¿Se droga mi hijo?
Algunos síntomas para saberlo:
- Cambio de costumbres
- Descenso en el rendimiento escolar
- Desaliño en el vestir
- Tendencia al aislamiento
Muchos padres viven atemorizados pensando en que sus hijos pueden «engancharse» en la droga. Otros ya conviven con la tragedia. ¿Qué síntomas inducen a pensar que un hijo se droga? Es la pregunta que casi todos nos hacemos.
Y parece que hay detalles muy característicos que pueden poner sobreaviso a los padres. Vamos a verlos.
Las pistas delatoras
Los síntomas que delatan a un drogadicto son muy similares, ya consuma droga dura o blanda. Otra cosa son los efectos o secuelas que cada tipo de droga causa en el organismo.
Cuando un chico o una chica empieza a internarse en el mundo de la droga cambia inmediatamente de costumbres. Para unos padres atentos la metamorfosis se aprecia a simple vista:
- Falta de aseo y desaliño en el vestir. Chicos y chicas, antes preocupados por su apariencia externa, repentinamente dejan la higiene a un lado y se enfadan muchísimo ,si se comenta el hecho. Al mismo tiempo, manifiestan una afición desmedida por indumentarias «distintas»: «punk», «teddy-boy», «rocka-billy»...
- Cambio de amistades o unos amigos semejantes en el aspecto a los descritos anteriormente; entonces son ya «colegas» y posiblemente él está ya metido de lleno en la adición.
- Distanciamiento total de los otros miembros de la familia.
- Gusto por la música estridente. Entra en la categoría de lo normal que a los adolescentes y jóvenes y les gusta la música del momento y la escuchen más o menos fuerte. Lo patológico (—el síntoma— es cuando le importa muy poco molestar a la familia o a los vecinos cuando se pone a escuchar su música a altas horas de la noche y a pleno volumen, reaccionando con agresividad si se le llama la atención.
- El uso constante de gafas oscuras: a todas horas y en todos los lugares. Uno de los efectos de la droga es la poca tolerancia ante la luz.
- Las mangas largas en cualquier época del año, para evitar que se vean los pinchazos.
- Desaparición de cucharillas, o encontrarse algunas con los mangos torcidos o cáscaras de limón.
- Desinterés por el estudio o el trabajo. Total falta de motivación. Comienza a suspender, deja el empleo.
Alteraciones físico-mentales
- Cambios bruscos de humor. Es sintomático —si antes no era así— enfadarse de manera salvaje, sin motivo aparente.
- Sudoración excesiva, temblores de manos, picazón constante, palpitaciones y taquicardias.
- Pérdida de memoria de cosas inmediatas. Dificultad para hablar con claridad.
- Pupilas dilatadas. Cuando el ojo se somete a una luz repentina, sus pupilas apenas se modifican, que es lo normal que ocurra.
A esto se unen otros datos. Muchos adolescentes no saben liar cigarrillos y, por tanto, vacían el cigarro normal y meten la droga. El encontrarse «camisas» de cigarros vacías o restos de tabaco, es un síntoma que no falla.
Los padres se dan cuenta tarde
La mejor acción preventiva es que los padres estén con sus hijos, que se interesen por sus cosas. Motivarles mucho para que estén ocupados en algo que valga la pena, en actividades que a ellos les gusten mucho. Pero, en muchas familias, pasa que el padre sale por la mañana de casa y vuelve cuando los hijos están ya en la cama. Así no se dará cuenta nunca ni de que se drogan ni de nada.
Y, desde la escuela, la mejor prevención que puede hacerse es formar alumnos con ganas de aprender, interesarles en los estudios y en trabajos y entretenimientos apasionantes que tengan que ver con las materias del curso académico: lecturas, teatro, experimentos, manualidades, etc., etc. Los profesores enamorados de su trabajo, transmiten su ilusión por la vida y pueden ser la mejor medicina preventiva contra la droga.
Al darse cuenta, hay que llevarle inmediatamente al psiquiatra. Y seguir atentamente sus indicaciones.
Situaciones más perjudiciales
Hay determinadas situaciones y cierto tipo de caracteres que pueden favorecer la iniciación en el consumo de droga.
Entre las personas que comienzan a consumir marihuana se dan, con frecuencia, gente depresiva, necesitada de afecto, inestable e inmadura. Otras veces no predispone la personalidad, sino alguna situación ambiental por las que pasan chicos o chicas; como puede ser la muerte de una persona querida, la separación de los padres, el cambio de ciudad, de centro de estudios, etc... Si en esa circunstancia surge un contacto accidental con alguien que le propone «eso se te pasa fumando un porro, pinchándote» o algo por el estilo, probará y... en el 90 por 100 de los casos, seguirá.
Otro factor clave es el aburrimiento. Y muchos adolescentes se aburren, aunque parezca que tienen muchas cosas que hacer. Y ese aburrimiento puede incitarles a «experimentar» algo distinto.
Y no conviene nunca creerse que el porro es inofensivo. En el 90 por 100 de los casos conduce a drogas duras.
M. M. Díaz
Orden Franciscana Seglar
"Estuchad, amad, vivid la regla"
No pocas veces me han preguntado: «¿Qué se necesita para ser terciario?» Así, de pronto, no es fácil contestar. Yo digo, porque así se me ocurre: «Comprometerse a vivir auténticamente el Evangelio según el modelo de San Francisco». No sé si entenderán porque es una contestación un tanto vaga y genérica. Pero los franciscanos seglares iniciados y aprovechados en estas cosas y por la Regla sí saben qué es ser terciario. Así dice la Regla, art. 7: «Como hermanos y hermanas de penitencia... conformen el modo de pensar y de orar al de Cristo mediante un radical cambio interior, que el mismo evangelio denomina con el nombre de "conversión". Vosotros, los franciscanos seglares, por vocación y profesión sois los cristianos que "movidos por la dinámica del Evangelio" os comprometéis, día tras día, sin descanso ni vacaciones, a conformar vuestro "modo de pensar y de obrar al de Cristo"; sois los hermanos y hermanas de la penitencia», título honorífico que se os dio desde el principio de la Orden y que es todo un programa de reforma interior y exterior.
Reformar
He aquí la explicación: el pecado, la inclinación al mal propia de la naturaleza caída, los comportamientos diversos y opuestos a Dios propios de muchos hombres; sin embargo, muchos cristianos han tomado «la forma» según el Evangelio. Quizá también nosotros no somos del todo cristianos en nuestro ser y obrar. He aquí el compromiso de nuestra profesión franciscana: recuperar esta «forma» a través de un trabajo solícito y tenaz de nuestra conversión. ¡Y éste es el compromiso principal de vuestro ser terciario! Lo demás, el hacer, la actividad, la organización, nuestros encuentros, cursos de formación, peregrinación, etc., deben ser medio para obtener este compromiso, el fruto y testimonio de nuestro «estar en forma».
Lógico que para reformar se requiere la «forma». ¿Y quién es esta Forma? Cristo. Así nuestro reformarnos pide un segundo momento el de ponernos en la forma: Jesucristo. Tomando su modelo, seremos como El, verdaderos cristianos, conformes al Modelo.
Conformar
Si hay un hombre cristiano que haya empleado toda su vida en este trabajo de restauración sobre el perfecto Ejemplar-Jesús, es San Francisco. Sus biógrafos subrayan con frecuencia que fue «de un modo singular todo semejante a Jesús»; que «fue perfecto seguidor de Cristo»; en los escritos de santa Clara leemos: «con la palabra y el ejemplo nos indicó y enseñó esto el bienaventurado padre Francisco, verdadero amante e imitador de Jesús». Pero las mismas palabras de Francisco nos aseguran mejor lo que venimos diciendo: «Quiero seguir la vida y la pobreza del Altísimo Señor Nuestro Jesucristo y de su santísima Madre».
Francisco fue un hombre de contemplación y acción apostólica y quiere que así sea la Fraternidad, precisamente toma a Cristo y a la comunidad apostólica como ejemplo. Recuérdese la consulta que a este respecto hizo a Clara y a Silvestre.
Francisco fue el «poverello» por antonomasia. Su pasión fue la humildad y pobreza de nuestro Señor Jesucristo.
Francisco, Francisco... el hombre más conforme a Cristo —alter Christus—. Vosotros los terciarios conocéis su vida; acoged el mensaje de su continuo conformarse a Cristo o de su conversión, «la cual, por la humana fragilidad, debe ser actuada cada día» (L. G. 8).
Avelino M. de Cedillo
Onteniente distingue al P. Vicente Pérez-Jorge por sus méritos musicales
El domingo, 9 de enero, en el marco de una comida, en el refectorio de la Comunidad Franciscana del Colegio de la Concepción de Onteniente, tuvo lugar un acto muy significativo: la entrega de la medalla de oro de Onteniente al padre Vicente Pérez-Jorge, ofm., por parte del señor alcalde de dicha ciudad, don Rafael Tortosa Vañó.
Era el broche de una serie de distinciones con las que el Ayuntamiento de Onteniente ha querido premiar, merecidamente, la labor musical del franciscano Pérez-Jorge, en favor de la música y de los músicos de aquella ciudad.
Con anterioridad la Corporación Municipal le dedicó una calle; posteriormente, en sesión plenaria le declaró «hijo adoptivo».
Así reconoce Onteniente, por medio de sus autoridades, los méritos y aportaciones de este religioso franciscano en pro de la cultura musical de la ciudad.
En este acto estuvieron también presentes el concejal ponente de Cultura, don Joaquín Ureña, que acompañaba al Alcalde, así como los padres Javier Unanue y José Benjamín Agulló, Visitador General y Provincial de los Franciscanos de Valencia, junto con la Comunidad del Colegio, presidida por su rector, padre Raimundo Domínguez.
El padre Pérez-Jorge, músico infatigable, compositor fecundo, maestro de tantas generaciones, es aún, en la actualidad, director del Conservatorio de Música de Onteniente, no en balde,
El alcalde, don Rafael Tortosa. abraza al padre Pérez-Jorge en nombre de todos los asistentes al homenaje como él dijo al agradecer estas distinciones: «Mi vida es la música», como elemento de apostolado, al que ha dedicado y sigue dedicando todas sus energías.
La revista Hermano Francisco con todos sus lectores y colaboradores se une gozosamente a la felicitación de todos los hijos de Onteniente.
Fr. Enrique Mompó Agulló, ofm. In memoriam
Si Dios puede convertir cualquier cosa en pan, hay roquedales donde su providencia se nos antoja generoso hontanar. ¿Cocentaina? Sí. A la que no entontecen sus títulos: Cocentaina, condado, palacio, castillo. Remonta sus blasones y habla en papel pautado y amoroso. Cocentaina se da. Le ha dado hijos a la Iglesia y a la Orden Franciscana. Los ha entregado pequeños, adolescentes y hasta granados. Uno de ellos ha sido el P. Enrique Mompó Agulló.
Nacía, el 30 de enero de 1914, de padres piadosos, instrumentos de su fe y devoción a la «Mare de Déu».
De entre garlopas y yunques lo sacó el Señor. Su vida evoca la «infancia espiritual» de Teresita de Lisieux. Su debilidad fue su fortaleza.
Pasó los años de bachillerato en el Colegio Seráfico de Benisa y el noviciado en Santo Espíritu del Monte. Profesó solemnemente el 22 de septiembre de 1935. Siempre «presumió» haber sido compañero del siervo de Dios Fr. Alfredo Pellicer. Sufrió las heridas incruentas pero dolorosas de la guerra civil, después de la cual fue ordenado sacerdote el mismo día de su onomástico, 13 de julio de 1941.
No tuvo títulos ni cargos relevantes. Trabajó constantemente desde la humildad y la sencillez, como un verdadero hermano menor. Fiel cumplidor de su deber hasta la escrupulosidad. En todos los conventos donde residió: Teruel, Segorbe. Cocentaina y Onteniente, se dedicó principalmente a la enseñanza del catecismo y de la Religión entre los cursos más pequeños, y a la enseñanza del Latín entre los cursos postreros.
Espíritu misionero, que recogía sellos por todas partes, entregándolos al Delegado Provincial de la UMF, promoviendo con interés las Campañas de la Santa Infancia y ufanándose candorosamente por los trofeos ganados en la Delegación Diocesana de Misiones. Alma sencilla y piadosa, con esa piedad acuñada por los siglos.
No puede silenciarse el apostolado del Confesionario. Dios absolvía a través de sus manos a niños y adolescentes. Siempre disponible, siempre infatigable.
Los feligreses del Pía saben bien de los trabajos, fatigas y preocupaciones del P. Enrique en sus 20 años de «párroco» de l'Abella.
Los últimos años de su vida, resurgiendo de achaques, se entregó a la Legión de María de Onteniente.
La Hermana Muerte le visitó el día 14 de febrero de 1988 cuando contaba 74 años de edad, 57 de vida religiosa y 47 de sacerdocio. Su entierro se celebró el día siguiente 15, en la Iglesia del Colegio “La Concepción” de Onteniente con asistencia numerosa de religiosos de diferentes Conventos de la Provincia y presidiendo la concelebración el P. Provincial, Fr. Benjamín Agulló; familiares, amigos, colegiales y antiguos alumnos.
Beati mortui qui in Domino moriuntur!
Fr. Raimundo Domínguez, O.F.M.
Pasa, hermano
Bienvenido si llegas a esta casa,
no importa quién, de dónde ni a qué hora,
o si te ríe el alma o si te llora.
Abierta está la puerta, hermano, pasa.
En esta soledad la paz repasa
heridas del vivir y al alma aflora
si traes sinceridad, confortadora
la gracia que el Señor nunca da escasa.
Aquí hallarás, hermano, día a día,
mesa breve, fraterna compañía,
largo afán y trabajo compartido.
Estás en un convento franciscano.
Para encontrar la paz nunca es temprano.
Si a Dios es a quien buscas, ¡bienvenido!
Reza
¿Estás en Paz? Reza:
la oración te conservará.
¿Eres tentado? Reza:
la oración te sustendrá.
¿Has caído? Reza: la oración te levantará.
¿Estás desanimado? Reza: la oración te fortalecerá.
¿Estás abandonado? Reza:
la oración hará que Jesús se acerque a ti.
Te ves perdido, no sabes ya
qué va a ser de ti... arrójate
en la oración: no razones,
no pienses, es decir, reza.
¡Jesús nunca falla!
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