La luz de las estrellas
Después de la ceremonia de la Purificación de la Virgen y de la Presentación de Jesús en el templo, la Sagrada Familia regresó a Belén, donde había nacido Jesús.
El divino Infante, la misma noche de su aparición sobre la tierra, había sido adorado por los pastores de los contornos de Belén, avisados por el ángel, en la paz serena e inalterable de la noche. Los pastores eran como las primicias de Israel; los Magos, advertidos por la estrella, representaban las primicias de la gentilidad.
Estos sabios de Oriente habitaban, dice Lesetre, en aquellas llanuras inmensas, en las cuales el espectáculo de los cielos se manifiesta en todo su esplendor, y donde la pureza del aire da a las estrellas un brillo desconocido entre nosotros.

(De La Tercera)
En nombre de Mago equivalía a grande o ilustrado, aunque propiamente, entre los persas, designaba la casta sacerdotal. Eran varones eminentes en astronomía, astrología y en las ciencias ocultas y casi siempre seunían la doble condición de sabios y sacerdotes. Vinieron de Oriente, tal vez de la Persia y de la Arabia. El camino que habían de seguir era largo, desierto y peligroso y casi único, interrumpido por los Khans o posadas, para refugio y descanso de las caravanas. En alguna de éstas debieron encontrarse los Magos y, en número de tres, según la tradición, emprendieron juntos el camino de Jerusalén, capital de Judea.
Una creencia popular, también muy antigua les da el título de reyes. Sea de ello lo que fuere, es indudable que eran hombres piadosos, timoratos, sabios y nobles, tal vez principales, o emires, con algún atributo de la realeza, y, aunque no estaban unidos al Mesías por los vínculos de la carne, lo estaban por los de la fe y el amor. Por esto, Dios ejercitó una providencia especial sobre ellas para que, con sólo la aparición de la estrella, conociesen que había nacido el Rey de los Judíos.
Mucho se ha discutido sobre la naturaleza de esta estrella. Según algunos, fué un meteoro móvil, transitorio, un fenómeno sobrenatural, como la nube de fuego, que guiaba a los israelitas por el desierto. Los antiguos ya tenían presentimiento de una nueva era para el mundo, de la que Judea había de ser el punto de partida, por lo que los Magos, guiados por la estrella, que vieron en el cielo y por la estrella de la fe, de la gracia y de la divina inspiración, emprendieron, sin titubeos, el camino hasta que llegaron a Jerusalén.
Herodes se turbó y con él toda Jerusalén. No pudiendo dudar de la aparición de la estrella, y creyendo su trono en peligro, quiso salir de dudas. Preguntó a los principes de los sacerdotes y a los escribas de! pueblo dónde había de nacer Cristo. Enterado por ellos de que había de nacer en Belén, lo dijo así a los magos y les hizo el encargo de que se cerciorasen bien de todo cuanto se refería al niño, porque también él quería ir a adorarle.
Sin más poremnores que las instrucciones de Herodes, salieron los Magos de Jerusalén y, al instante, se les apareció la estrella. ¡Qué alegría, al verla de nuevo. Ellá les guió hasta Belén y se detuvo sobre la casa que habitaba la Sagrada Familia, y, entrando en ella, encontraron al niño con María, su madre, y, postrándose, le adoraron, besándole la mano, según la costumbre de los orientales.
¡Qué fe tan grande la de los Magos! En lugar de un palacio, encontraron una pobre casita; en lugar de riquezas y magnificencia deslumbradoras, pobreza y abandono. A pesar de ello, postrándose, le adoraron y le ofrecieron oro, incienso y mirra; con el oro, le reconocía» como rey; como el incienso, como Dios, y con la mirra, como hombre.
Avisados por Dios, en sueños, que no volviesen a Jerusalén, regresaron, por otro camino, a su patria, donde, durante toda su vida, guardaron 1as más dulces emociones de su viaje.
* * *
Los Magos, guiados por la estrella, nos dan un hermoso ejemplo de fidelidad a las inspiraciones divinas y de obediencia a la voluntad de Dios. Una vez vista la estrella, la siguen sin desfallecer y nada les arredra: ni lo largo y penoso clel viaje; ni las . incomodidades y los peligros; ni la incertidumbre de lugar.
Lo mismo hemos de hacer nosotros: seguir la estrella de la voluntad divina y sujetarnos a la Providencia, sin pensar ni en el camino, ni en el término; sólo esto puede llevarnos a Dias, a la paz en esta vida y a la gloria en la otra. Y, si, alguna vez se esconde la estrella, obscurecida por las dificultades, así materiales como morales de la vida, hagamos lo que los Magos: preguntemos y consultemos a los que hacen las veces de Dios en la tierra, que por ellos nos responderá el Señor hasta que, con nuevo gozo de nuestra alma, vuelva a lucir la estrella y se disipe la tribulación.
D. Pedro Ginebra Espona, Pbro.
Licenciado en Sagrada Escritura.

Llora Dios y rie su Madre
Llora Dios y ríe su Madre
y dice con regocijo:
Mientras mas te miro, Hijo,
más pareces a tu Madre.
Lloraba el Niño y gemía,
dentro de un pesebre puesto,
por disimular con esto,
lo que al Padre parecía,
mas como es sabia la Madre,
conocióla treta, y dijo:
Mientras más te miro,
Hijo, más pareces a tu Madre.
Aunque el Niño disimula
su gloria y divinidad,
cubierto de humanidad
entre un buey y entre una mula,
no por aquesto la Madre
le desconoció, pues dijo:
Mientras más te miro,
Hijo, más pareces a tu Padre.
Hijo, bien disimulado
(le dice) estás, más empero
por entre el sayal grosero,
se te ve el fino brocado.
Desto, pues, ríe la Madre
y dice con regocijo:
Mientras más te miro.
Hijo, más pareces a tu Padre.
Damián de Vegas (S. XVII)
La ofrenda de los Magos. Apuntes y notas
Oro.—Abrieron los Magos el primero de sus cofres, y en el fondo de sus corazones se apagó el deseo. Perlas pescadas por arriesgados etiopes, piedras de colores extraños traídas de Oriente por mercaderes intrépidos, púrpura chipiota, ámbar de remotas regiones heladas y tenebrosas, coral sonrosado y marfil de las entrañas de África. Metales tallados por exquisitos artistas, nácar como leche y brillantes de mil luces. Todo lo que la voluptuosidad apetece se encerraba en aquel cofre de delicias.
Dios contempló en él todos los pecados de los hombres y aceptó el presente de los Magos. Desde entonces, El había de ser el pecador inocente, el justo culpable. ¿Qué le habían ofrecido sino las miserias de la tierra, qué había aceptado, sino el escándalo de los pueblos?
Incienso.—Abrieron los Magos el segundo de sus cofres, y en él fondo de sus almas renació la esperanza. Los prebeteros estaban repletos de aromas. Los perfumes más cbdiciados, hierbas aromáticas/maderas olorosas. El áloe de olor penetrante y embriagador, el alcanfor ardiente y el voluptuoso estoraque. I7 el incienso de olor delicado.
Dios adivinó el Leviatán tras las delicias y al Evangelio tras los regalos. Las sugestiones, Los pecados del que piensa y del que maquina. Todo lo envuelven las sombras de la noche, y la inquietud de la infamia.
Mirra.—Abrieron los Magos el tercero de sus cofres, y en el fondo de su ser se encendió el amor. Bálsamos y óleos de extrañas virtudes. Ungüentos preciosos confeccionados con substancias exquisitas. La nuria, la casia y el cinamomo, el ónice y el gálbano. Los más preciados aceites de ungir destilaban por las manos de los Magos. El nardo y el jazmín ungían sus dedos.
Dios aceptó el regalo de la impureza. El concebido sin mancha, el que negaba con su pureza el pecado de Adán, quiso cargar con la infamia de la concupiscencia y con el dolor de la contradicción humana.
Fue ofrenda de pecados que la humanidad desazonada le hizo.
Sé misericordioso y acepta el oro de nuestras virtudes, el incienso de nuestras oraciones, la mirra de nuestra pureza, porque nada de ello será mérito si Tú, Rey, Dios, Hombre, no lo presentas a Aquél que al ser ya era.
E.
Paginas de Historia Franciscana
Dos monumentos de piedra
Ocho siglos estuvo España ocupada por la dominación musulmana. La historia por una parte le agradece a la morería la enseñanza del cultivo, la artesanía, etc., especialmente desde lo alto del litoral levantino hasta los últimos rincones de la baja Andaucía; pero la Cristiandad, sin la cual no se comprende la historia española, sólo le debe, en un caso, la fuerza que da a los espíritus escogidos cara a cara a la apostasía y el sacrilegio para salir a combatirlos.
Así ocurrió desde el momento glorioso de la Cueva de Covadonga, y en el medio de la reconquista llega un monarca, terciario franciscano, Jaime I de Aragón, a penetrar por el norte de la plana castellonense con dirección a aquella Valencia la Clara del Mío Cid otra vez bajo el poder de la media luna. Es un trozo de poesía épica, pero por serlo realidad, que en medio del sonar del choque metálico de lanzas y espadas, se oyera el rozar de los largos rosarios de los frailes. Y así es, mientras llega una avalancha de guerreros primero se ve, luego, una doble columna de hábitos grises y blancos—penitencia y santidad— que se extienden unos por la orilla del mar y los otros, paralelamente, se acercan a la ciudad desde el valle de Toliu.
Son las dos Ordenes que empiezan a evangelizar por Levante: los franciscanos y los mercedarios. Los hijos del Serafín de Asís se adelantaron de tal manera que en lo que hoy es la Plaza de la Reina (ciudad), siendo aún mora Valencia, fueron decapitados dos de que hicieron el riesgo de entrar en ella a evangelizar. En 1238 ya era cristiana. Luego, siempre fueron nuestros reyes cristianos protectores de las órdenes misioneras. La reina doña María, esposa de Martín el Humano, fundaba el tercer convento franciscano en España: Santo Espíritu del Monte. Primer monumento seráfica en Valencia. La intención de la Reina venía como anillo al dedo a los hijos del gran evangelizador San Francisco de Asís; el convento que alzaba era destinado para esa labor tan del espíritu, del Santo. Y empezaron a salir apóstoles de él.
Antes se reconquistó la tierra por las, armas, ahora había que reconquistar mucho más con la doctrina puesto que se trataba de ese terreno inmedible de las almas. Como lógico debiera de haberse empezado desde la base, no por desconocerla, sino por reafirmarla que siempre es preciso, pero la infiltración del protestantismo urguió exponer la doctrina por sus cúspides de los dogmas frente a la herejía. Esto rompe la firme labor de los misioneros. Vencido Lutero en la fe española vuelve a plantearse el problema como al principio, una formación pedagógica, como semilla para el cedro, como huevo para un cóndor. Se trabaja intensamente, hay concilios especialísimos y por fin del de Tortosa, de donde salen la colección de catecismos valencianos, siguiendo su canon establecido en 1429, aparece en 1740 uno que llega a resolver la misión tan anhelada, «Catecismo Breve de la Doctrina Cristiana», cuyo autor salía de aquella paz conventual de Santo Espíritu del Monte: el Padre Vives.
Lo interrumpido por el protestantismo vuelve a su vida en este momento en que, Dios mediante, pronto, se verá con los ojos del cuerpo levantarse otro monumento seráfico, dentro de ese otro que alzó una Reina, por la tarea benemérita de los Caballeros Cruzados de Santo Espíritu, pero que, en verdad, los ojos del alma ya vieron alzarse desde aquellos días en que el Padre Fray Pedro Vives recorría los pueblos valencianos enseñando por las plazas y los -campos las imperecederas palabras: «¿Para qué fin fué creado el hombre?»
Sobre una piedra asentó Cristo su Iglesia, sobre dos monumentos de piedra se hizo símbolo y vida sus designios en e;l valle del Tolín: el convento y el Padre Vives.
Salvador Riera Terciario Franciscano.
Consultorio religioso
Fray Agnello, he oído decir que para santificarse es preciso ir a la parroquia. ¿Es cierto?...
¿Por qué no le pregunta usted al que se atreve a formular tal error que en qué bases se apoya? Decir que para santificarse haya necesariamente que acudir a la parroquia, es sacar las cosas de quicio; es sentar afirmaciones escandalosas; es opinar contra la Madre Iglesia, y es contradecir la doctrina y la práctica de los verdaderos teólogos y de los fieles cristianos. ¿Valen, menos los sacramentos recibidos en otras iglesias? ¿Son menos eficaces las oraciones rezadas en otros templos? ¿Es menos apta la dirección que dan los sacerdotes del clero regular? Pues entonces...
* * *
¿Haría el favor, Fray Agnello, de decirme si todo acto moral es meritorio?
No es lo mismo acto moral que acto meritorio. Un acto moral lo puede realizar un individuo que esté en desgracia de Dios por el pecado mortal y ya no es' meritorio. Ahora que todo acto meritorio o realizado con gracia de Dios sí que es moral.
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¿Puedo leer las "Leyendas de Cristo" por Selma Lagerlof?
No hay dificultad en que usted lea «Leyendas de Cristo» por Selma Lagerlof. Pero ¿por qué no lee antes los Evangelios? ¡ Qué pena que una cristiana conozca a Cristo a través de leyendas y no le conozca en su verdadera vida...!
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¿Qué gracias e indulgencias tienen los veinte rosarios para el día de la Cruz?
Señora, no tienen más gracias ni más indulgencias que veinte rosarios rezados en cualquiera días del año.
Fr. Agnello
La verdadera paz
El Señor mora en la paz, y no entre la turbación y el desasosiego.
Y esa paz la goza el alma, desprendía, obediente, abandonada, entregada...
Que pone su felicidad en hacer suya la voluntad de Dios, por el cumplimiento de sus divinos deseos.
Y sabe esta alma, que la paz en la guerra es su, verdadera paz, porque el ataque no es la caída, ni la turbación es el pecado.
Porque está sobre los sentimientos y no en los sentimientos.
Así la anunciaron los Ángeles: "Paz a los hombres de buena voluntad."
María de Santángel
Cuento navideño
Dio la casualidad de que a la misma hora en que nacía el Salvador entre el jumenlo y el buey, en otra cueva de la otra parte del monte, la señora Tiberga daba a luz a su hermoso hijo Simón. Grande y maravillosa gracia que nadie pudo advertir. Porque, como la señora Tiberga era una mendiga deleznable y su marido estaba en la sierra aserrando pinos y no iba a haber un ángel que cantara sobre su cabaña «¡Gloria in excelsis Deo!», ya podía ella devanarse gritando, que nadie la oía.
Nadie más que Luperca y la Virgen María. Luperca, porque mientras los pastores bajaban por los alegres vericuetos, ella, arrebujada como una verdadera bruja en su mantón de pelo de cabra, se mofaba de todos desde su ventana, y por una maligna curiosidad acechaba, como de costumbre, todos los acontecimientos. La Virgen María, por aquella milagrosa pureza de sus sentidos, que le había merecido la gracia de la Maternidad.
A Luperca le faltó el tiempo para visitar a su vecina recién parida. Pero no por remediarla, ni por ayudarla con sus buenos oficios, sino para darle envidias.
Se le sentaba a la puerta de la cabaña, robándole lo mejor del sol, y, como el portal del Nacimiento caía frente por frente, no había vecina ni pastora que se librara de sus maledicencias.
—¡Ya! ¡Mira a Pola con esa pareja de lavancos! ¡Cómo los pavonea! ¡Ni que fueran sus hijos! Ya se ha parado más de una docena de veces para que todos la pasen y todos la alaben.
—¡Mira a Marta y a la Garula! ¿De dónde habrán sacado esas hermosas gallinas? ¿Más les valiera pagar lo que deben! ¡A la justicia les he de llevar!
—¿No sabes, Tiberga? Yo ni una panoja de maíz pienso regalarles. ¡Y no caben en la solana!
Tiberga, que está encamada en grande necesidad, ni pude resistir ni contradecir la dicharachera maligna de la posadera. Pero Tiberga, además de ser pobre de dineros, lo es también de corazón. Es decir, que pertenece a aquel linaje de bienaventurados que poseerían él reino de los cielos.
Débilmente responde: —Mujer, tú también deberías ir. ¡Con las haciendas que tienes!
La terca Luperca se levanta como un basilisco. Se le han puesto los ojos redondos y verdes como a los sapos.
—¿Yo? ¿Para eso me estoy matando con mis años y mis reumas?... ¿Para juntar cuatro dinericos y que luego unos capigorrones que nadie conocemos vengan y se los coman.
Tiberga prosigue: —Pues yo nada tengo. En unas pajas está tambiéh mi hijo Simón. Pero mis pajas partiría con Nuestra Señora si pudiera valerme. Y no tengo otra pena que verme encamada.
Entonces Luperca recoge su calceta, llena de sarta, ríe por no llorar, porque lloraría lágrimas de vinagre.
Otro día volverá con su lengua de víbora y con su calceta en el mismo punto, porque no es más que un pretexto para maldecir a la gente. Pero no temáis que traiga por la recién parida un rebojo de pan en la faldriquera de su saya.
* * *
La Virgen María todo lo adivina desde el establo donde, llena de gracia, da a adorar al Niño a los pastores, y piensa para sí: «Ese refajo verde que me ha traído Discolda le vendrá muy bien a Tiberga, que no debe tener ninguno. Con estas mantecas y las gallinas de Pola podría hacerle unos caldos, y nada más sustancioso para reponerse.»
San José, que barrunta los propósitos de su esposa le advierte al oído: —No son gallinas, sino lavancos. Pero no importa, porque gallinas bien hermosas le llevaron Marta y Garula y tanto da que sean de la uno como de la otra.
Así, pues, a punta de alba, antes de que comience la procesión de todos los días, San José carga en su asno una verdadera despensa de todo cuanto le han traído, y la Virgen toma al Niño en sus brazos. No tienen más que bajar al valle y remontar un poco la cuesta. Antes de que amanezca pueden estar de nuevo en el portal.
La naturaleza reposa aún en la paz de la noche. Pero no bien la Sagrada Familia asoma al camino, sucede lo que tenia que suceder. El sol se apresura a asomar sobre los picachos blancos de la sierra y la nieve se convierte en una rosada claridad. Los montes, que eran todos una mancha uniforme, aparecen verdes y remozados bajo la escarcha que los cubre de una red de diamantes. En el hondo valle hay una fuente, cuyas aguas, clarificadas en el reposo del plenilunio, cantan un glu-glu cristalino. La alegre luz matinal lo transfigura todo: los árboles, los prados, los setos, los tejados de las alquerías. Cantan los gallos hasta enronquecer, con la papada temblona y el ojo en el camino. Y los miles de pájaros de toda la cañada, mirlos y ruiseñores, abejarucos, cuclillos, cardelinas y calandrias, se despiertan con un repentino júbilo en lo mejor de su sueño, y unos a otros se avisan que acaba de salir al campo el Niño Jesús.
La Virgen María llama a la puerta de la cabaña. Tiberga cree morir de felicidad. —¡Entren! ¡Entren la gloria del cielo!
Ya no siente su hambre ni su extenuación. Salta de su camastro como si en la vida se hubiese visto postrada.
San José le dice: Ya sabemos, Tiberga, que eres muy pobre. La Virgen dice: —¡Alégrate, Tiberga! En tu miseria está tu tesoro.
San José comienza a desocupar las alforjas. La Virgen, entretanto, con su instinto de divina Madre, ha tendido a su Niño en la paja, al lado del niño Simón. Las pajas tienen un suave resplandor de oro. El Niño Jesús está hecho un verdadero paquete entre sus fajas y sus faldones de yute. El hijo de la mendiga, como no los tiene, puede dar alegres corcobetas. Con su boca sin dientes se da mordisquitos en las manos y hasta en las puntas de sus pies regordetes, si pudiera atraparlos. Pero, en sus torpes movimientos de recién nacido, no lo consigue. No obstante, toda la gloria del florido amanecer brilla en sus ojos azules.
Desde este momento nada de cuanto tenga la Sagrada Familia faltará a la pobre Tiberga.
La Virgen y S. José se despiden como buenos vecinos.
—¡Ya nos veremos, señora Tiberga.
La mendiga, arrodillada, transpasada de gozo, no puede proferir palabra...
¿Quién creeríais que lo estaba acechando todo detrás de una piedra? Con sus años y su reúma, la astuta vieja, la terca Luperca.
La envidia la consume. Ya que no tiene a mano otra cosa, cubre de denuestos a los Santísimos Esposos.
¡Cómo se habrán puesto cuando algo dan! ¡Las sobras! ¡Andad, corred, para el portal, que se os va la gente! ¡No os engordaréis mucho con los huevos de mis gallinas! ¡Y son las mejores de toda la aldea!
Humildemente la Sagrada Familia acoge aquella lluvia de dicterios. Cuando ya han traspuesto el otro lado del valle, aún la terca Luperca, con las manos por bocina, les grita desaforada:
— ¡Rica miel tengo! ¡Pero no os chuparéis los dedos!
Hasta que baja un ángel y la manda callar.
Pero ella és terca, aún ha de promover fuertes disgustos en el vecindario.
T. S.
Noticias
Una gran antología musical al servicio del templo
Muchas son las obras musicales religiosas que se vienen publicando en España. Muchas también las antologías, pero es lo cierto que entre la bondad y piedad de tantas composiciones deslígase con frecuencia falsa moneda que resulta luego de difícil extirpación, además de ser funesta causa de malos contagios. Los buenos compositores de música religiosa reaccionan contra aquel mal de ramplonería y vulgaridad que invadiera el templo, o contra el no menos temible de la seca pedantería tan rica en esterilidades.
Un compositor de mérito, el Padre Vicente Pérez Jorge, con quien hace tiempo tratamos de estas cuestiones, nos dijo que estaba para salir una copiosa Antología en donde se reunieran las más varias orientaciones hispánicas y las más diferentes firmas. Juntamente con otro músico prestigioso, el Padre Manuel Mola, han dado cima al ingente trabajo, el más cuantioso, escogido y adecuado que haya visto la luz en nuestros tiempos. Además, los maestros Pérez-Jorge y Mola pertenecen a la seráfica Orden Franciscana, y en verdad que la Antología que nos ocupa es un honor para la misma: tal os su palmario resultado.
Los maestros V. Pérez y Mola han contribuido, como era justo, a formar el acerbo de la Antología. En ella se reúnen los nombres hispánicos que representan las diferentes variedades del territorio español.
La Antología forma un lujoso volumen de 393 páginas, que contienen la siguiente distribución de materias: Oficio del Domingo, 11 composiciones (entre ellas Tonos comunes de la Misa, del Oficio y de los Salmos, Tertia, Vísperas, Completas, etc.) Antífonas finales de la Virgen. Adviento. Navidad, Sagrado Nombre de Jesús. Sagrada Familia. Cuaresma. Vía-Crucis y Misiones, Cristo Crucificado. Semana Santa. Resurrección. Pentecostés. Santísima Trinidad. Santímo Sacrarnento (en latín unas, en castellano otras obras). Antes de la Comunión. Después. Sagrado Corazón de Jesús. Cristo Rey. Santísima Virgen (latín y castellano). Mes de Mayo. Despedidas. Corazón de María. Dolorosa. Trisagios marianos. Virgen del Rosario. Diversos. A San José. San Francisco. San Antonio de Padua. Otros Santos. Diversos Santos. Almas con Purgatorio. Diversos para todo el año. Apéndice I. Vestición y Profesión en las Ordenes y Renovación de votos. Cantos gregorianos. Apéndice II. Deus Israel. Miserere. A San Luis Gonzaga y Santa Teresita.
Como se ve es una recolección abundante y de práctica aplicación. Lo repetimos, además está impresa con toda claridad y es una edición admirablemente presentada. Su coste es económico, y más si se tiene en cuenta el enorme encarecimiento del papel, litografía, etc.
Un verdadero «tour de forcé» y un gran trabajo de los maestros Vicente Pérez Jorge y Manuel Mola.
E. L. Chavarri
Oliva
Esta V. O. T. celebró con mucha solemnidad, el día 9 del pasado noviembre, la fiesta que todos los años dedica el Seráfico Padre San Francisco.
En la misa solemnemente cantada de comunión, el Sr. Cura Párroco, Terciario y Consiliario de la Acción Católica, pronunció un fervoroso sermón, presentando a San Francisco, como modelo perfecto de Apostolado. En la función vespertina predicó el P. Guardián de Pego, Visitador de esta V. O. T., y hubo varias profesiones y vesticiones.
Fr. Francisco Pascual Santamaría, in memoriam
Todavía no repuesta la Comunidad de Padres Franciscanos de Valencia de la irreparable pérdida del P. Lorenzo Pérez Pastor, ocurrida el 12 del pasado noviembre, un nuevo y rudo golpe acaba de sufrir con la muerte del virtuoso Hermano lego jubilado Fr. Francisco Pascual Santamaría que falleció santamente el 16 de diciembre último, confortado con todos los Sacramentos y las oraciones de sus Hermanos de hábito.
Pertenecía nuestro difunto Hermano a una generación, ya casi extinguida, de venerables Legos, que a una firme vocación religiosa contrastada por largos años de existencia, unía una probada adaptación a los trabajos manuales y a su recio espíritu de santificación que era la admiración y el encanto de cuantos le conocían.
En sus primeros años de profeso en esta Seráfica Provincia trabajó en el oficio de herrero, que era el que trajo del mundo; luego, en el de sastre en el que tenía habilidades notables, después en el de sacristán, en cuyo desempeño no le igualó nadie; finalmente, en todas las actividades a que le destinaba la obediencia.
Cargado de años y por méritos propios fué jubilado de todos los oficios de la Orden, como ordena el Ritual Seráfico, en memorable ocasión, cuando el año 1945 se celebraron las Bodas de Oro del Colegio de Onteniente, donde a la sazón se encontraba de morador, cumpliendo igualmente él sus bodas de oro de vida franciscana. A pesar de esta honrosa y merecida distinción continuó trabajando en las pesadas y humildes tareas de su clase basta la misma víspera de su muerte. ¡Digno ejemplo que imitar!
Sólo un año escaso ha sido morador de nuestro convento de San Lorenzo de Valencia, edificando a todos, a religiosos y a seglares, con sus relevantes servicios, a pesar de llevar una ancianidad cogida de achaques, pero siempre con la sonrisa en los labios.
El Señor premió tanta virtud ejercitada con humildad y silencio, con la recompensa reservada a los justos.
Era natural de Muro de Alcoy y contaba al morir 77 años de edad y 54 de vestición de hábito.
A la Seráfica Provincia de Valencia, y a sus familiares nuestro sentido pésame. ¡Desde el Cielo que ruegue por nosotros!
Suscripción pro Colegio Seráfico
"La mies es mucha los operarios pocos..."
Las Hermandades de la Vble. Orden Tercera de S Francisco han respondido a nuestro llamamiento de ayuda al Colegio Seráfico, demostrando que sienten el problema de las vocaciones franciscanas. Lo declaran las colectas a favor del Colegio Seráfico, que se insertan a continuación. Al agradecer a los Directores, Juntas y miembros de cada una de las Hermandades el interés mostrado en esta ocasión, estimulamos su generosidad, dándoles a conocer las gracias que lucran los «Socios protectores del Colegio Seráfico».
I. Indulgencias.
a) Indulgencia Plenaria en el artículo de la muerte invocando el nombre de Jesús, al menos, de corazón, previas la Confesión y Comunión; o la contrición, si no pudiesen recibir estos Sacramentos.
b) Indulgencia Plenaria, en el día de su inscripción en el Registro del Colegio, confesando y comulgando.
c) Indulgencia Plenaria, confesando, omulgando y visitando una iglesia y orando según la mente de la Iglesia o del Papa, en las fiestas: de la Inmaculada, del Patrocinio de San José, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y de N. P. San Francisco.
II. Sufragios.
Además de tener parte en las oraciones y sufragios que la Orden Franciscana eleva al cielo desde todas las partes del mundo, la Seráfica Provincia de Valencia aplica, particularmente por los socios y sus difuntos, las siguientes gracias:
1ª. Los que crean una beca perpetua (25.000 ptas.) o se asocien con una limosna no inferior a mil pesetas anuales, entran en calidad de protectores insignes, y por ellos se aplicará una misa semanal en cada convento de nuestra jurisdicción. Asimismo también en cada convento se celebrarán cuatro oficios y los respectivos funerales por sus difuntos.
2ª. Por los que contribuyan con una cantidad menor, se aplicará semanalmente una misa en el Colegio Seráfico; y sus difuntos participan de los cuatro oficios generales y otros tantos funerales que anualmente se celebran en dicha iglesia por sus bienechores.
3ª. Por unos y por otros, así como por cada uno de los que den una limosna accidental cualquiera, ofrecen los colegiales seráficos todos los días del año determinadas preces y encomiendan al Señor sus almas y los asuntos de sus personas y familias.
Escasez de misioneros
En el año 1925 se celebró en Roma la Exposición Misional Vaticana, a la que acudió el Papa, acompañado del Padre Streit. El Papa se detiene y queda pensativo ante un inmenso mapa del número total de infieles. Con dificultad descubre el Papa, en medio del mapa, un punto minúsculo, en rojo, representando el ejército misionero. Con rostro apesadumbrado le dice el Papa a su acompañante:
—Esto es desconsolador. ¿No se podría hacer este punto un poco mayor?
—Santo Padre —respondió el Padre Streit—, tal como está el punto indica el ejército misionero completo: 121.752 personas, contando entre ellas los Hermanos, las Religiosas y los Catequistas... Si quisiéramos representar solamente a los Sacerdotes misioneros, que son 12.712, el punto rojo no se vería.
Japón tiene un misionero para 160.000 habitantes. China, uno para 102.000. India, uno para 134.000. Africa, uno para 8o.ooo. Y hay que contar con que el cuidado de los convertidos monopoliza, imposibilitando la predicación a los infieles, al 75 por 100 de los misioneros.
Pero hay regiones de la tierra (v. gr.) las regiones soviéticas, musulmartas y algunos budistas, como el Tibet; en total, 300 millones de habitantes, que no cuentan con un misionero.
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