Nuevo edificio inaugurado el 5 de nov de 1950

El Colegio Seráfico, preocupación de la Provincia

La Acción Antoniana, que recoge mensualmente el latir del corazón franciscano de esta nuestra región, no puede menos de hacerse eco del acontecimiento que en estas últimas semanas ha puesto en conmoción a los religiosos de la provincia y a los amantes de la Orden. Cuando todavía saboreábamos el gozo de la Glorificación de la Virgen por la declaración del dogma de la Asunción, un nuevo motivo de alegría vino a nuestro encuentro: la inauguración del nuevo Colegió Seráfico de Benisa.

Fundado el Colegio en los albores de la restauración de la provincia, fue el P. Provincial Fr. Francisco Miguel Sirera el que en 1888 recibió los primeros alumnos. Para ellos se construyó un pabellón adosado al claustro del Convento. Allí se formaron las primeras generaciones franciscanas.

Con el tiempo aquel edificio pareció insuficiente a los Superiores. Por eso el P. Manuel Fabregat, apenas elegido Provincial, puso todo su empeño en la edificación de un nuevo Colegio, que el 2 de febrero de 1916 se inauguraba, gracias a la testamentaría de la insigne bienhechora doña Josefa Carrasquer. Edificado detrás de las casas de la calle de Escoto, hubo de unirse con el Convento por medio de un túnel de unos cinco metros de largo.

También este edificio, con el tiempo, ha resultado insuficiente y poco apropiado a las exigencias de la época. De ahí que la preocupación de los Superiores provinciales en los últimos años fuera el Colegio-Seminario de vocaciones.

La generosidad de la familia del Padre Alandete hizo viable una solución a nuestros legítimos deseos. Vencidas durante el pasado trienio las no pequeñas dificultades que se oponían a la realización del proyecto, y habiendo hallado, gracias a la pericia del P. Fernando Fabregat, un manantial en los sola
res del Colegio, el venerable Definitorio, después de escuchado el parecer del Capítulo provincial, aprobó en agosto del año pasado la construcción del nuevo Seminario de vocaciones, según proyecto presentado por D. Eduardo Alegre.

El mes siguiente comenzábanse ya las obras, llevadas a cabo con tal rapidez, que el día 5 de este mes de noviembre tuvimos la dicha de presenciar su inauguración solemne.

Verdad es que la última piedra no está aún colocada; pero confiamos en la Providencia, que no dejará de ayudarnos como hasta el presente, y hará que las obras no se interrumpan y queden pronto terminadas.

El edificio ha resultado espléndido, alegre y muy franciscano en su sencilla elegancia. Puede decirse que es totalmente nuevo. A más de que ha triplicado en volumen al anterior, con capacidad para 120 alumnos, no se han aprovechado del edificio antiguo más que los lienzos de pared, que a su vez han sido reforzados.

Durante las fiestas inaugurales hemos sentido la vibración de la provincia y del pueblo franciscano de Benisa. Decimos de corazón que estarnos satisfechos.

Y nuestra satisfacción sube de punto al contemplar ya ocupadas todas las plazas del nuevo Colegio. Verdad es que los alumnos de preparación (que D. m. tendrán algún día su Aspirantado seráfico propio) quedan incluidos en ese número de 120 seráficos. Pero ya es ésta una bendición extraordinaria.

LA ACCION ANTONIANA que durante algún tiempo fue la voz del Colegio (que desde una de sus páginas esparcía su Siembra Seráfica), cuenta hoy gozosa a sus lectores las impresiones de la fiesta, recogidas por uno de los seráficos. Escritas para la hoja mensual Siembra Seráfica, pertenecen de igual manera aquí y son completadas por la información gráfica. Esperamos que su lectura despierte el entusiasmo de los amantes del hábito franciscano por las vocaciones. Para aumentarlas y favorecerlas.

Terminados estas letras reiterando nuestra gratitud, que hicimos ya pública en los actos de las fiestas, a cuantos con su aportación económica, intelectual o de cualquier otro género, nos han ayudado a ver convertido en realidad nuestro dorado sueño de un Colegio digno de la provincia de Valencia. A todos, y en primer lugar al P. Alandete, la bendición seráfica.

Fr. Joaquín Sanchis, ofm
Ministro provincial

El Heraldo de la Asunción

Asunción de MaríaEra el día 14 de Agosto, víspera de la festividad de la Asunción de María a los cielos. En el convento de Tolosa, las campanas llaman a los religiosos al coro para cumplir con el Oficio Divino. En el rezo de "Prima" debía leerse ese día el Martirologio de Usuardo que, hablando de la fiesta del día siguiente, ponía en duda tan glorioso misterio.

El siervo de Dios Antonio, era quien precisamente ese día, desempeñaba el oficio de lector; y él, tan fervoroso servidor de María, se inquietaba, indeciso ante la actitud a tomar. Faltar al coro era una infracción de la santa obediencia; escuchar la opinión de Usuardo, tan poco decorosa a la gloria de María, era como asentir implícitamente a ella; leerla se oponía a su conciencia.

Estaba atormentado por estas dudas cuando he aquí que la Virgen Inmaculada se aparece a su apóstol amado. En medio de la claridad deslumbradora que precedió a la aparición de la soberana Reina de los cielos, San Antonio pudo contemplar con los ojos corporales a Aquella que es más resplandeciente que la estrellas, más límpida que el cristal y más blanca que las nieves de las montañas. Y escuchó aquella voz cuyas suaves armonías arrebatan en éxtasis a los Ángeles, que le decía con dulzura:

Ten seguridad, hijo mío, que este cuerpo que mereció ser el Arca Viva del Verbo Encarnado, fue preservado de la corrupción, y al tercer día fue transportado en las alas de los ángeles a la derecha del Hijo de Dios.

Desde entonces San Antonio, se dedicó con más asiduidad que nunca a ser el cantor del glorioso misterio de la Asunción, y a fomentar con más seguridad y entusiasmo el glorioso elogio que la Iglesia repita lodos los 15 de Agosto:

"La augusta Madre de Dios fue elevada a los cielos, y colocada sobre todos los coros de los Ángeles.