Nuevas imágenes

La iglesia de San Lorenzo de Valencia añade las imágenes de San Luis, obispo y del Beato Nicolás Factor al retablo del altar mayor. Las tallas son obra del acreditado escultor Sr. Ponsoda.

San Luis, obispo

Luis, estrella de belleza
y vaso de santidad;
pues sois lirio de pureza
y rosa de caridad,
al Señor por nos rogad.

Bto Nicolás Factor

Oh Dios que concedisteis al bienaventurado Nicolás, vuestro confesor, seguiros con pureza de corazón; conceded a vuestros siervos que, llenos del mismo espíritu y fervientes en la caridad, corramos expeditamente por el sendero de vuestros mandamientos. Amén.

Consultorio religioso

—Dice la doctrina que Dios es infinitamente justo e infinitamente misericordioso, ¿Cómo puede ser eso, pues al hacer justicia deja de ser misericordioso, y al revés?

—Eso que dice la doctrina del Señor, es nada menos que una verdad de fe. Y esas verdades, acá en la tierra, son para creídas y no para comprendidas. La armónica conciliación de esos y otros atributos de Dios, nos dice el padre Lagrange, sólo en el Cielo, con la visión directa de la Divina Esencia, podremos comprenderla.

—¿Podría usted decirme si tiene censura el baile y qué clase le corresponde de las cuatro que se aplican al cine?

—Claro que el baile tiene censura, y grave casi siempre, si se trata de bailes "agarrados"; pero no sería fácil clasificarlos con las medidas con que se miden las películas, pues su mayor o menor peligro depende, casi siempre, más que de la clase de baile, del ambiente, la compañía, etc. Y esto... no puede clasificarse. Pero si se nos forzase a hacer una clasificación de les mismos, los clasificaríamos: en bailes sueltos y en bailes agarrados.

"Bailes sueltos": ordinariamente, blancos; a veces, azules.
"Bailes agarrados: alguna vez, rosa; ordinariamente, rojos.

Esto —claro es— prescindiendo de ciertos detalles: de salón, ambiente, vestidos, etcétera, que pueden hacer grave el baile más inocente.

—¿Es preciso meditar, en cada estación del vía-crucis, sobre el paso que en ella se venera?

—No, señora. Cada uno puede practicar la devoción del vía-crucis, siguiendo las distintas estaciones, meditando en cada una sobre la Pasión del Señor. Pero no es necesario que se medite, precisamente, sobre el paso que se venera en cada estación, aunque es lo más propio.

Fr. Agnello

De las misiones de El Beni (Bolivia)

Exaltación (Jacuma), 28 marzo 1952.

Muy R. P. Joaquín Sanchis: Por fin he llegado al término de mi peregrinación por el nuevo y viejo mundo, tocándome en suerte este lugarcito, Misión de la Exaltación de la Santa Cruz.

El día 14 salí de Trinidad, a las nueve de la mañana, embarcado en una canoa a motor, y a la hora llegamos a Puerto Almacén y pasamos al vaporcito «Sierra Morena», embarcando en el «Río Jacuma», y seguimos el viaje a ésta. Llegué a su puerto a la madrugada del día 16, y al bajar tuvo el hermano cuerpo un violento ataque de una tropa de mosquitos que lo dejaron «fet un Sant Lláser».

El capitán del puerto, muy atento, me ofreció el único sitio disponible para mi descanso en el barracón de mercancías, y allí, sobre una tarima de troncos, extendí mi petate, consistente en el hábito, manto y algo más de ropa, y pusimos la mosquitera (pieza imprescindible por estas tierras), y nos tumbamos a descansar un poco; pero al ratito tuvimos que levantar tiendas, pues unos buenos vecinos se habían ofrecido a llevarme en su canoa, y a ella nos dirigimos. Y cuando iba con más precaución y me prevenían para no resbalar, he aquí que, apenas pongo el primer pie en la canoa, doy un resbalón de primer orden; menos mal que mi centro de gravedad cayó verticalmente y sin ninguna consecuencia.

Nos acomodamos bien y, después de un paseíto por el río y laguna, llegamos al desembarcadero cercano al pueblecito. Serían las seis de la mañana del 17, y mientras se pusieron a adecentar un poco la iglesia, estuve en la casa del Interventor municipal, recibiendo el saludo de la mayor parte de los vecinos, que iban acudiendo conforme se enteraban de mi llegada. Celebramos la Santa Misa, pero con algún apuro, pues los murciélagos, dueños de la situación, revoloteaban alrededor y dejaban caer inmundicias sobre el altar. Este inconveniente se ha subsanado luego un poquito, haciendo una especie de baldaquino con una sábana blanca Pero es preciso sacar todo el tejado de la iglesia para vemos libres de semejante plaga.

El día de San José hubo Misa solemne cantada acompañada con bombo y violín que tocaba el maestro de capilla. He sido obsequiado por esta pobre gente con pollos, gallinas, perdices, huevos, plátanos, queso, chivé, chasque, etc.

En esta iglesia se conservan los vasos sagrados, custodia, atril, frontal, sagrario, incensario, candelabros, hisopo y acetre, etcétera, todo de plata artísticamente labrada. Las imágenes y candelabros tallados artísticamente, se conservan en lamentable estado. Ahora quisiera uno ser artista como sus antecesores Modesto y Damián Pastor; pero como no lo soy, encomendamos la solución a la «Mare de Deu deis Desamparats, per els ángels fabricada».

A ella se encomienda este valenciano, de todos el más alejado y desamparado, pidiendo su maternal y seráfica bendición.

Fr. Antonio Mª Pastor, ofm

Leyenda

Melania la ciega

No era ciega de nacimiento; había visto durante diez años la luz del sol, y eso mismo, a los veinte, le hacía más penosa la ceguera. ¡Pobre Melania! ¡Cómo el recuerdo de tus desdichas arranca lágrimas todavía hoy a tus paisanos! ¡Cómo aun ahora, después de tantos años, por nadie contados!, te echan de menos los nobles montañeses de la preciosa Vizcaya!

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Asaltaron unos forajidos la morada donde con su anciano padre vivía; no quisieron ellos testigos de su crimen, mas no se resolvieron a darle muerte al verla tan bella e inocente, y se contentaron con apagar de dos puñaladas aquellas dos lumbreras de sus ojos. Su padre murió en la refriega, y ella, que no era rica, se retiró a casa de un pariente suyo, condenada a arrastrar toda su vida una penosísima existencia. "¡Niña y ciega —exclamaban todos al verla—, ¡qué desgracia!"

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La cieguecita se vio aislada en medio del mundo, y la soledad más espantosa la cercó por doquier... Y, sin embargo, necesitaba compañía..., necesitaba alguien que estuviera de continuo a su lado para endulzar sus penas..., alguien con quien desahogarse..., alguien, en fin, que le sirviese de lazo de unión con aquel mundo exterior cuyas bellezas, cuyos encantos, estaban, ¡ay!, para ella cubiertos con un velo tan negro..., tan negro, envueltos en una niebla tan espesa..., tan espesa.

No halló Melania mejor compañera y compró una cabrita; la llamó Princesa, hizo que le pusieran al pescuezo un lazo morado con una campanilla, y entabló con el animal la más dulce y franca amistad, correspondida por él con toda suerte de finezas, atenciones y caricias. La cabra no se apartaba un punto de la ciega, y cuando con ella no jugueteaba estábase tranquila a sus pies, con la cabeza apoyada en sus rodillas. Cuando Melania se trasladaba de un lugar a otro, o daba su diario paseo por las tardes a la colina más próxima a la aldea, cogía con la mano los retorcidos cuernos de Princesa, y ésta la iba guiando... Y las gentes se paraban a contemplar grupo tan encantador, y exclamaban: "¡Ahí va la inocencia guiando a la desgracia! ¡Niña y ciega! ¡Pobrecita!"

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Una tarde del mes de octubre, estaba Melania sentada junto a la falda de la colina, a la orilla misma del camino; a su lado, Princesita, sentada también, la miraba dulcemente. De pronto llega un hombre corriendo, y el rastro de sangre que va dejando en pos de si y lo agitado de su ademán, indican claramente que viene herido. Al llegar junto a Melania, le flaquean las piernas, se tambalea y cae exclamando:

—¡Justicia de Dios!

Los pasos, el ruido y las voces asustan a Melania, que se incorpora y grita:

—¿Quién viene?... ¡Cuidad! ¡Soy ciega! ¡Soy ciega!

—Bien sé que lo eres —responde el forastero—; pero ayúdame a morir, que Dios así lo dispone.

—¿Quién sois? —pregunta atónita la cieguecita—.

—Yo soy —le dice el otro— un malhechor; yo maté a tu padre; yo te quité la vista, y ahora quise atacar a un transeúnte no lejos de aquí, mas él me hirió en el costado y me siento morir; dame el perdón y préstame ayuda.

Melania se estremeció de ira, y una nube de sangre se agolpó a sus ojos apagados, mas no tardó mucho en sobreponerse y dar cabida en su alma a la piedad; que es el infortunio escuela de paciencia y mansedumbre, y el infortunio de Melania era inmenso. Perdonó al criminal, le exhortó a dolerse de sus culpas, y con su delicada mano apoyada en la frente del malhechor, oró a Dios por él.

Al poco rato, los dedos de Melania sintieron ya que el frío de la muerte se había apoderado de aquel cuerpo; entonces.. a tientas..., la cieguecita le buscó los ojos con la mano, y, dando un suspiro, se los cerró blandamente..., como lo hiciera una madre cariñosa..., como lo hiciera una hija idolatrada.

Melania volvió a su casa y su emoción fue tanta, que aquella misma noche le quitó la vida. Princesa no se apartó un momento del lado de su ama, o, por mejor decir, de su amiga, y luego que dieron tierra a su cadáver, desapareció sin que nadie supiera qué dirección había tomado.

Sin embargo, dicen las gentes de aquel país que todos los años, el día de San Lucas, a eso de media noche, viene Princesa al camposanto de aquella aldea, y, saltando el muro medio derruido, va a ponerse sobre la tumba de Melania, y después de estarse allí un buen rato, da tres balidos tristes..., melancólicos..., penetrantes, y tres veces también hace sonar su campanilla; nadie la ha visto, pero todos lo dan por seguro, y por eso aquella noche, cuando se oye algún ruido en el pueblo, luego dicen niños y grandes: "Es la campanilla de Princesa, la cabra de Melania."

Noticias

FIESTAS ANTONIANAS
Todas las Asociaciones Antonianas de nuestra Seráfica Provincia han celebrado este año con gran brillantez la fiesta que anualmente dedican a su excelso Patrono, San Antonio de Padua. Pero merece mención especial, por la mayor solemnidad de sus cultos, la fiesta organizada por las Asociaciones Antonianas de San Lorenzo de Valencia, cuya grandiosidad culminó en la primera comunión de alumnos del Centro Instructivo Antemano y en todos los actos del último día del solemnísimo novenario, principalmente en la procesión, que, por lo nutrido de sus filas, por la muchedumbre de espectadoras, por la lluvia de flores desde los balcones al paso de la imagen en todo su recorrido y por las muchas personas de ambos sexos que desfilaron al final a besar la reliquia del Santo, constituyó una elocuente proclama de amor y devoción al glorioso taumaturgo paduano. Publicaremos las crónicas de estas fiestas en números sucesivos de esta revista. Nuestra enhorabuena a las mencionadas Asociaciones y a sus Padres Directores.

ORDENES SAGRADAS EN ONTENIENTE
De manos del Excmo. y Rvdmo. Obispo de Teruel, Fr. León Villuendas Polo, recibieron, el día 7 de junio del año en curso,

Damos a todos, desde estas líneas, nuestra cordial felicitación.

Desde Madrid
De paso, para asistir especialmente invitado al XXXV Congreso Eucarístico Internacional en Barcelona, ha estado en Madrid Fr. José Francisco de Guadalupe Mójica, ofm, quien, firme y constante en su propósito —desde que trocó la vida de astro de Hollywood por la humilde de religioso franciscano en 1943— de pasar el resto de su vida lo más desapercibido y olvidado del mundo, quiso estar aquí de riguroso incógnito, eligiendo para alojarse, entre los cuatro conventos franciscanos de la ciudad, el más desconocido, cuyos moradores —por estar exclusivamente dedicados a la investigación histórica y a la publicación de la revista trimestral «Archivo Ibero-Americano»— apenas si tienen contacto ni son conocidos del público.

Es por esto que desde el instante en que cundió el rumor de su llegada se lanzaron los fotógrafos y reporteros en su búsqueda, dirigiéndose a todos los conventos menos al que le hospedaba. De esta manera, al no poder ser localizado, disfrutó viviendo plácidamente la vida conventual, cuyos actos de comunidad siguió con el mayor fervor religioso. Visitó, como esparcimiento legítimo, algunos lugares de Madrid, donde inmediatamente era reconocido con muestras de simpatía, como ídolo que fue un tiempo de las multitudes, y los fotógrafos le enfocaban rápidos sus cámaras indiscretas, sorprendiéndole mientras se explayaba admirando las bellezas («¡Qué lindo, está todo!», decía a cada paso) madrileñas, ajeno y abstraído de todo cuanto a su alrededor se comentaba (como se puede observar en el grabado donde queda recogido un primer plano —permítasenos la nomenclatura cinematográfica en esta oportunidad— del P. Mojica ante ese fondo entrañable y familiar de la torre del reloj de la Puerta del. Sol).

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En la intimidad familiar tuvo la gentileza de deleitarnos con varias de sus canciones mejores, desgranadas con la mayor pureza de matices de su privilegiada voz, como en sus mejores tiempos. Antes de salir para tomar el tren, cantó en nuestra capilla, durante el ejercicio de las Flores del Mes de María, la plegaria de Sancho Marraco: «...que del mundo la pompa he dejado y a tus pies, postrado, deseo morir.—

También pasó por Valencia, celebrando la Santa Misa, el día 19 de julio, en la iglesia de San Lorenzo de los PP. Franciscanos, y, el día 20, en la Real Basílica de Nuestra Señora de los Desamparados.

Fr. Camilo Jorda, ofm

Administrador de «Archivo Ibero-Americano»
Madrid, 10 may 52.