La persecución contra la Iglesia Católica en China
El ridículo fracaso en que ha incurrido la tristemente famosa «triple autonomía de la Iglesia» ha exacerbado a sus promotores que para cubrir su derrota se sirven ahora de su prepotencia para trocarse en tiranos como todo poder débil. Su ira se extiende a todo lo que lleva nombre de católico.
A la Iglesia, según plan premeditado, quieren imposibilitarla de ejercer la caridad y beneficencia por las cuales llega a conquistar los corazones para Jesús. Con este fin se le incautan todos sus bienes muebles e inmuebles. Cortadas todas las fuentes de ingresos y congelados sus capitales, se le han expropiado sin compasión sus edificios, procuras, escuelas, hospitales de ancianos, asilos de infancia abandonada, residencias y hasta iglesias y santuarios, todo ha caído en manos de los usurpadores. En alguna Diócesis, siempre retirándose de los edificios de que venían siendo violentamente despojados, tuvieron que concentrarse todos los misioneros, monjas, seminaristas, ancianos y niñas de la Santa Infancia, en la única casa que quedaba a la Misión.
Pero también los verdugos, sin pizca de humanidad, asaltaron aquel último baluarte de gente inerme, dejando a todos aquellos desgraciados en medio de la calle y obligándoles a dispersarse. S¡al menos necesitaran de aquellos edificios, aun podrían justificarse tamaños latrocinios; pero no: aquellas casas continúan vacías y desocupadas aun después de varios meses, proclamando la mala voluntad de sus usurpadores que se deleitan con el sufrimiento de sus víctimas. Y para colmo de felonía se atreven a acusar a la Iglesia, de asesinar a las niñas que recoge abandonadas. De ser foco de insurrección o sublevación contra el Gobierno, por haber encontrado en las casas de aquélla, armas y publicaciones anticomunistas que ellos mismos habían colocado clandestinamente.
A todos estos vejámenes contra la Iglesia como entidad moral, debe añadirse la persecución abierta que han desencadenado contra todos sus miembros.
Al misionero extranjero quieren hacerle imposible su vida en China para obligarle a que salga de ella. S¡se trata de Comunidades, les estorban todos sus actos. Las puertas de las habitaciones, las cajas, los archivos, todo debe estar abierto siempre para que ellos puedan entrar, registrar y robar cuando y como lo que les venga en talante. Les obligan a interrumpir sus ejercicios de Comunidad; oración, oficio divino, retiro, recreo, labores, comida y hasta el sueño. Sé de una Comunidad de religiosas que en febrero escribía: «Hace más de un mes que no llevamos vida regular; hasta hemos de dormir vestidas y en un mismo salón para evitarnos sorpresas desagradables. Esto no es vivir...».
S¡el misionero extranjero vive sólo en su distrito su condición no es más ventajosa. Le ocupan la residencia tomándose las mejores piezas de ella, con preferencia la parte baja, y junto a la puerta para controlar más fácilmente todo el movimiento de la casa. Los no deseados inquilinos se encargan de hacer todas las travesuras posibles para molestar y cansar la paciencia del sacerdote: le despachan ellos la comida preparada para el misionero, le beben o vierten en tierra el agua hervida y potable que había aparejado para sí, le interrumpen en el trabajo o sueño aun a medianoche, para que prepare té a los señoritos; lo asaltan con interminables e idénticos interrogatorios y lo asisten como centinelas testigos en todas sus conversaciones. La cuestión es no dejarle en paz.
Cuando con todos estos medios no logran que el misionero fastidiado, abandone espontáneamente su puesto, entonces se maquina su expulsión sirviéndose de cualquier pretexto real, aunque fútil y ridículo, o creándolo ellos mismos por su cuenta. Uno es expulsado por haberlo encontrado sin «pass» o licencia de permanencia en China, que el mismo policía le había quitado el día anterior. A otro se le ha impuesto la pena de expulsión por haber proferido palabras injuriosas contra el Jefe del Estado; según ellos, al preguntar a un muchacho que le había pedido sellos, s¡los quería de «Mao-tze-tung con cabeza grande o pequeña» ¡.. A un tercero se le ha impuesto igual pena por desacatos contra las autoridades constituidas. He aquí de que se trata:
Un Padre, viene llamado al tribunal acusado de haber apaleado a un muchacho. En vano el supuesto reo pide pruebas de su imputado delito; los jueces le responden que la cosa está bien probada por ellos, y que a él sólo le toca confesar su culpabilidad y soportar la pena que se le imponga. Como ya hacía tres horas que duraba la discusión y los jueces se empeñaban en no ceder y prolongar la sesión, el acusado se resignó a confesar su supuesta culpa para que le dejaran volver a su casa. El Secretario del tribunal redactó la confesión que luego leyó; aunque sólo en parte, presentando después el documento al reo para que lo firmase. Este quiso leerlo por su cuenta antes de estampar su nombre y, ¡cuál no sería su indignación al ver que, además del falso delito, se añadía: El imputado declara además, haber recibido miles de dólares americanos del Papa para propagar el imperialismo, y que él se había servido también de aquel dinero para satisfacer sus bajas pasiones... El Padre perdió los estribos, y rasgando el documento lo arrojó al fuego... El escándalo que promovió aquel gesto fue infernal. Se le echaron encima como fieras gritando como energúmenos y apuntándole al pecho sus revólveres... El misionero impávido y de pie, repetía: disparad s¡queréis, no temo morir por la verdad... Diez horas tuvieron al reo en el tribunal, después de las cuales un piquete de soldados lo devolvía a su casa. Pocas horas después era expulsado de China por desacato y desprecio a las Autoridades constituidas...!
N¡mejor es la suerte del misionero indígena. Con éste además de las fechorías que se hacen con el extranjero, se procura con sobornos y halagos arrancarle alguna acusación contra los extranjeros o contra el romano Pontífice, y s¡no pueden conseguirlo pasan a la violencia. Se le maltrata, apalea, suspende y encarcela cargado de grillos; se le burla en injuria por su celibato; se le acusa como reaccionario imperialista, y traidor a la Patria. Se sabe que algunos han sido fusilados, y con ellos, algún seminarista y la Superiora de una Comunidad de religiosas.
Idéntica es la situación de los cristianos, especialmente los más significados. S¡son ricos, se comienza por secuestrarles sus bienes; luego los pasan a las cárceles para terminar en trabajos forzados o en la muerte. A los pobres en cambio, se les promete el oro y el moro, para arrancarles alguna denuncia contra la Iglesia, y s¡no lo consiguen, los encierran en checas dignas de sus autores. Sé de muchos que han muerto de hambre, y de uno que lo tuvieron durante siete días de pie, sin comer n¡beber n¡dormir, sujeto continuamente a interrogatorios interminables y condenado en los intervalos a oír las insulsas doctrinas de sus carceleros, trocados en predicadores. Cuando recobró su libertad estaba irreconocible en su físico y algo trastornado en sus facultades mentales. Después de cuatro semanas de delicados cuidados, aun no se ha repuesto.
En algunas partes se hacen ejecuciones en masa para descongestionar las cárceles, rebosantes de presos.
Como se ve, estamos en período de abierta persecución, en que la Iglesia china se apresta a escribir nuevas páginas gloriosas en la historia. El ambiente es apto para el martirio; al tirano le sobra crueldad y a las inocentes víctimas no les falta fortaleza y valentía.
Admirémoslas en su heroísmo; sostengámoslas con nuestras oraciones.
Acto misional en Carcagente
El día 26 del pasado junio se organizó un brillante acto misional por los Padres Franciscanos de Carcagente. Para el mencionado acto llegó el Padre Delegado Provincial de Misiones, reverendo Padre Daniel Han, a quien ya conocerán por haber realizado acertadas intervenciones en otras poblaciones de la provincia.
En esta ocasión, el acto, sin salirse de la intimidad, se desplegó con todas las galas de una magna velada. Luego de la lectura de premiados, de la intervención de algunos alumnos y de la clausura de curso, tomó la palabra el Padre Daniel Han. Después del saludo dirigido en lengua china —su idioma nativo—, nos brindó, con la destreza de un reportero y la lógica segura de un perfecto pensador, las sugestivas maneras de ser de los suyos. Desde el primer momento dejó suelta la simpatía que emana de sus formas sencillas y él concurso se le dio con verdaderas muestras de atención y en repetidas ocasiones interrumpieron al Padre Daniel para hacer breves comentarios y degustar los encantos de la charla, dudando, por lo perfecto de la dicción, s¡tenían delante a un religioso chino.
El público aplaudió al final calurosamente, mientras las autoridades locales, el señor Cura Párroco, los delegados del alcalde y teniente de la Guardia Civil y otros señores, felicitaban con entusiasmo al Padre Daniel Han.
Otro factor del éxito del acto misional fue el amable ofrecimiento de don José Vidal —empresario—, al cedernos su lujoso e inmejorable salón de la Piscina de Aguas Vivas, que el devoto y distinguido público abordó sus mil butacas y aun otros permanecieron de pie en los corredores. Tras breve descanso, se rodó una película misionera, de altas calidades cinematográficas, titulada «Misión blanca». Fue un buen complemento al acto misionero y a las ideas expuestas por el Padre Daniel sobre la Unión de Misiones Franciscanas, objeto de la velada.
En el intermedio, unas señoritas pasaron las bandejas con el fin de recoger los donativos, sumando, en conjunta, 876'15 pesetas. Nuestras más expresivas gracias a los carcagentinos y nuestra enhorabuena al Padre Daniel Han.
D. C.
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