El beato Nicolás Factor
Su naturaleza y su cultura
I
1.— «Era su cuerpo de buen talle, proporcionado, dispuesto y de buena estatura; el rostro muy hermoso, lleno, blanco y colorado; bien barbado, los ojos garzos, la boca mediana, la nariz media un poquito levantada; las manos y dedos, blancos y largo; la frente ancha. los cabellos de su cabeza espesos y algún tanto rubios y en su vejez se le hizo calva. que causaba reverencia; siempre con la rasa en la boca; su condición, alegre; su voz, muy- buena; el hablar y tratar, muy humilde, benigno y afable» (1). «...acontece volvérsele el rostro del cuerpo, inflamado, rubicundo y rojo, a manera de una encarnada rosa, como yo v¡muchas veces a m¡Padre el Beato Nicolás Factor, estando actualmente en algunos raptos» (2). «...jamás perdió el color encendido del rostro...; n¡sintió debilidad en sus fuerzas; antes bien, cuanto más se mortificaba, más salud y robustez tenía» (3).
2.— S¡en lo somático de su naturaleza se nos aparece el Bto. Nicolás como la apoteosis griega de la línea, de la proporción, de la forma y del color, no menos atrae nuestra atención su complejo y brillante psiquismo, desde la fina percepción ele las sensaciones nobles hasta llegar nosotros a observar en él un intelecto natural superdotado. Y yo tomo aquí por «naturaleza» lo que entiende como tal la antigua Escuela franciscana y la Ciencia moderna; por lo tanto el mismo intellectus cadit sub natura (1). Y según esta concepción de la realidad toda en naturaleza y voluntad, sigo apuntando aquella dotación psíquica en su imaginación creadora, transformadora de los elementos sensibles que, a su paso, le abrían sus sentidos místicos y remotos, herméticamente cerrados a los distraídos y que no tienen sensibilidad exquisita para dejarse impresionar del beso de la Creación. «En cualquier criatura contemplaba al Creador, como s¡le tuviera presente, visible y corporalmente... ; por eso cuando caminaba por los caminos y prados, se arrodillaba y besaba las hierbas y flores, penetrando por medio de ellas lo invisible del Creador» (5). Una técnica literaria en latín y castellano le facilitaba la métrica para hacer comunicables sus más recónditos sentimientos, y diestro en la música su hermosa voz les daba cuerpo y los cantaba. Por abreviar, su inteligencia no conoció dificultades serias e insuperables en el estudio de la Filosofía y Teología, que el Conde de Oliva sufragaba por retener lo más posible a aquel bachiller recién profeso, admirable ya entonces por sus dotes de hombre extraordinario, anuncio de un magisterio de espíritu que formará escuela, seguido y grabado en libros por discípulos de nota. Alfonso Pastor y Antonio Pascual (6).

Copia del auténtico de la FILOCOSMIA ESPIRITUAL (1609); que por ser el que en nuestros tiempos más se exercitó en las tres vías espirituales, puse su figura estampada en el principio del libro. (Plática Primera, fol. 3, 6)
II
1.— Pero a unidad organizadora de tan varia y antropomórfica fauna y flora fue su personalísima voluntad rectora. Que orientó y condujo sus bellas cualidades al descubrimiento y cultivo de los sentidos místicos divinos en toda la Naturaleza. Y este trabajar ético es el que merece el nombre de producción, cultura, creación; y el otro el natural, meramente trabajo o mecánica. Ya sabemos que desde Ratzel viene aquilatándose en Antropología el concepto de «Cultura» con el alto fin de distinguir al hombre del animal, y en el discurso de la controversia podríamos conceder a los naturalistas radicales el invento homo sapiens como una raza superior destacada de los antropoides, y aun con la nota común de «inteligencia». Después de tantos experimentos y tantos forcejeos de imaginación, volveríamos al pensar argutivo —no asertivo— del genio de la Escolástica, Juan D. Escoto: «S¡voluntas naturaliter moveretur ab intellectu, naturaliter moto, voluntas naturaliter moveretur; et sic homo esset unum bonum brutum». Pero de lo que queda inconcuso y seguro, contra Darwin y su discípulo Romanes, que trató de nivelar toda la especie antropoide con «La inteligencia de los animales», es que la diferencia abismal intransitable entre el hombre y el animal radica en la voluntad racional, dignísimo soporte divino de la Religión y de la Moral.
2.-Resumiendo, aquel santo bien dotado que se movía por Valencia y Cataluña y, como dijo Bosuet en su Discurso, Dios mismo le dirigía, es un voluntarista consecuente que cultiva y eleva su propia fisiología y psicología al ideal de la Teología Mística, vivida en su biografía teórica y experimentalmente. Fray Pedro Nicolás Factor y Estaña, más con hechos que con escritos, es un Maestro de Teología Mística con discípulos que han filosofado sobre este extático Sócrates valenciano.
En él como en su P. S. Francisco, se consumó el curso de la Cultura; «lo que era amargo al cuerpo, lo convirtió en dulzura del alma y del cuerpo». Por eso su amigo S. Luis Beltrán decía: Así como la berenjena, una vez confitada está dentro y fuera penetrada de la miel... así veo a m¡Padre y Hermano Fray Nicolás, empapado en Dios, Ecce vere Israelita, in quo dolus non est». (7)
Notas
(1) Joseph Beltrán, Epitome, p. 95 (1786).
(2) Antonio Pasqual Philocosmía, fol. 103 v. (1609).
(3) Joseph Beltrán, o. c., p. 79.
(4) Escoto o. fr. min., Quaestiones in Metaph. Arist.. C. IX. c. XV., y Quodlibet, XXLª. Esta doctrina es común en la Escuela franciscana. Por echarla en olvido, han transcrito y traducido mal G. Palencia en la nueva edic. de la Conquista del P. Ángeles y L. S. Gallego, La fuerza de la ley penal de A. de Castro, 1. I, en la pág. 276 nos (y debe leerse no), y en la pág. 16, col. a (debe traducirse natural o determinamente) respective. Esta doctrina metafísica coincide con la física y experimental de los naturalistas y antropólogos modernos, que conceden inteligencia a los animales, lo que obliga a renovar la cuestión, traída de nuevo por el homo cultus amoralis.
(5) Joseph Beltrán, o. c., p. 33.
(6) Hay otros franciscanos contemporáneos que escriben bajo las estrellas del factorismo, o sea inspirados por su Maestro Nic. Factor. La primera colección de los escritos del Beato los publicó por primera vez el P. José Molió. Mayáns y Siscar inserta en el segundo tomo de sus Cartas, una del Bto. Nicolás -la 5ª-, «para mostrar la Teología Mística y la pureza de la lengua castellana que poseyó el Siervo de Dios». Y el P. A. Pascual da libre entrada en su Philocosmia a textos del Bto., desconocidos.
(7) Para su perfección cultural integral, todos los días se lavaba el cuerpo el Bto. Nicolás, todos los días se confesaba y todos los días se disciplinaba (J. Beltrán, o. c., p. 22).
Fr. Domingo Savall, ofm
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