Verónica
Bajo las higueras de plata, alegres de gorjeos, la niña detuvo su andar cansado y miró en torno como pidiendo auxilio, porque su cántaro le pesaba mucho. Pero el camino estaba solitario. A veces un pastor, compadecido de su pequeñez, la hacía subir sobre el burrito; a veces alguien la tomó en brazos con ternura, abreviando la distancia inexorable entre la fuente y su pobre hogar. Y ella no pedía nunca merced, sino con sus ojos profundos y tiernos.
Conmovía mucho a los viajeros del camino aquella niña de siete años escasos con los pies en el polvo y las quejadas al viento. Era como una rosa que floreciera sobre la tierra áspera. Algo radiante, como un hilo de agua fresca. Hija única de una pobre mujer, debía sobrellevar con paciencia la carga de los días... Y en sus años breves, insensible a las rudezas de la vida agreste. Se hubiera dicho que las espinas evitaban sus plantas desnudas, que las ramas le alcanzaban doseles de frescura, que los pajaritos se complacían en llenarle de músicas el camino cuando volvía de la fuente con el cántaro pesado o del bosque profundo con su carguita de leña.
Y aquella tarde la niña buscó el arrimo de una higuera, suspirando muy fatigada. Sobre su cabeza la rama de los pájaros y la rama de la fruta le brindaban compañía. La tarde se apagaba con tintes rosas; el horizonte iba cerrando ya sus párpados morados.
Y la niña miró la barquita de una nube roja alejándose. Ella se complacía en imaginar puertas al cielo, puertas grandes y azules. Su riqueza infinita consistía en soñar. Había soñado que un ángel tocaba la puerta de su casa para dejar en ella tres dones visibles una sonrisa para la madre, siempre triste; un pan que no se acababa y un fuego que se mantenía sin necesidad de que nadie lo cebase. La riqueza la dejaba indiferente. Nunca ansió ni siquiera sandalias para el camino. Y tenía una sola túnica muy pobre, y muy limpia siempre. Sus juguetes eran las alas libres en el viento, las flores y las ramas. Nunca tuvo otros ni se puso a imaginarlos.
Y aquella tarde vio de pronto a sus pies en el sendero un pajarillo que piaba tristemente, con un trasvolar vencido, a ras de tierra, porque tenia una ala rota. Con infinita compasión la niña se inclinó a tomarlo, y sus dedos se hicieron suaves como el roce de la brisa, mientras compadecía llorando
—Ya no alcanzarás la rama de tu nido. Vas a morirte. No hacías mal a nadie y te han quebrado un ala.
La avecilla entrecerró sus ojitos brillantes al arrimo dulce como si comprendiera. Y se dejó estar quieta en el regazo de, la nena. Entonces fue cuando ella vio unos pies sobre el camino ¡habían surgido casi misteriosamente y eran tan nítidos como si fueran de luz. Pies también breves y descalzos. Lentamente ella levantó sus ojos llenos de lágrimas y vio a su lado la figura de un muchacho. Vestía una túnica larga y blanca; llevaba los rizos sueltos y su semblante difundía una especie de resplandor irresistible. La voz de él sonó como una música profunda:
—¿Por qué lloras?
—Porque este pájaro tiene una ala rota y ya nunca podrá volar.
—Es verdad. Pobrecito. Dámelo.
Y ella depositó el pájaro en la mano casi luminosa. El muchacho llevó el ave a su boca, lo mismo que para infundirle algo de su aliento, y el pájaro se agitó un instante para volar en seguida, porque la mano lo impulsó dulcemente.
Con profundo asombro Ja niña se puso en pie junto al muchacho y se quedó mirándole maravillada.
—¿Tú devuelves su ala rota a los pajarillos?
—Sí —fue la respuesta casi majestuosa—. Y también aligero de su carga pesada a los que no pueden con ella. Dame tu cántaro.
Lentamente y bajo las estrellas que iban naciendo claras y dispersas en el cielo de un pálido azul, la niña y el muchacho caminaron hacia la aldea. Y cuando estuvieron junto a los sicómoros que daban sombra a las primeras casas ella preguntó:
—¿Cómo te llamas?
—Jesús.
—Te conozco, eres el Hijo de María; el que se perdió durante tres días y su -Madre lo busca llorando; el que apareció en el templo junto a los Doctores.
—Sí...
—Dicen que eres el más sabio, de los niños, pero nunca pensé que lo fueses tanto como para devolver su ala rota a un pajarito. Nunca podré olvidarme de lo que has hecho. Nunca veré a nadie hacer algo tan hermoso. Es como si hubiese contemplado el rostro de un ángel.
Y la voz dulce preguntó:
—¿Cómo te llamas, niña?
—Ay, no me acuerdo. En la aldea me nombran de cien maneras la pobre, la huérfana, la solitaria, la descalza, la que tiene una sola túnica.
Habían llegado a la casa de la niñita; Jesús puso el cántaro en el umbral de piedra desgastada y se quedó mirando a la criatura. Luego, despidiéndose, le dijo con profunda bondad:
—Adiós; tus nombres todos quedan en mi corazón. Y yo te prometo que algún día tendrás el nombre más hermoso que puedas soñar.
Pasó el tiempo; corrieron los años. Todo era igual en la aldea pobre. Un ritmo idéntico el de su vida. La caída de las hojas, la recolección de las aceitunas, la estación de las brevas, se sucedían monótonas. Pero la niña se había hecho una hermosa joven solitaria. La habían querido desposar jóvenes muy ricos, enamorados de su belleza. Pero ella los rechazó con sencillas palabras:
—No puedo aceptarte porque no te amo.
Y las otras muchachas se reían de ella:
—No conoce a los hombres. Pudo jugar con el más poderoso del lugar haciéndole creer que le quería. Y ha preferido ahuyentarlo.
En sus labores solitarias ella pensaba cosas maravillosas; pensaba que para amar a un hombre le hubiera sido necesario verlo realizar algo tan difícil y tan bello como restituir su ala a un pajarito herido. Así soñaba; así pasaron sus años hasta hacerse mujer, mujer solitaria y profunda, cuyos ojos veían el más allá de las cosas, perdidos siempre en visiones ulteriores de grandeza eterna.
Una tarde, mientras tejía un lienzo de blancura inmaculada, alguien le preguntó para quién era, y contestó sencillamente:
—Tal vez para mí misma; nadie conoce su día, puede que ésta sea mi mortaja.
Y naturalmente se rieron de ella.
Las turbas llenaban la ciudad de gritos y denuestos. Saduceos y escribas, romanos y judíos, duros de cerviz, rodeaban al Hijo del Hombre coronado de espinas y cubierto con la túnica grana de la irrisión. Un odio exasperado abatía sobre El insultos y clamores, mientras sus pies heridos vacilaban con pasos desiguales bajo el agobio terrible de la cruz. Y la tarde parecía anochecer perturbando los ánimos sensibles con un pánico de vacío cósmico. Numerosas mujeres rodeaban a Jesús como racimo de angustia y de imploración. La Divina Faz empapada de lágrimas y de sangre estaba irreconocible. Entonces una mujer se adelantó del grupo de las dolorosas, una mujer a quien el recio tumbo del corazón empujaba sin miedo y sin vacilaciones hacia la calle de Ja Amargura. Aquellos ojos hechos a visiones profundas veían en el Hombre agobiado a un pájaro con las alas rotas. Y en las alas rotas, el Vuelo Inmenso de la Eternidad. Todo era posible en el instante trágico en el que para ella retrocedió el tiempo hasta la infancia, hasta el encuentro con su propia voz infantil:
—No has hecho mal a nadie y te han roto las alas.
Con actitud de suprema beatitud, de infinito amor, ella corrió hacia Jesús con el lienzo inmaculado. Y dulcemente, como si tuviera en las manos un pájaro herido, enjugó el rostro doliente. Y recibió en el suyo deslumbrado el mirar eterno; oyó en su corazón las palabras de la profecía «Yo te prometo que algún día tendrás el nombre más hermoso que puedas soñar... Verónica, verdadera depositaria de mi Rostro Humano».
Y en las manos trémulas de una mujer maravillada todos contemplaron el milagro de la Santa Faz, impresa en el lienzo que ellas agitaban como un lábaro triunfante.
María Alicia Domínguez
Imagen de la Verónica. [De Centro Aleti]
Noticias
El homenaje de España a S. S. Pío XII. La Junta Nacional designada por la Conferencia de reverendísimos Metropolitanos para llevar a cabo el homenaje de España a Su Santidad el Papa Pío XII con motivo del 80 aniversario de su nacimiento y del 27 de su elevación al Solio Pontificio, quedó constituida la tarde del 4 de febrero en el palacio de la Cruzada bajo la presidencia del Cardenal Pía y Deniel, Arzobispo de Toledo y Primado de España, y de otros prelados.
El Cardenal Arzobispo de Toledo explicó el significado del homenaje al Papa como de fidelidad a la Santa Sede y a la egregia figura de Pío XII, y dijo que constaría fundamentalmente de adhesiones y plegarias y de la ofrenda al Pontífice de un nuevo edificio para sede del Colegio Español en Roma, ya que el que ahora existe es insuficiente y está enclavado en el centro de Roma.
Homenaje de la Orden Franciscana al Papa. — El P. Agustín Sépinski, Ministro General de los Frailes Menores, el día 29 del pasado enero dirigió unas Letras a todos sus súbditos de las tres Ordenes, exhortándoles a celebrar con júbilo el día natalicio de S. S. Pío XII y dándoles normas para dicho homenaje.
En cumplimiento de las citadas Letras, el P. José Antonio Arnau, Ministro Provincial de la Seráfica Provincia de Valencia y Aragón, envió una Carta-Circular a todos los conventos de su jurisdicción con el mismo objeto.
De acuerdo con los citados documentos, el homenaje —en líneas generales— consistió en tres días de plegarias por el Sumo Pontífice y en actos literarios exaltando su figura gigantesca.
Ejercicios espirituales. — La Hermandad de la V. O. T. de San Francisco, establecida en la iglesia de San Lorenzo, de Valencia, como de costumbre ha practicado también este año Ejercicios espirituales. Los ha dirigido el P. Provincial Fr. José Antonio Arnáu. Y tuvieron lugar los días del 19 al 26 del pasado febrero. Que la semilla de la divina palabra sembrada esos días en las almas de los terciarios y terciarias produzca fruto abundante.
Visitador General de la Provincia Franciscana de Cataluña. — Por el Definitorio General de la Orden de los Frailes Menores ha sido nombrado para visitar canónicamente la Provincia Franciscana de Cataluña el P. Joaquín Sanchis Alventosa, reelegido también recientemente para Superior de San Francisco el Grande, de Madrid, y, como saben ya nuestros lectores, colaborador activo de nuestra Revista. La Acción Antoniana se congratula con tan honroso nombramiento y le desea feliz éxito en su cometido.
Nuevos colaboradores en la Revista La Acción Antoniana. — El Consejo de Redacción de la Revista La Acción Antoniana tuvo su primera reunión, presidida por el P. Pacífico Torres, Director de la misma, en el convento de San Lorenzo, de Valencia, el día 23 del pasado diciembre. Entre las muchas cosas de interés tratadas acordaron nombrar, a más de los actuales colaboradores en dicha Revista, a los siguientes PP. Jacinto Fernández, David Cervera, Juan José Baydal, Miguel Ángel Briz, Ricardo Olmos, Luis Giner, Eduardo Camallonga, Anselmo Martí, Salvador Perona, Pedro Bautista Vidal, Tomás Burgos, Jorge Sanchis, Benjamín Agulló, Víctor Canet, José Luis García y Fr. Ángel Martín. Dichos nuevos colaboradores deben presentar dos o tres artículos cada año en la Redacción.
A todos la enhorabuena. Y de todos esperamos artículos interesantes y amenos que tengan buena acogida en los lectores de nuestra Revista.
Profesión solemne. — El día 6 de enero, festividad de los Santos Reyes, emitieron sus votos solemnes en manos del P. Provincial Fr. José Antonio Arnau, en la iglesia del convento de San Francisco, de Teruel, los teólogos franciscanos Fr. Joaquín María Betrán y Fr. José Manresa, y el Hermano lego Fr. Feliciano Marqués. Que el Pobrecillo de Asís les alcance de Dios la santa perseverancia.
Profesión simple. — Se consagraron al servicio del Señor con votos simples, el día 16 de febrero del año en curso, en la iglesia del Monasterio de Santo Espíritu del Monte, el corista franciscano Fr. Juan Vicente Gregori Ferrairo y el Hermano lego Fr. Luis María Sandoval Campderá. Actuó de ministro en la ceremonia el P. José Antonio Arnau, Provincial de la Seráfica Provincia de Valencia y Aragón. Felicitamos a los dos de corazón.
Di a del Papa. — El día 2 del mes corriente S. S. Pío XII cumplió ochenta años. Con este motivo el Arzobispo de Milán, íntimo colaborador del Papa, exhortó a sus fieles a celebrar tan fausto acontecimiento conforme a los deseos del ¡Papa propagando sus enseñanzas, promoviendo nuevas instituciones culturales católicas e intensificando el apostolado entre los jóvenes y los obreros. Los trabajadores obreros italianos se propusieron honrar esta fecha del ochenta cumpleaños del Papa con la construcción del «Cristo de los Trabajadores». Con este fin organizaron una colecta entre todos los trabajadores de la nación.
In memoriam
P. José Mª Baidal Bañuls
En Santo Espíritu del Monte (Gilet), el día 19 de febrero del año en curso se durmió en el ósculo del Señor, tras larga enfermedad sufrida con la mayor resignación, el P. José Mª Baidal Bañuls, de la Orden de San Francisco, a los setenta y cuatro años de edad y cincuenta y nueve de vida religiosa.
Emitió sus votos simples el día 12 de septiembre de 1897; se ordenó de sacerdote el 5 de junio de 1904, y fue varios años Administrador del Colegio La Concepción, de Onteniente.
Su vida ejemplar y saturada de sencillez y afabilidad dejó profunda huella en cuantos tuvieron ocasión de comunicar con él.
Que Dios le haya recompensado los años dedicados a su servicio en la Seráfica Provincia de Valencia y nuestros lectores eleven al cielo una oración en sufragio de su alma. Descanse en paz.
D. Salvador Alberola Pérez
En Gilet, el día 1 de mayo del año 1955 falleció, confortado con los Santos Sacramentos y la Bendición Apostólica, el doctor D. Salvador Alberola Pérez, médico del citado pueblo. Durante dieciséis años prestó caritativamente y con el mayor interés los servicios de su especialidad a los religiosos franciscanos de Santo Espíritu del Monte.
A su afligida esposa doña Concepción Miquel, que continúa la suscripción, y demás familia, nuestro pésame más vivo y sentido, y rueguen nuestros lectores por el eterno descanso de su alma.
D. Ramón Agulló Agulló
En Cocentaina, el día 12 del pasado enero entregó su alma al Señor don Ramón Agulló Agulló, de ochenta y siete años de edad, habiendo recibido fervorosamente los Santos Sacramentos y la Bendición Apostólica de Su Santidad. Su muerte fue cambio de vida, pues plácidamente, sin dolor de ninguna clase ni ninguna enfermedad, dándose perfecta cuenta, dejó de existir. Era padre natural de nuestro amado Hermano en religión P. Francisco Agulló.
Enviamos por medio de estas líneas nuestro más sentido pésame a todos sus parientes, en especial al P. Francisco Agulló, y encomendamos el alma del finado a las oraciones de nuestros lectores.—

