El permanente dualismo vital en términos estéticos que dice hoy relación a temporalidad, se extiende a múltiples acepciones con el uso de las propias palabras e impone la alteración semántica de estas ante la impotencia signante de la etimología, y así «ARTE CLASICO» entendemos por un modo de representación por valores estéticos de tradición equilibrada, serena, elocuencia (en pintura) de claroscuros, dibujo y claridad de detalles.
Alejandro Farnesio, por A. Sánchez Coello, s. XVI
Autorretrato. Julio Peris Brell,
s. XX
Hemos convenido al expresar "arte moderno" adjudicarle a la obra, temporalmente moderna condiciones de libertad, exaltación cromática, intrascendencia del ASUNTO, plenoairismo... Todo ello, es verdad, con geniales excepciones de maestros y obras que, por ello compadecen la ley general. Clásicos como Velázquez, Zurbarán y A. Sánchez Coello; modernos Sorolla, Sala, Muñoz Degraín... ¡En último término "ARTE BELLO" belleza, que es lo que importa!
He aquí dos retratos, de dos pintores valencianos que pueden ser denotados por aquellas afirmaciones.
José Mª Bayarri
Arrobos maternales
Como "Nueva de gran gozo" calificó el Ángel la embajada que llevaba a los pastares. María fue la única criatura que pudo sorber en su plenitud aquel gozo, el gozo del Nacimiento. Porque le tocaba más de cerca, y porque su purísima alma estaba capacitada para percibirlo.
Arrobada en profundo éxtasis, conoce María que ha llegado su hora. Impulsada por el Dios que lleva en sus entrañas, resume la tierna doncella en un suspiro las ansias de redención de la humanidad entera; y en aquel instante, ¡oh estupendo milagro!, el Verbo humanado pasa de su seno purísimo a sus virginales brazos. ¿Quién será capaz de describir o siquiera imaginar la dulce emoción de la joven Madre al contemplar con sus ojos a su Hijo, el Dios hecho hombre?
Es Madre: aquel Niño es carne de su carne; es mas hijo suyo que cualquier mortal puede serlo de su propia madre; todo lo que en Él hay de meramente humano, es suyo, tomado de sus entrañas purísimas. Así, pues, lo contempla, como carne de su carne; y con todo su afecto maternal imprime un beso ardiente en los labios del Niño, transfusión de alma, comunicación de corazones, al propio tiempo que rinde todo su ser en actitud humilde, adorando en aquel su Pequeño al Dios de cielos y tierra.
No sale con ello de su asombro amoroso, sino que con santa y divina curiosidad va contemplando detenidamente aquellos ojos de cielo, luz de los suyos; su boca arrobadora, oráculo del Padre; sus tiernos miembrecitos, miembros del Redentor; su rubia cabellera, suave como la propia. En cada mirada se dice y repite con celestial fruición: "Eres, Hijo mío, mi retrato, imagen fiel de tu Madre". Y María se embebe cada vez más en aquella belleza y suavidad, y su gozo aumenta por momentos, gozo secreto, que no tiene por testigos más que al que es su Hijo.
El hechizo de aquel primer momento fue el comienzo de un arrobo continuo de amor. María se sentía muy feliz de poder procurar a su Jesús los servicios maternales. "¡Oh! —diría Ella—. ¡Qué bien has hecho de nacer como los demás niños; así puedo mostrarme Madre enteramente!" (Beaudenom). En semejantes sentimientos abundaría sin duda, cuando se ocupaba de vestir y asear a su chiquitín, en aquietarle, en velar su sueño, en arrullarle. "No hay que representarse a María en la postura hierática de una fría estatua; es mujer, es madre, y hasta su misma virginidad imprime a sus caricias un sello de gracia más pura". (Beaudenom).
Cuando en la santa cueva reinaba la quietud, el silencio absoluto de todo humano comercio, ¡qué ratos de intimidad amorosa pasaría aquella Madre bienaventurada sus ojos no se apartarían de su Divino Tesoro; le pasearía deliciosamente; le mecería con delicadeza sobre sus rodillas; le acariciaría regaladamente; le entonaría dulces cantares de cuna; le apretaría suavemente contra su corazón, y, así unida al Dios-Niño, quedaría suspendida en un deliquio de amor en que se fundirían hasta el aliento y respiración de Madre e Hijo.
Esa intimidad amorosa de María con Jesús tenía su expresión más perfecta en la función maternal por excelencia. María, alimentando con su propia sustancia al Niño-Dios, es la imagen perfecta de la fusión de vidas, de la comunidad de intereses vitales de Madre e Hijo. La Liturgia se extasía ante cuadro de tanta ternura, exclamando presa de inefable emoción: "Al Salvador del mundo, al mismo Rey de los ángeles amamantaba una simple Virgen con sus senos llenos de cielo". Con el alimento transmitía al hijo su propia substancia; y así la que dio a Jesús el ser, le daba también el crecimiento, y con los días iban perfilándose los rasgos del Niño, que respondían a las facciones de su Madre. ¡Gozo diario para María observar aquel pequeño y divino retrato, cada vez más cabal y perfecto! ¡Comunicación única en su género de la Divinidad con un puro mortal. Así tuvo plena realidad aquel oráculo de la propia Madre de Dios: "Mi espíritu saltó de, gozo en Dios, mi Salvador."
Ábreme tus brazos,
Niño,
cual sus pétalos la flor,
para mostrarme en tu pecho
los tesoros de tu amor... Ábreme, Rey de mi vida
tu divino Corazón...
En El mi eterna morada
busco, ansioso, yo, tener,
y tu mismo santo fuego
quiero que abrase mi ser... Ábreme ya tus bracitos
mi luz, mi vida, mi bien...
¡Oh bondad tuya inefable
que te dignes abrazar
a este pobre gusanillo
que tanto te quiere amar,..! Ábreme tus lindos brazos,
que vida y cielo me dan...
Quiero con ansias de fuego
siempre unido a Ti vivir
y practicar tu enseñanza
de callar y de sufrir... Ábreme tus dulces brazos
y dame tu amor sin fin...
¡Oh loco afán de mi vida,
sentir tu abrazo, Señor...!
¿No ves, Niño, cual me hieren
las saetas de tu amor?... Ábreme presto tus brazos
y dame tu Corazón...
Jesús Galbis
Escuché la palabra de Dios
cuando todo el mundo me ofrecía riquezas
El nuevo Lázaro
Un colega que asiste a la entrevista anota que en Cali se producirá un fenómeno muy singular: Fray Mojica se robará la total atención del público, no obstante que en la escala jerárquica le superan muchos personajes, entre otros el Padre General de la Orden Franciscana. La presencia del ex actor de cine causará sensación donde se presente. El Padre José sonríe con cierto no disimulado aturdimiento frente al pronóstico, y expresa:
—No me aparto de que ello ocurriera. Bien quisiera que no pasara, pero será inevitable. La curiosidad de las gentes es lógica. Es como si sorpresivamente apareciera en las calles Lázaro, el personaje bíblico. Todas las gentes irían tras él para mirarlo, para buscarle las cicatrices de su mal, para preguntarle sobre el milagro de su resurrección. Así soy yo: igual a Lázaro. Resucité en la gracia de Dios. Estoy curado de las viejas lacras. En mi juventud fui teósofo, espiritista y tuve la desgracia de educarme en colegios anticatólicos. Pero arrepentido como San Agustín, encontré el camino de Dios, escuché su llamada y moriré en su servicio. ¿Recordáis a María Magdalena? ¿Qué tal que apareciera inesperadamente en las calles de Cali? La novelería de las mujeres sería incalculable. Tenemos, pues, que si yo produzco muy a mi pesar, esa causa admirativa, es porque soy un resucitado a la Vida del Espíritu.
Canto a Cali
José Mojica
Es tarde. Las Sombras de la noche envuelven la severa arquitectura del Convento que se crece a la hora crepuscular. La entrevista toca a su fin. El fraile y el reportero son en este momento dos siluetas desdibujadas. Y al apretarse las manos en cordial despedida, el virtuoso sacerdote dice:
—Los colombianos no se han percatado del prestigio de este país en el exterior. Cuando un pueblo del continente quiere medir su grado de cultura, su amor a la democracia, su devoción a las cosas del espíritu, mira a Colombia, país de letrados, de escritores, de poetas. Cuidar de ese prestigio, vigilarlo, conservar ese puesto de avanzada en el concierto de las naciones latinoamericanas, debe ser la preocupación de todos ustedes. Hoy, precisamente, mientras volaba sobre territorio colombiano compuse una canción a Cali, que como homenaje a su grandeza cantaré en uno de estos días del Congreso Eucarístico. Será ese mi saludo emocionado a la sede del magno acontecimiento católico.
Jaime Correa López
para el "Diario del Pacífico", de Cali (California)
Cuento de Navidad
Este es un cuento triste que ofrezco a las madres de hoy y a las madrecitas de mañana.
De mi alma a las suyas quiero escanciarlo, como se escancia el añejo vino en las talladas copas. Y acaso noten, como en el vino añejo, acabada la lectura, un vago sabor indefinible allá en el fondo.
El cuento es éste:
Seis años tenían los ojos que vi llorando... ¡Seis años tenían! Y en verdad os digo que nunca he visto tan azules ojos, ni tan grandes, ni tan bellos.
¡Grandes y bellos ojos azules... privados de luz! Ojos muertos para el mirar, regados por la lluvia del más atroz desencanto... Que hoy le dijeron: «No existen ya Reyes Magos; ¡no aguardes más su llegada!»
¡Señor...! La llegada de los Magos, cada año, ¡era una dulce mentira! Entonces, ¿qué sería verdad en ese mundo que sus ojos no ven? Y sentía que, allá en su corazón, se le desbordaba la amargura hasta los ojos... Y lloraba, Señor, lloraba porque en la hondura del alma notaba apagarse la chispilla de luz que cada año le encendía la ilusión...
¡Tan dulce como era escuchar, allí tendido en su camita. el ingenuo relato...! Si hasta parecía que allá dentro del corazón le nacían unos ojos para que pudiese mirar el espectáculo sugerido por el relato maternal... Aquel relato que invariablemente comenzaba:
«Era en el año... Pues no sé, hijo mío... Sólo sé decirte que imperaba en Roma, César Augusto. Y verás...»
¡Qué milagroso poder el de las palabras! Escuchar de los labios de su madre «y verás», y ya parecía que en verdad él veía lo que su madre le contaba...
Veía a la gente acudiendo obediente a la orden del César, deseoso de saber los súbditos que avasalla... Sus ojos miran, sin embargo, a esa pareja de judíos que camina lentamente, que va quedando rezagada... Queda en ellos la atención cautiva... Caminan muy despacio... Y es que, ¡Ella es tan niña, tan delicada, tan dulce! A el, en cambio, no son los años lo que le pesan: más le pesa el cansancio de su frágil compañera, futura Madre de quien, dentro de nada, ha de venir para redimirnos...
Hay en el atardecer de este jueves de diciembre, un rumor de cedros en el cielo y un rumor de esperanza sobre toda la tierra...
Ya la gente ocupa todo Belén; se hacina incluso en las callejuelas... No queda huequecito confortable donde poder alojarse... José lo busca inútilmente: nadie puede brindarle lo que solicita ahincadamente... Y llega la noche...
La noche está llegando y el tiempo es frío, y está cansada María, y ¡el también está rendido...!
¡Todo un descendiente de la casa de David busca en las afueras del poblado un albergue que brindar a María, la sin par doncella de reales antepasados...! Y sólo encuentra una gruta que los pastores emplean para cobijarse con el ganado...
En esta clara noche del solsticio de invierno, punza el brillo de las estrellas como cristales de nieve. Allá están los pastores, alrededor de las hogueras, midiendo el tiempo puestos los ojos en el cielo. Se apretujan los rebaños para comunicarse el calor de sus cuerpos... Todo está ungido de silencio. De vez en cuando, suena al acaso una esquila y entonces parece como si en los cielos apacentase un rebaño de estrellas...
Reina una calma densa que gana hondura con el silencio. En la gruta, solos,
María y José... ¡Y en las primeras horas del viernes, 25 de diciembre... llega Jesús a este mundo!
Rubio como él, decía que era su madre... Pequeñín... «¡¡Así de pequeñín!!»
Y él lo imaginaba pequeño, tan pequeño... que podría caberle dentro del corazón. Y tenía unos ojos ¡tan puros!...
Y una sonrisa tan. de niño y tan de Dios... que se prendía a las cosas... ¡En el grave semblante del Eterno... dicen que se esbozó una sonrisa...!
La luz de esta sonrisa, mueve a los ángeles a comunicar el nacimiento a los pastores. Los pastores tenían los ojos puestos en el cielo... Y es por ello por lo que son los primeros en saberlo... Y los primeros que llegan... ¡Son ellos precisamente, los pobres pastores, los humildes de corazón, los primeros que acuden; los primeros que saben su nacimiento; los primeros que le ven...
Y ven también... ¡Señor!; ¿qué puede verse en un establo como el que sirvió de cuna a Jesús? Una cuna de paja... De paja. sí. Y un cuerpo desnudo sin otro calor que el del aliento de un buey y una mula...
«Gloria a Dios en las alturas... y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.» Lo cantaban los ángeles, lo cantaban todas las cosas, mientras allí en el establo, muy bajita, una compasiva estrella muy blanca, ofrecía la plata de su brillo para alumbrar la oscura gruta.
Fue precisamente la luz de esta estrellita la que iluminó los más oscuros rincones del corazón de tres Magos que vivían muy distantes...
Y puestos los ojos en ella, guiados por aquella luz, fueron llegando Melchor, Baltasar y Gaspar, con su lucido cortejo, con las fastuosas galas orientales... con numerosos presentes, con crecida servidumbre. Y es que, sólo Dios sabe qué poderoso señor, rodeado de deslumbrantes riquezas, esperaban ellos encontrar.
Y sin embargo, algo extraordinario debieron adivinar en el Niño que sonreía en el blando regazo de su Madre, cuando se decidieron a brindarle los magníficos presentes que traían...
Todos los años, desde entonces, llegan los Magos, sabe Dios desde qué remotas regiones, para ofrecer un poco de alegría con los juguetes que a los niños traen...
Hay una estrellita blanca que les guía: la que la fe y la inocencia enciende en el corazón de cada niño...
¡Y hoy le dijeran que no existen Reyes Magos...!
Y el niño lloraba, no precisamente por los juguetes de que se vería privado; lloraba porque, allá en su corazón... la luz de la estrellita de su fe se había extinguido. Sin ella, ¿cómo encontrarían los Magos el camino para llegar hasta él?
Este es el cuento que yo escribo para ti, madrecita de mañana. Y para las que, igual que tú, han de ser luego buenas madrecitas que prefieran adormecer al hijo sobre su regazo a buscar tontas diversiones...
Y es el cuento pretexto para rogarte que, cuando lleguen estos días, aunque todo te falte —¡fíjate bien: aunque todo te falte!— no prives del juguete que espera el niño que en tu regazo duerme...
Y cuando crezca, ¡por Dios!, no trates de encubrir la falta del anual obsequio, rasgando el velo de la ilusión que a su alma envuelve. Sería como robarle un jirón de su niñez. ¡Bulliciosa alegría de la niñez! ¡Clara y luminosa alegría de los mejores días de nuestra vida...! No seas tú, madrecita de mañana, quien la ensombrezca con el primer desencanto... Ello sería como cortar el hilillo de luz por el que su alma se ase a un mundo de ilusión y de ensueño...
¡Existen los Magos! Díselo tú; díselo tú, cuando llegue el día, mientras que lo adormeces en la cuna de tus brazos...
Cuéntale este cuento mío mientras se adormece... Añade cuanto te plazca y suprime lo que quieras... ¡Pero cuéntaselo! Cuéntaselo mientras un beso tuyo en sus párpados, ayuda a que el sueño llegue...
¡Tú sabrás contarlo mejor...!
Soler i Estruch
Noticias
Fiestas a San Francisco de Asís
Según noticias recibidas en esta redacción, todas las venerables órdenes terceras de penitencia de la Seráfica Provincia de Valencia han celebrado este año, con gran esplendor la fiesta que anualmente dedican a honrar a su Seráfico Padre.
Se han distinguido por la brillantez de sus cultos, las fiestas organizadas por las Terceras Ordenes Franciscanas de Valencia, Benisa, Carcagente, Liria, Játiva Pego, Teruel, Agres, Segorbe, Gandía, Cocentaina, Benigánim, Cullera, Chelva y Onteniente. De Oliva nos comunican que la celebraron, del 7 al 9 de octubre pasado, con un «Solemne Triduo», que se desarrolló como sigue: Los dos primeros días hubo, por la mañana, Misa de Comunión; y por la tarde, exposición de S. D. Majestad, Corona Franciscana, Sermón, Ejercicio de las Llagas y Reserva. El último día hubo, por la mañana, Misa Cantada de Comunión general con asistencia de la V. O. T. y de las cuatro Ramas de la Acción Católica; y por la tarde, Ejercicio religioso, como los días anteriores, y solemne procesión con asistencia de todos los miembros de la Tercera Orden y de la Acción Católica. Reciban, por ello, nuestra sincera felicitación todas las venerables órdenes terceras de penitencia de la Seráfica Provincia de Valencia.
Acto homenaje al P. Joaquín Sanchis Alventosa, O. F. M., tributado por el Ayuntamiento de la Villa de Alcudia de Crespíns (Valencia), pueblo natal del homenajeado, el día 16 de octubre de 1949
En Alcudia de Crespíns
...Et exaltavit humiles. Así el sayal franciscano fue amorosamente agasajado en la persona del P. Provincial.
Era un deseo largamente sentido por un pueblo católico que sabe honrar a sus hijos ilustres.
Las Autoridades de Alcudia de Crespíns han hecho realidad ese deseo, en el último día de las fiestas al Santísimo Cristo del Monte Calvario, domingo 16 de octubre. Día grande por todos conceptos: colofón del solemne quinario. En la comunión general, filas interminables de hombres, mujeres, niños y niñas. Todo el pueblo en masa participó fervorosamente en el banquete eucarístico. Luego la misa solemne, oficiada por el P. Provincial y seguidamente el homenaje. El humilde franciscano con el señor Alcalde, entra en el Salón de Actos del Ayuntamiento y es recibido con una cariñosa ovación, por las ilustres personalidades que con las Autoridades civiles y señor Cura Párroco y numeroso público esperan al homenajeado.
El señor Alcalde lee unas cuartillas; su palabra cálida y emocionada hace vibrar los corazones y el P. Sanchis recibe el amor de los suyos en una cerrada ovación, cuando se le ofrece el recuerdo del homenaje en un pergamino.
No podemos expresar lo que sentiría el digno Padre, al ver tal muestra de cariño y comprobar que el amor de sus amores al Colegio Seráfico, también participaba de la fiesta... No sabemos lo que contenía aquel sobre blanco que le ofrendó el señor Alcalde...
Lo que sí sabemos es que el P. Provincial volcó su corazón en unas palabras de agradecimiento, que no transcribimos por no profanarlas. Sólo él sabe decirlas.
Emoción, lágrimas, ovaciones y luego la alegría desbordante del champán y las sabrosas golosinas, que sólo las manos delicadas de las mujeres de Alcudia saben hacer.
¿Y qué más? Creo que puedo cerrar esta crónica con un secreto que sorprendí... Estaba, el que esto escribe en casa de la venerable anciana madre del muy querido P. Sanchis... y una mirada honda y tierna de madre e hijo, me explicó sin palabras aquello del canto dulcísimo del Magníficat.
Et exaltavit humiles...
A. Giner
Maestro Nacional
Hacia Roma
Salieron el 13 del último octubre, para ampliar sus estudios teológicos, nuestros hermanos P. Luis Giner y Fr. Juan José Baydal. Les deseamos un feliz y brillante éxito en sus estudios, y una pacífica estancia en la Ciudad Eterna.
Supresión de comunidades religiosas católicas en Rumanía
El gobierno ha publicado un Decreto por el que suprime diecisiete órdenes religiosas y congregaciones católicas en todo el país, con un número que comprende 1.400 monjas y más de 100 frailes. La noticia ha causado sensación en los círculos políticos que consideran tal medida como grave y significativa de un paso más en la gran ofensiva desencadenada por Rusia contra el catolicismo, que ha tenido el valor de oponerse a las doctrinas comunistas.
Consultorio religioso
¿Haría el favor Fray Agnello de decirme qué significado tienen las tres misas que se celebran el día de Navidad?
Estas misas significan el triple Nacimiento de Jesús. Al nacimiento eterno de Jesús en el seno del eterno Padre, hacen referencia las oraciones la epístola y el Evangelio de la primera misa. Al nacimiento temporal de Jesús del seno de María en la gruta de Belén, se refiere la segunda misa. Y la tercera misa, responde al nacimiento espiritual de Jesús en las almas, por la gracia. La primera misa se puede celebrar a media noche, conocida con el nombre de misa de gallo, en memoria del nacimiento temporal de Jesús, que a medianoche del 25 de diciembre vino al mundo.
¿Qué condiciones se requieren para ganar la Indulgencia del Jubileo del Año Santo?
Las condiciones que se exigen para ganar la Indulgencia del Año Santo, suelen
publicarse en la Bula que lo anuncia; mas por lo general se observan a este respecto las reglas dictadas por Benedicto XIV, según las cuales, las condiciones que se requieren para lucrar dicha Indulgencia son las siguientes: visita de iglesias, casi siempre determinadas individual y numéricamente; devota oración por las intenciones del Sumo Pontífice, verbigracia, cinco Padrenuestros, Avemarías y Glorias; Confesión y Comunión, que no sean obligatorias por precepto eclesiástico y realizadas necesariamente la víspera o día del Jubileo, y no durante los ocho días que le preceden o subsiguen como ocurre en los jubileos de la Inmaculada y del Carmen.
Sólida formación
Reemplacemos en nuestra mente esas mil reflexiones humanas, terrenas; esas ideas de una piedad efímera, superficial, sin fondo, que nos ocupan a menudo y pueblan nuestro espíritu falto de sólidos pensamientos de fe.
Recordemos con frecuencia las grandes verdades eternas; las que modelan a los santos. No vivamos de ilusiones, sino de realidades. Que en nuestra pobre alma todo sea positivo; nada imaginativo. Mantengámonos confiadamente en las alturas de la fe y de lo sobrenatural.
El Espíritu Santo asegura que "no es prendida en las redes el ave que no se posa en la tierra".