Creciente interés y práctica de los ejercicios espirituales
A propósito del nuevo libro
del P. Joaquín Sanchis Alventosa, O. F. M.,
Ejercitatorio. Teoría y práctica de los Ejercicios espirituales,
4 volúmenes. Editorial Litúrgica Española. Barcelona, 1959.
«Así como se habla hoy de un movimiento litúrgico, puede decirse no menos que estamos presenciando un verdadero movimiento a favor de los Ejercicios.»
Aumentan de día en día las personas de toda clase y condición social que los practican.
«Todos a porfía hemos contribuido a formar el ambiente actual no sólo con el ministerio de la palabra, sino incluso con los libros. Se ha desvanecido la idea que adscribía, como en exclusiva, tarea tan santa a una sola Orden religiosa. Abundan, en efecto, los sacerdotes de ambos cleros dedicados a la dirección de los Santos Ejercicios y que escriben Cursos para hacer asequible a todo sacerdote la cátedra de este divino arte, "arte de paraíso" —según frase feliz de San Leonardo de Porto Mauricio—, para asegurar el grande e importante negocio de salvar el alma.»
El P. Joaquín Sanchis Alventosa, O. F. M., que ha dirigido con tanta aceptación infinidad de tandas, es una prueba fehaciente de esto. Hoy nos ofrece un libro, tipográficamente muy bien presentado, del que no vacila en afirmar el señor Arzobispo-Obispo de Barcelona (en el prólogo), que «ha de ser excelente compañero, consejero y guía de los directores de Ejercicios espirituales». Lleva una impronta. Es lo que el P. Sanchis sabe y ha experimentado del tema. Está todo él salpicado de experiencias personales, de detalles no escritos que revelan gran práctica en el divino arte de dirigir Ejercicios. Otro tanto podríamos afirmar del P. Luis Colomer, O. F. M., que además de haber dado innumerables tandas nos deja su libro intitulado Ejercicios espirituales según el método de San Ignacio, inmejorable en la materia, y que ha dado mayor luz sobre la táctica ignaciana y el nervio de todo su sistema que muchos comentaristas del áureo librito de San Ignacio, sin renegar nunca del hábito marrón que lleva (véase en el mismo libro Bibliografía franciscana de Ejercicios).
El libro del P. Sanchis consta de cuatro volúmenes con ocho partes: la primera parte es doctrinal, sobre dirección de Ejercicios, y las siete restantes contienen otros tantos cursos: para sacerdotes (II), para religiosos (III), para religiosas (IV), para la juventud masculina (V), para hombres (VI), para la juventud femenina (VII) y para mujeres (VIII).
De este simple enunciado de cursos salta a la vista que deberá contener el libro diversas instrucciones e indicaciones orientadoras, como efectivamente da el M. R. Padre Joaquín Sanchis al director de Ejercicios según la clasificación de tandas que puede hacerse desde distintos puntos de vista, como serían: las responsabilidades públicas de sus componentes; la jerarquía que ocupan; su estado; la profesión que ejercen; la formación recibida; la edad; el sexo; la cultura; la situación económica; el medio ambiente en que viven (gran urbe, pequeña ciudad, pueblo, campo); su dedicación al apostolado, y otros no pocos, sin olvidar el factor importante de si han hecho o no ya anteriormente Ejercicios, esto es: si se trata de Ejercicios de conversión o de repetición.
Véase, por vía de ejemplo, el sumario del capítulo XII del volumen I: 1. Necesidad de la adaptación. 2. Puntos de vista orientadores en una clasificación de las tandas. 3. Sacerdotes y religiosos. 4. Religiosas. 5. Tandas a religiosos o eclesiásticos en período de formación. 6. Terciarios y grupos de selectos. 7. Seglares intelectuales. 8. Clase intelectual media. 9. Empresarios patronos. 10. Trabajadores. 11. Jóvenes. 12. Mujeres; y 13. Niños.
El P. Sanchis no se contenta con orientar al director; quiere también favorecer y empujar el movimiento ya existente, excitando las energías latentes en la juventud sacerdotal, en los celosos sacerdotes de ambos cleros, a fin de que sean muchos los que sientan la inquietud del celo por las almas y ansíen regenerar el mundo reconquistándolo para Cristo, y se dediquen, por consiguiente con conocimiento de causa, a este género de apostolado, que bien puede llamarse intensivo y muy apto para renovar el ambiente religioso y formar un pueblo cristiano con un corazón a la medida de Nuestro Señor Jesucristo.
Fr. Camilo Jordá, ofm

El Sr. Arzobispo de Valencia, D. Marcelino Olaeehea, honró el Convento de San Lorenzo, de Valencia, con su paternal y personal visita, para felicitar y bendecir al Hermano Sacristán Fr. Francisco Mateu, que, con nuestro venerable Prelado, aparece en el grabado.
Bodas de Oro y jubilación de Fr. Francisco Mateu
De apoteósico puede calificarse este año la solemnidad de San Diego de Alcalá, celestial Patrón de los religiosos legos de la Orden Franciscana, ya que coincidiendo con la misma celebró sus bodas de oro y la jubilación de su oficio Fr. Francisco Mateu Andrés, abnegado religioso que durante medio siglo ha regentado con el mayor celo la sacristía de la iglesia franciscana dé San Lorenzo, de Valencia.
El día 12 del pasado noviembre tuvo lugar la magna solemnidad, en la que se puso de manifiesto las generales simpatías que en toda la ciudad tiene este humilde y benemérito religioso.
El altar mayor, artísticamente adornado de flor blanca y profusión de luces, daba al templo todo el realce que requería la solemnidad del acto: en el presbiterio, al lado de la Epístola se situó la reverenda comunidad, con los señores sacerdotes y representaciones de distintas Ordenes religiosas; al lado del Evangelio y junto al altar levantado a San Diego, ocupó un sitial Fr. Francisco Mateu, revestido de roquete; los familiares del homenajeado y las religiosas franciscanas ocupaban lugares destacados, y los miembros de las Asociaciones franciscanas y una incontable multitud de fieles llenaban por completo las amplias naves del templo.
El P. Ministro Provincial de la Seráfica de Valencia y Aragón Fr. José Antonio Arnau, asistido del P. Secretario Provincial y por dos religiosos capuchinos, ofició en esta solemnidad, en la que a la par que se honraría al santo lego español se tributaría homenaje a un anciano religioso que ha sabido seguir las huellas de su Santo Patrón Diego de Alcalá.
Siguiendo el Ceremonial de la Orden, el Prelado regular empezó la emotiva ceremonia, entregando al jubilado un cirio encendido mientras pronunciaba las palabras rituales; luego le fue entregado un báculo simbólico, a la vez que decía: «Recibe el apoyo de tu ancianidad para que, siguiendo infatigable por los caminos de los mandatos de Dios y de tu Regla, puedas llegar con seguridad a la Patria celestial.»
Por la capilla del maestro Sansaloni fue entonado el Veni Creator, y después de solicitar el homenajeado la gracia de la
jubilación dio comienzo la Santa Misa de Comunión general, en la que el P. Provincial pronunció vibrante y sentida plática de circunstancias. Finalizado el Santo Sacrificio, el venerable jubilado renovó públicamente sus votos religiosos.
Con el canto del Té deum se dio por terminado este solemne y emotivo acto.
Entre las muchas pruebas de afecto que con este motivo ha recibido nuestro carísimo Hermano merecen especial mención la apostólica bendición que ha recibido del Sumo Pontífice Juan XXIII, las paternales y laudatorias letras que con su bendición seráfica le ha enviado el P. Ministro General de la Orden, las letras y bendición episcopal del Sr. Obispo de Teruel y las personales visitas de los Sres. Arzobispo y Obispo Auxiliar de Valencia, quienes impartieron su bendición al homenajeado.
La Acción Antoniana une su felicitación a las muchas recibidas y pide al Señor bendiga copiosamente al buen Hermano.
Aybad

Fr. Francisco Mateu. Óleo del P. Gil
Noticias
Bendición del nuevo altar de San Diego en Santo Espíritu. — El día 10 del pasado septiembre fue un día grande para Santo Espíritu. Se bendijo el nuevo altar de San Diego, obra del artista don Inocencio Cuesta. Con este motivo se reunieron en Santo Espíritu un buen número de Hermanos legos, quienes pasaron en la Casa Madre un día lleno de fervor religioso y ambientado con una atmósfera de caridad franciscana. La bendición, misa y sermón estuvieron a cargo del P. Provincial. Por la tarde Radio Paz y Bien, de Pego, dedicó una estupenda audición dedicada a exaltar la sencillez y espíritu franciscano.
Solemne inauguración. — Con una asistencia numerosa, inusitada en actos semejantes, fue inaugurada, a las dieciséis y treinta horas del día 18 de octubre, la cripta de nuestra iglesia de Alcoy. El traslado del Santísimo a la cripta fue muy solemne, en el que actuó la banda musical del regimiento de la ciudad.
En la bendición y misa inaugural vespertina ofició y predicó el P. Provincial Fr. José Antonio Arnau. Los cantos estuvieron a cargo de nuestros coristas de Cocentaina y Onteniente.
Ordenes sagradas en Teruel. — Los días 28 de junio y 20 de septiembre se ordenaron los siguientes teólogos franciscanos: de subdiácono y diácono, respectivamente, los Fr. José Martínez Bonavida, Fermín Gregori Pardo, Andrés Lahera Ramón, Juan José Pellicer Pellicer, Enrique Ferrairo Escolano, Fernando Ciges Anrubia y Juan José Sáez Peretó. El 20 de septiembre se ordenó de exorcista y acólito Fr. Ismael Díez Álvarez Recibieron la tonsura y se ordenaron de ostiario y lector, los días 19 y 20 de septiembre, respectivamente, los reverendos Fr. Antonio Barceló Hernández, Joaquín Aparisi Sendra, Otón Flúder Pérez, Francisco Baselga Esteve, Filiberto Mir Cogollos, Valentín Martínez Gracia, Bernardo Falcón Alled, José Luis Arbea Albuín y José Andrés Mogino Rodrigo. A todos nuestra cordial felicitación.
Profesiones solemnes. — El día 6 de septiembre hicieron sus votos perpetuos Fr. Rafael Esplá Jordán y Fr. Filiberto Mir Cogollos y el 13 de septiembre Fr. Otón Flúder Pérez y Fr. Valentín Martínez Gracia, todos franciscanos.
Profesiones simples. — El día 8 de septiembre emitieron sus votos temporales los religiosos franciscanos que siguen: Fr. Roberto Castro Barranco, Fr. Miguel Ángel Sempere Calatayud y Fr. Santiago Ocón Gimeno, y el día 20 de noviembre Fr. Alfredo Mª Abad García.
Vistieron el santo hábito franciscano de novicio el día 7 de septiembre los Hermanos de coro Rubén Camps Mezquida, José Ramón Pascual Torró, Ramón Mª Cobo Guzmán, José Vicente Herrero Pedro y los Hermanos legos Atilano Marqués Civera y Salvador Lobato Martínez, y el día 13 de noviembre los postulantes Domingo Gaseó Cerveró, José Sálete Moreno y Pedro Muñoz Martín. Que el Señor les conceda a todos, profesos y novicios, la perseverancia final.
Bibliografía
Vicente Pérez-Jorge, O. F. M., Acompañamiento gregoriano, Editorial Ciscenos, San Francisco el Grande. Madrid.
Una obra más del P. Pérez-Jorge es siempre bien recibida en los círculos de la cultura por el sello
original que imprime a su producción, ya muy extensa y digna de estudio.
Aunque predominantemente compositor, no desdeña nuestro biografiado abordar temas literarios de su especialidad : La música en la Provincia franciscana de Valencia, La música contemporánea, profusión de artículos diseminados en las principales revistas españolas y el que hoy nos ocupa. De este último citamos algunos juicios recientemente aparecidos en la prensa valenciana: «El complemento que supone el acompañamiento al órgano de la melodía gregoriana está intensa y extensamente estudiado en la obra del P. Pérez-Jorge... Indudablemente de sumo provecho para los organistas, y representa, especialmente con su doctrina hexacordal, hoy por hoy en la bibliografía y metodología española un trabajo único en su género y misión.» (Levante, 14-X-59.)
«Y por eso el buen criterio, el depurado gusto del joven religioso-músico le han llevado a publicar un muy útil tratado de acompañamiento del canto gregoriano, que hace brillar la música con todo su real esplendor... Un libro eminentemente práctico, de clara y sencilla exposición de la materia y, singularmente, manifestando siempre que se trata de arte musical, que ha de conmover. Obra de músico-artista al fin.» (Las Provincias, 24-X-59.)
Añadimos, por nuestra parte, que el libro del P. Pérez-Jorge está de texto en la Escuela Superior de Música Sagrada, de Salamanca y Madrid, de la que su digno autor es profesor.
Gimcastro, Ladislao, O. F. M.: Los Dones del Espíritu Santo en tu vida. 324 págs. Edit. Seráfica, Calaf, 16, Barcelona.
«... Aletea en la exposición de los Dones del Espíritu Santo el procedimiento escolástico, hoy por hoy todavía insuperado. El autor expone y desarrolla la doctrina de los Dones con una claridad esplendente, sin fatigar la atención del lector con profundas disquisiciones teológicas. Persigue más la eficacia que el lucimiento personal. Las citas y los símiles se multiplican, compaginándose con la sólida argumentación.
»Unción evangélica de positivo mérito, siempre recomendable en el apostolado y absolutamente necesario en la divulgación de las verdades religiosas para hacerlas asequibles a todas las mentes; he ahí otra de las destacadas notas que campea en esta lograda obra del docto franciscano.
»¡Ojalá Los Dones del Espíritu Santo en tu vida entre en todos los hogares! Además de instruir acerca de la misión que la tercera Persona de la augusta Trinidad desempeña en la vida de todo cristiano, enseñará a fluir los inefables consuelos que tan abundantemente dispensa el dulce Huésped de nuestra alma.»
Fr. Jaime Antonio Fernández, S. O. F. M.: El cántico del hermano Sol. 982 pág., de 13 por 18. Editorial Cocuisa. Víctor Pradera, 65. Madrid. Ed. 1955.
Un hermoso libro de poesías franciscanas, en el que se recoge el aliento, la vida y la obra apostólica del seráfico de Asís. Un ejemplar lujosamente encuadernado en tela y cuya posesión es aroma y deleite del espíritu. Porque recoge como ningún otro entre sus páginas la esencia de ese incomparable jardín en el que florecen las rosas lozanas de la espiritualidad más. Un libro, en suma, deleitable y digno de todo elogio, ya que su contenido es un canto al hermano Sol, inspirado por el más seráfico de los apóstoles de la fraternidad humana.
Un acierto indudable del P. Jaime Antonio Fernández.
¡Qué noche aquélla!
Anochecía. Ya no caía nieve, pero el viento arrastraba, formando remolinos, los últimos copos. Los automóviles no habían cesado de surcar el asfalto blanquecino y encharcado. A pesar del frío intenso, tan pronto cesaba de nevar la gente transitaba bulliciosa y llenaba en todas las calles las tiendas de colmados y pastelerías... Todos, proporcionalmente a su bolsillo, aquel día estaban dispuestos a hacer lo que se llama un despilfarro para la cena de Navidad. Porque hasta los pobres podían gastar, al menos, unas pesetillas en una barra de turrón y una botellita de tinto... ¡Era Nochebuena!
¡Nochebuena... y qué noche aquélla!... En la esquina misma de dos grandes avenidas, plantado junto a los escaparates de un iluminado ultramarinos, con las manos en los bolsillos y algunos diarios bajo el brazo izquierdo, Tomasito, tiritando de frío, anunciaba el nombre de su periódico a los transeúntes que, sin parar, cargados de paquetes, pasaban rápidamente ante él. Precisamente en la esquina se arremolinaba el viento y formaba espirales de nieve que azotaban la carita ya aterida del pequeño, y se posaban por sus pobres vestidos enfriándolos más.
Tomasito ya sabía que era Navidad... Otros años había pasado alegremente la tarde en su pobre casita, ayudando a ratos a su madre, construyendo a ratos, con ramas y maderas, un belén con figuritas recortadas de un semanario... Mas ¡este año!... ¡Qué triste se le presentaba el día de Navidad!... En casa quedaron los recortes de papel y las maderas para la cueva... y él...
Todos pasaban llenos de animación y contento; el pobrecillo, ganas tenía de llorar... Desde hacía dos días no había comido en casa más que un mendrugo de pan; suerte que encontró en varios pozales de basura cortezas de naranja, peladuras de patata y hasta dos grandes tajadas de calabaza con algo aprovechable... Aquel día no había comido. Los dos reales que sacó por la mañana vendiendo periódicos se habían ido con un poco de leche para su madre, anémica y criando a un hermanito de cinco meses. Su padre no tenía trabajo hacía tres semanas; iba a lo que salía..., pero algunos días no salía nada...
¿Cómo estaban todos tan contentos aquella Nochebuena?... Su cabecita de doce años no entendía bien esas cosas, no se daba cuenta de la mísera situación de su familia; sólo tenía ganas de llorar, de marcharse de allí por donde todos pasaban tan contentos!... Cuántos niños vio él pasar, metidos en sus recios abrigos, calzados de altos y abrigados botines, con gorrita y con guantes, reflejando en sus caritas sonrientes la alegría de Nochebuena. El entonces se miraba su ropilla: unas alpargatas sin suela apenas, unos pantalones raídos y tenues, una camisa desgarrada, un chaquetón —de su padre— ancho por todas partes y muy frío... ¡Cómo no había de tiritar!... La carita la tenía amoratada de frío, las manitas, medio rígidas, se las metía en los bolsillos para buscar un calorcito que no había...
Después de haber rondado mucho le quedaban tres periódicos... Y nadie los quería... Buscó un sitio más frecuentado y allí se plantó, en la esquina del gran ultramarinos. Aún aguantó media hora con un frío como jamás había pasado; ni las golosinas del escaparate, ni los juguetes que veía pasar ante él, ni el belén que había proyectado..., nada le movía ya en aquella Nochebuena... Un frío intenso y un hambre desesperada se había apoderado de él; y comenzaba a descargar sobre su cabecita unos como golpes de martillo, el ritmo apagado de su circulación... Se apoyó en la pared con los ojos medio entornados, y...
En esto un caballero que salía de la tienda vecina con su mujer y una niña, luego de mirar compasivamente a nuestro Tomasito, se le acercó:
—Pequeño, el diario.
Tomasín abrió los ojos y dio una sacudida asustado; rápidamente quiso ofrecer el periódico a su comprador; sus manos casi no podían separarlo... Quedaban sólo dos...; mas aquel buen caballero quiso también comprárselos. ¡Con qué ojos de gratitud se los ofreció nuestro pequeño! Su bondadoso comprador se quitó un guante y puso en sus manos heladas, cogiéndoselas con la suya, una moneda de cinco pesetas...
—Toma; lo que sobre para ti.
Una como oleada de calor sintió Tomasito por todo su cuerpo...
—Te vas a casa —continuó el caballero— a calentarte, que hace mucho frío y hoy es Navidad... ¿Cuántos sois en casa?...
Tomasito explicó el cuadro, con esa transparencia encantadora de los pequeños: su padre sin trabajo, su madre enferma, su hermanito... Mientras hablaba su buen comprador había puesto una mano caliente sobre su cabecita.
—¿Sabrás ir a casa tú solo?
—Ah, sí, señor; vivo muy cerca, en la calle... encima del garaje...
El caballero se alejó, no sin antes haber dicho, conmovido y por lo bajo, a su mujer:
—¡Y es Nochebuena!... ¡Pobre criatura!...
Tomasín dio las gracias varias veces a su buen comprador aun desde la otra acera, y después emprendió una carrera alocada hacia su casa. La alegría de aquel regalo, la amabilidad del señor que le había hablado y le puso una mano sobre la cabeza —¡qué caliente estaba!—, el pensamiento de su madre y su hermanito... todo hizo que sintiera menos el frío, que iba aumentando.
Pero en casa, qué desolación... Su padre sólo había sacado 22 pesetas, que tuvo que entregar al dueño del garaje a cuenta del alquiler, si no los echaba aquella misma noche a la calle... Su madre, escuálida, casi inerte, con Luisín en los brazos, arrebujada con la única manta de casa y procurando calentar con su cuerpo el cuerpecito de su niño, frío como un bebé de porcelana...
La llegada de Tomasín con las cinco pesetas fue un instante de tregua. ¡Cinco pesetas! Los ojos del padre brillaron... La medicina para Luisín, que hacía tres días debía haber comprado..., pero... Y dando un abrazo a su hijo cogió la moneda y corrió a la farmacia...
Tomasín, algo menos helado por la corrida y su alegría de ver el buen papel que había hecho, se decidió a montar su belén.. Ya le parecía que aquélla era una Nochebuena... Y con sus ramas y figuritas comenzó a planear. Mas, pobre Tomasito, el frío, el hambre, los martillazos en la cabeza volvieron a apoderarse de él; procuró resistir y no pudo. Se echó en un rincón sobre los papeles y trapos que formaban su jergón, se encogió lo más que pudo... y medio desmayado, medio rendido, quedó como inerte, con la cara y las manos amoratadas y castañeteándole los dientes...
Regresó el padre; la medicina había subido de precio, y sólo a fuerza de ruegos y con la promesa de llevar al siguiente día el resto, le habían fiado la peseta de diferencia. ..
El poder procurar la medicina descargó por un momento su alma torturada.
Después se sentó en silencio... Cuando se dio cuenta de que Tomasín estaba temblando, se quitó su chaqueta y se la echó encima; luego volvió a su asiento y con la cabeza entre las manos, los ojos llenos de lágrimas, comenzó a pensar... ¡Nochebuena..., qué noche aquélla!
El había trabajado desde los doce años; mucho tiempo estuvo en la fundición; como tenía fuerzas, terminando el trabajo en la fábrica hacía algunos jornales con el lampista y se defendían... Mas pasaron los años y aquel duro trabajo iba minando su cuerpo robusto: la enfermedad se declaró y el pobre Tomás tuvo que abandonar aquel tan duro trabajo. Algo mejor, después se colocó en la lampistería; de allí salió por falta de trabajo... y desde entonces tuvo que ir a la estación, al muelle, al mercado, adonde a costa de sus ya agotadas fuerzas, pudiera ganar unos reales..., pero todo eso era muy inseguro, y muchos días...
¿Y había de ver él, trabajador de toda su vida, que su mujer languidecía y se abocaba al sepulcro, que Luisín moriría irremediablemente, que el queridísimo y animoso Tomasín, anémico, enfermizo, temblaba de hambre y de frío?...
Y sintió unas oleadas calientes de sangre que le subían por el pecho hasta la cabeza... El siempre había sido honrado y bueno..., pero... ¿aquello podía tolerarse?... No, no podía ser..., él era padre, él tenía que alimentar a los suyos... Se levantó, buscó a tientas algo en un cajón que hacía de armario; besó a su mujer y a Luisín, besó y abrigó bien a Tomasito con su chaqueta..., y en mangas de camisa, los ojos brillantes, todo el cuerpo con un temblor mitad frío y mitad miedo, se arrojó a la calle. Antes de salir revisó lo que había cogido: una gran navaja, único objeto que había en su casa que pudiera usarse como arma de agresión.
(Continuará)
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