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Bendición de imágenes y consagración de altar en nuestra iglesia de San Lorenzo

Dos imágenes nuevas se han puesto en el altar mayor de nuestra iglesia de San Lorenzo, de Valencia, a un lado y a otro de la imagen del titular; imágenes de santos franciscanos y valencianos: San Luis Obispo y el Beato Nicolás Factor, valenciano éste por nacimiento y valenciano San Luis por adopción, y protector de Valencia, en cuya catedral se veneran sus sagradas reliquias.

Las imágenes son obra del acreditado escultor y devoto terciario franciscano don José María Ponsoda.

Las bendijo solemnemente el reverendísimo padre Agustín Sepinski, Ministro General de la Orden Franciscana, el 22 del pasado mayo, que lo pasó entre nosotros.

A continuación de la bendición celebró la Santa misa, en la que dio la comunión a los fieles, en su mayoría terciarios franciscanos. Más de quince minutos duró la distribución de la sagrada comunión.

Actuaron de padrinos de honor en la bendición de las imágenes don Daniel Lloréns y doña Elvira Salvador, que tuvieron lugar preferente, reservado en el presbiterio, para el acto de la bendición y para la santa misa. Más tarde nos obsequiaron con exquisitos dulces, grato recuerdo de esta simpática fiesta.

El ara de la nueva mesa del altar mayor la consagró el día 5 de junio el excelentísimo y reverendísimo señor Obispo de Teruel, fray León Villuendas, religioso franciscano.

A las 7'30 estaba dispuesto en el presbiterio todo lo que requiere el ritual para la consagración del ara, y el señor Obispo procedió a consagrarla, asistido de su capellán familiar y del padre Guardián del convento de San Lorenzo.

Se hizo l a consagración en presencia de los fieles, convocados para ello desde la tarde anterior, a quienes habló el señor Obispo notificándoles que, con la asistencia al acto, podían ganar indulgencia plenaria con las condiciones ordinarias de comunión y preces, y que cada año, visitando esta iglesia en el aniversario de la consagración, 5 de junio, podían ganar cien días de indulgencia.

La mesa del altar es toda ella de mármol con aplicaciones de bronce, obra de subido valor y de exquisito arte.

El ara es fija; mide 3,25 X 0,72 m.; es de mármol blanco Macael, y descansa inmediatamente sobre piezas de ónix Mallorca, sostenidas por dos robustas pilastras de mármol negro Bilbao con piezas de mármol Sarráncoli, adornadas con ménsulas y colgantes de bronce.

En el frontal entran mármoles diversos, artísticamente combinados. Sobre fondo verdoso va el negro adornado con hermosos apliques de bronce en sus bordes, y ante él resalta el blanco Macael, labrado en forma de concha, dentro de la cual reposa, sobre el sagrado libro de los siete sellos, el Cordero de Dios, símbolo de Jesucristo.

El zócalo del altar es mármol gris morisca y rojo. Las gradillas para candelabros y ramos son de mármol blanco rosado, con el antepecho gris morisca.

Un hermoso sagrario de mármol y bronce va en medio, del altar.

Mesa y sagrario son de estilo barroco, como requiere el retablo. Son obra del orfebre señor Piró y del marmolista señor Peris, que en este altar han acreditado de nuevo su ya famosa firma.


IN MEMORIAM

El P. Pedro Alandete Fuster

Descansó en el Señor después de larga y dolorosa enfermedad habiendo recibido los Sacramentos y auxilios espirituales, a la edad de ochenta y siete años, en el Convento de Benisa, el 3 de mayo del año en curso. Descanse en paz.

P. Pedro Alandete FusterDe su larga vida, apenas un lustro ha convivido entre nosotros; pero que lleno de virtud y simpatía. Diríase que vino a nosotros a volcar el pomo de las esencias espirituales recogidas en su prolongada vida. Nacido en Alquería de la Condesa, estudió el bachillerato en Valencia y pronto sintió el llamamiento divino a la vida religiosa. Por no estar todavía restaurada esta Seráfica Provincia de Valencia, marchó al Colegio de Misioneros de Chipiona (Cádiz). Allí pasó el noviciado y cursó los estudies eclesiásticos con brillante aprovechamiento. En 1892 fue ordenado de sacerdote, y bien pronto los Superiores conocieron sus relevantes prendas, por lo que le nombraron Superior de varias casas, maestro de novicios, profesor, etc.

Pero su amor a las almas le llevó más lejos; así le vemos en las Misiones de Marruecos por más de diez años, en Tierra Santa y sobre todo, en la Comisaría de Colombia, en donde la Orden le confió delicados cargos, así como las curias episcopales, del pais. Uno de los Obispos le quiso nombrar Vicario General de su diócesis, lo que el P. Pedro no quiso aceptar por no dejar la convivencia de sus hermanos en religión. En 1940 regresaba de América con deseos de ir nuevamente a Tierra Santa, pero las circunstancias le obligaron a esperar. Durante este tiempo la divina Providencia quiso valerse de él para que fuera el instrumento por el que los bienes de su familia, reunidos en su hermana Concepción, vinieran a llenar una necesidad de suma urgencia: la refacción y ensanche del Colegio Seráfico de esta Provincia.

Efectivamente, en diciembre de 1948 moría su hermana, y el P. Pedro ponía en manos de nuestros Superiores la voluntad testamentaria de la misma, que destinaba sus bienes para les intereses de más urgencia de la Seráfica Provincia de Valencia. En noviembre de 1950 se inauguraba la magna obra realizada en el Colegio Seráfico. El P. Pedro asistía a las solemnidad es y se le veía rebosante de alegría y como pidiendo a Dios permiso para salir ya de este mundo, como el anciano Simeón. No tardó el Señor en escuchar sus ruegos. Una caída le ocasionó una rotura que le postró en la cama. Cinco meses de grandes dolores; pero también de consoladores ejemplos de paciencia y de resignación. Al fin, en el primer sábado de este mayo, Dios se lo llevó al cielo con la muerte tranquila de los justos. Su entierro sirvió para que el pueblo de Benisa manifestara su acendrado amor al Colegio Seráfico y a sus bienhechores con una asistencia numerosísima.

El Colegio Seráfico de Benisa no le olvidará. Su obra le tendrá siempre presente.