por las calles. Los Jurados de la ciudad hicieron venir a San Vicente para que procurase armonizar a unos y a otros, más soliviantados en aquellos momentos porque, al morir sin sucesión directa el rey Don Martín, para ocupar el trono uno de los bandos se declaraba partidario del conde de Urgel y el otro» del candidato castellano Don Fernando, que fué el reconocido por el Compromiso de Caspe. San Vicente logró lo que no había conseguido nadie, ni los monarcas, que cesasen los bandos para siempre. Y este hecho, como hemos dicho anteriormente, lo vemos reflejado en la mayoría de los milacres.
De los actuales altares, el más antiguo es el de la calle del Mar, que data del siglo XV.
Noticias
Nuncio Apostólico franciscano
Fr. J. M. Emilio Castellán, O. F. M., ha sido nombrado Nuncio Apostólico de Su Santidad en las Repúblicas centroamericanas de Guatemala y El Salvador.
Filman en Guatemala la vida de un misionero franciscano español
La Guardián Films ejecuta la primera película de largo metraje que se produce en Guatemala, dedicada a ensalzar la labor misionera y civilizadora realizada por el siervo de Dios Fr. Pedro de Bentancourt en aquellas selvas tropicales. El objetivo recoge los mismos lugares santificados por el glorioso misionero franciscano en sus largos años de apostolado. La parte principal en el film corresponde al actor Crespo y a los técnicos Virgil E. Zetter y Clarence A. de Lima. La iniciativa se debe al presbítero Louis A. Gales, director de The Catholic digest, de St. Louis.
El P. Buenaventura Uriarte
Como premio a la labor realizada en su ministerio misional en América, el Gobierno español ha tenido a bien conceder la encomienda de la Orden de Isabel la Católica al P. Buenaventura Uriarte, Vicario Apostólico de Ucayali (Perú).
Un franciscano español Comisario para las Misiones de Suez
Ha sido nombrado por la Santa Sede para desempeñar el cargo de Comisario general para las Misiones del canal de Suez el P. Gabino Martín Montoro, hijo de Mora de Toledo. Cuenta sesenta y dos años de edad y es una de las figuras más ilustres de la Orden Franciscana. Fue
Procurador de Tierra Santa a los treinta y ocho años y el primer español que ostentó dicho cargo, y ha sido recibido varias veces por el Papa. Habla doce idiomas y posee varias condecoraciones nacionales y extranjeras. (Cifra.)
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