A la definición dogmática de la Inmaculada Concepción

Era venido el suspirado día,
por el dedo divino señalado,
para que el cielo oyera la armonía
del himno más sublime que ha cantado
el mundo enamorado de María.

La mano augusta que grabó indelebles
en el seno de todo lo creado
las sabias leyes que la vida rigen,
la que movió el abismo de la nada,
la que del tiempo señaló el origen,
la que la vida conoció increada,
la que en el caos derramó armonías
y en el vacío modeló grandezas,
y en los abismos encendió los días
y con su luz iluminó bellezas;
la que en los días del vivir primeros
selló los hechiceros
secretos de las grandes maravillas;
la que en el cielo derramó luceros
como en la tierra derramó semillas;
la que en los montes despeñó torrentes;
la que en los valles ocultó palomas
y desató las brisas y las fuentes,
pintó los lirios y esenció las pomas;
la que endulzó el sonoro
de aves cantoras incontable coro;
la que a los ojos de belleza avaros
les mostró de los días el tesoro
de ocasos teñidos de escarlata,
bellas auroras de oro
y medio días de bruñida plata...
la mano omnipotente
que hizo del limo la gentil figura
de la primera humana criatura,
carne hermosa con alma inteligente...
Aquella sabia mano,
providente, magnánima, divina,
quiso en un ser, por bello soberano,
compendiar la hermosura peregrina
que vertió en lo divino y en lo humano,
y con la luz de todas las blancuras,
con la clave de todas las grandezas,
con el fuego de todas las ternuras,
con la esencia de todas las purezas,
con las mieles de todas las dulzuras
y la cifra de todas las bellezas,
grandiosa, exuberante,
casta, ideal, magnífica y triunfante,
más sencilla y gentil que las palomas,
más hermosa que el día,
más pura que la luz y los aromas,
más hermosa que el sol... ¡hizo a María!
Y ¿cómo no crearla pura y bella,
si morada de Dios iba a ser Ella?

Y fue limpia morada
del que pasó por Ella, Cristo vivo,
puras dejando sus entrañas puras...
¿Mancha el beso del sol la inmaculada
nieve de las alturas?

El Dios que la creó quiso que el mundo
sin su mandato Pura la sintiera...
Y el mundo bueno, con amor profundo,
la sintió como era...
Ancianos patriarcas venerables,
videntes y profetas,
mártires incontables,
teólogos y poetas,
cenobitas y santos adorables,
filósofos y extáticos ascetas...
Mundo meditador, mundo creyente...
¡Todos en santa universal porfía
tuvisteis en el pecho y en la mente
la fe de la pureza de María!

Pero faltaba el eco soberano
de la voz del Señor, nota primera
del divino Poema mariano...
¡Indigno de Ella fuera,
sin preludio de Dios, un canto humano!

Y aquel sublime y venerable anciano
que el místico rebaño dirigiera
con luces celestiales en la mente,
con llaves áureas en la augusta mano
y corona de espinas en la frente;
el mártir generoso
de alma de fuego y corazón piadoso
que vivió sangre santa derramando
y pasó por la vida bendiciendo
y descendió al sepulcro perdonando
el justo, el perseguido,
el del ardiente corazón herido
que en santa caridad se derretía,
¡Aquel fue el elegido
para exaltar la gloria de María,
para apagar el infernal rugido
con el preludio santo
del más sublime canto
que de boca del hombre el cielo ha oído!
Oraba el justo con fervor profundo,
callaba el cielo y esperaba el mundo...
Arrobado en coloquios divinales
con el más grande amor de los amores,
paladeando mieles edenales,
bálsamo de agudísimos dolores,
en los ojos el fuego de los llantos
y el del amor dulcísimo delirio,
en las sienes el nimbo de los santos
y en la mano la palma del martirio.
Extático, magnífico, sereno,
ebrio de caridad, de gracia lleno,
cuando del cielo descendió el torrente
de la divina inspiración gigante,
tornó a sus hijos la mirada amante
llena de amor ardiente,
y grande, majestático, triunfante,
con las mieles de todos los consuelos,
en una voz que resonó en la anchura
del ancho mundo y de los santos cielos,
llorando de alegría y de ternura,
clamó radiante: —¡Inmaculada y Pura!—
¡Inmaculada y Pura!, repitieron
los ángeles que asisten a María;
y la creyente muchedumbre humana
con voz de amores, honda y soberana,
¡Inmaculada y Pura! repetía.
Y toda la armonía
con que sabe latir naturaleza,
se derrramó en la inmensa sinfonía;
y del aire en ámbito profundo
y de las almas en la fresca hondura,
flotó un ambiente de idea, pureza,
segundo redentor de todo un mundo
puesto a las plantas de la Virgen Pura.

Y herida nuevamente
con honda herida la infernal serpiente,
silbó blasfemias con su lengua impura
moviendo al cielo guerra,
y su chata cabeza ensangrentada
golpeó sobre el polvo de la tierra,
con rabia loca de soberbia hollada,
y sus fauces cargadas de veneno
polvo amasaron con su baba horrible,
y el cuerpo innoble, en convulsión terrible,
se retorció sobre su propio cieno.

¡Gloria a Ti, Madre mía!,
que con tus plantas el abismo huellas,
y con tu luz disipas las negruras,
áurea alborada del dichoso día
de quien un rayo son las cosas bellas,
de quien un rayo son las cosas puras.

Gloria canto a tus plantas,
Sol del Edén, de perfección dechado,
de quien átomos son las cosas santas,
que el Señor en la vida ha derramado;
de quien son un reflejo peregrino
las estrellas de luz resplandeciente
y el coro de querubes refulgente
que forman el divino
nimbo de luz de tu divina frente;

¡Dios te salve, María Inmaculada,
de la gracia de Dios favorecida,
y con todo el poder de Dios creada,
y con todo el favor de Dios henchida,
y con todo el amor de Dios amada,
la sin pecado original nacida,
la sin mácula Virgen coronada!

Flor de las flores, adorable encanto,
gloria del mundo, celestial hechizo...
¡Dios no pudo hacer más cuando te hizo!
iYo no sé decir más cuando te canto!

Gabriel y Galán

Las fiestas de la Coronación de la Virgen del Puig en Valencia

En el programa de fiestas del Año Mariano en nuestra diócesis figura como acto cumbre la Coronación canónica en nuestra ciudad de la Virgen del Puig, Patrona del reino de Valencia.

Para organizar dicho acto se celebró, en la tarde del 22 del pasado septiembre, en el Palacio Arzobispal, una reunión presidida por nuestro Arzobispo y el señor Obispo Auxiliar. Y en esta reunión se acordó que el lugar de la Coronación sea las torres de Serranos por su rango histórico singular y por su imponderable belleza, y que la fecha de la Coronación sea el día de Sant Donís, 9 de octubre, en atención a aquel memorable día de Sant Donís del 1238.

A este efecto la santa imagen será trasladada desde el Puig a Valencia en la tarde del día 6, siendo recibida por el pueblo valenciano en las puertas de las Torres de Serranos.

Será llevada con toda solemnidad a la iglesia Catedral, donde en su honor se celebrará a su llegada, así como en los días 7 y 8, un solemne triduo, en los que ocupará la sagrada cátedra el señor Obispo de Coria don Manuel Llopis.

El día 9, a las ocho y media de la mañana, llegará a Valencia, por vía marítima, la imagen de la Virgen del Castillo de Cullera.

Cerca de treinta imágenes de las Vírgenes Patronas de diversos pueblos de la provincia serán trasladadas a nuestra ciudad a partir del día 6, siendo depositadas en los templos señalados al efecto.

Hacia el medio día del día 9 se reunirán todas Las imágenes en la plaza de Tetuán, desde donde se dirigirán procesionalmente a la plaza de la Virgen, hasta el momento de la Coronación, en que se trasladarán a las torres de Serranos, frente a las cuales se realizará el grandioso y emocionante acto de la Coronación de la Virgen del Puig y la formulación del voto mediacionista.

El día 10, por la mañana, en la Santa Iglesia Catedral se celebrará una solemnísima Misa de pontifical. Por la tarde se celebrará la procesión general del Año Mariano, que clausurará triunfalmente las próximas solemnidades.

El colegio de la Concepción de Onteniente

Onteniente —ciudad «muy noble, muy leal y muy caritativa»— tiene unos 15.000 habitantes. Su territorio es rico y muy extenso. Las huertas del Pía no tienen que envidiar a las mejores de la región; los trigales de las tierras altas pueden competir con los de la no lejana Mancha; abundan los viñedos, olivos, algarrobos; la mano de Dios ha derramado con profusión sus dones sobre esta bendita tierra. El paisaje es variadísimo. Está cortado por profundos barrancos de exuberante vegetación, que se cruzan, formando rinconadas románticas, para verter sus aguas —aguas de montaña— en el Clariano.

Antaño la agricultura constituía la riqueza principal de los hijos de Onteniente. Hoy día la actividad febril de sus calles delata a Onteniente como ciudad eminentemente industrial.

En un altozano que domina la ciudad, al pie de la loma de Santa Ana, divisa el viajero un amplio edificio que asoma modesto y a la vez majestuoso entre frondosa arboleda. Es el Colegio de la Concepción; caserón solariega de gloriosa estirpe, cuna de espíritus selectos, fortaleza amurallada del saber, que irradia la ciencia del bien al extenso círculo de almas que dirigen a aquellas alturas sus ojos, ávidos de la luz de la verdad. Una ancha alameda conduce desde el gran puente del Clariano hasta las puertas del Colegio, que se abren risueñas, dejando entrever las líneas clásicas del patio interior, bañado de luz. Impresión de placidez. El Colegio no abruma por su imponente mole, ni fascina por su lujo y riqueza.

El espíritu franciscano ha derramado a manos llenas en sus muros, aulas, salones, patios, la alegría santa de su esencia. Todo es gusto y elegancia, dentro de la sobriedad y modestia franciscanas. Se comprende al momento que el niño se sienta aquí feliz y cobijado; su rostro jovial y risueño encaja perfectamente en este marco de alegría serena. Hasta la capilla del Colegio, espaciosa como cualquier templo parroquial, luminosa y de colores claros, respira una religiosidad alegre, optimista y confortante.

Rodea al edificio extenso huerto; en parte está dedicado al cultivo y en parte a jardín botánico; bello, sugestivo, con juguetones surtidores, grande y profunda piscina, muchas flores, rincones idílicos, retiros que convidan al estudio y la contemplación.

Desde las galerías del Colegio se contempla el marco encantador de este bello cuadro. El relieve desigual del terreno que rodea al edificio está cubierto de casitas de campo; algunas, sobrias; otras, humildes todas sugestivas. Se diría que se contempla un panorama de nacimiento. Antiguamente nadie conocía el atractivo de la Solana —nombre con que se designa esta partida—; hoy, al calor del hogar franciscano, han ido surgiendo estas encantadoras villas, que en las noches de verano son hervidero de jovialidad, de música y bullicio. Sus luces se van multiplicando y no tardarán en querer competir con las estrellas.

Líneas más o menos irregulares de montañas cortan el horizonte. Por el Norte, la sierra está cerca. Por la parte Sur, y detrás del Torrater, se asoma la gruesa mole de la sierra Mariola. Al Sudeste y ya lejos, se yergue altivo el pico de Benicadell, centinela de este rico valle, el valle de Albaida.

Este es el hogar de los hijos de la Inmaculada. Cincuenta y nueve años lleva ya formando, con la reciedumbre de su espíritu, las almas juveniles. Hoy sus hijos son legión y forman una tupida red que se extiende por toda la región valenciana y hasta por todo el suelo español. El Colegio de la Concepción tiene un nombre conquistado y una historia gloriosa.

Fr. Joaquín Sanchis, ofm
(En su libro intitulado Colegio de la Concepción.)