Entrevista al P. Gonzalo Ferrero
Custodio en España de la Provincia de San Francisco Solano de Perú
En representación de la Provincia de San Francisco Solano del Perú asistió el P. Custodio Provincial, Gonzalo Ferrero. El P. Ferrero es buen conocedor de la labor realizada por el P. Severino en la Selva del Ucayali del Perú. A él le hicimos unas preguntas.
—P. Custodio: ¿Cuál es su impresión de este emotivo acto en homenaje a nuestro hermano el P. Severino?
—Verdaderamente, una ceremonia como esta impresiona, porque nos viene a decir que todos estamos implicados en el mismo trabajo de extender el Evangelio donde sea, China, África, España o el Perú. Ha sido una verdadera lástima que no se haya oído ninguna palabra ni en chino, ni en quechua, ni en ningún dialecto de la selva. Con este acto estamos agradeciendo una labor inmensa.
—¿Usted ha estado en misiones?
—Depende como entendamos misiones nosotros. Entendido desde España yo he estado 17 años en misiones. Entendido desde nuestra Provincia del Perú, yo no he estado nunca en misiones. Me explico. Nosotros reducimos el término misión exclusivamente para los que están en los dos vicariatos de San Ramón o de Requena. No consideramos misión, pues, los Andes y ninguno de los pueblos de la Costa del Perú. Sin embargo, desde España, todo eso es misión. Desde el punto de vista de necesidades probablemente el vicariato de San Ramón está mucho mejor atendido que cualquiera de las Comunidades de la Sierra del Perú y varias de la Costa peruana.
—¿Cómo está formada su Provincia de San Francisco Solano?
—Nuestra Provincia, P. Gabriel, es un caso único en la Orden y raro verdaderamente. Procede de la fusión de los Colegios misioneros. Cuando ya las Provincias Madres no fueron capaces de sostener estos Colegios misioneros se fusionaron fundando la Provincia de San Francisco Solano, con lo cual quedó un personal casi exclusivamente español, constituyendo una Provincia peruana.
Más adelante, se buscaron soluciones, y la única viable fue llevar gente de aquí de España. Jóvenes, e incluso niños, para formarles allí y trabajar durante toda su vida en el Perú. Yo mismo fui con 11 años al Perú. Después se procuró establecer una base en España para poder sostener desde aquí la labor misional de los hermanos del Perú. Se comenzó con un Colegio que estuvo en Villarramiel (Palencia), que luego pasó a Anguciana en Logroño. Este se trasladó posteriormente a la misma ciudad de Logroño por razones obvias. Luego siguió la apertura de la Casa de Madrid para poder atender a los misioneros que iban y venían del Perú.
Luego se pasó a la fundación de una Custodia dependiente y esta es la situación actual. Una Custodia dependiente que tiene tres Casas: Madrid, Logroño y una parroquia en Zaragoza. Aquí en la Custodia somos quince religiosos, un misionero enfermo el P. Braulio y por descanso Mons. Odorico Sáiz. Así que nuestra misión principal aquí es la de ir formando gente para que siga trabajando en el Perú. Naturalmente, nuestro Provincial con su definitorio reside en la ciudad de Lima-Perú.
Entrevista al P. Severino Esteban, ofm
El P. Severino Esteban, religioso franciscano de la Provincia de San Francisco Solano, actualmente reside en Logroño y tiene como misión la promoción de las vocaciones franciscanas y de las misiones del Perú.
—P. Severino Esteban, te has sumado a este acto de homenaje a tu tocayo el P. Severino y debes tener tu motivo.
—Efectivamente, Gabriel. Estoy contento y muy reconocido, porque tuve la suerte de ir juntamente con el P. Severino a las misiones del Perú, ahora hace treinta años. Llegamos allí el 19 de noviembre de 1958 y fue para nosotros como un ángel de la guarda. Su semblante, su manera de ser, su delicadeza, su experiencia y sobre todo su aureola de misionero curtido durante 25 años en la China, digo, fue para nosotros jóvenes, algo formidable. Una palabra, un gesto de él era para nosotros una insinuación del amor maravilloso que albergaba aquel hombre de Dios.

Misioneros recién llegados a Lima el 19 de noviembre de 1958. PP. Jesús Carballo, Rafael Jover, Severino González y José R. Palací. El P. Severino es el niño que aparece arrodillado entre los PP. Severino y Palací.
Tuve, asimismo, la suerte de verlo con frecuencia y también convivir varias veces con él en Contamana. Siempre hemos congeniado admirablemente, será porque llevamos el mismo nombre. El siempre ha sido el chico grande y yo el chico pequeño. Para mí ha servido de estímulo, y de mucha honra, sentirme querido y aconsejado por una persona tan maravillosa como el Padre Severino González.

Padre Severino Esteban, ofm.
—¿Cuál es tu misión y trabajo hoy en Logroño?
—Actualmente soy promotor de misiones. El Seminario lo tenemos cerrado porque no tenemos chicos. Tampoco se ve ninguna perspectiva para tenerlos a la usanza tradicional. El trabajo de promoción vocacional lo hemos orientado a institutos y colegios para, mediante fórmulas nuevas, ir descubriendo en esos centros las posibles vocaciones.
—P. Esteban, y ya que en España no hay facilidad como antaño de que salgan vocaciones para el Perú, ¿tenéis allá en el Perú organizada esa promoción vocacional?
—Pues sí. En el Perú sí se están ordenando todos los años, más o menos, algunos jóvenes. Allí sí hay vocaciones. Ahora acaba de ordenarse un joven, un poco mayor, con motivo de los 15 años del Cardenal Landázuri. Lo ordenó el propio Cardenal.
—¿Cómo estáis allí de vocaciones?
—Actualmente tenemos unos 20 jóvenes en Teología y Filosofía; Novicios son 1 y los Postulantes o aspirantes también son unos 20 jóvenes.
—Entonces, P. Esteban, volviendo al problema de España, te confirmas en que el tradicional sistema de promoción vocacional entre los niños, en vuestra Custodia en España, ya no es viable.
—Ciertamente no es viable. Y ello por múltiples razones difícil de enumerar. Pero la verdad es que desde que dejamos de reclutar vocaciones entre los pequeños, ya no ha surgido ninguna vocación para el Perú. ¿Esto es bueno, es malo? ¿Era bueno aquel sistema? No sé responderte. La verdad es que antes había y hoy no hay. Teniendo en cuenta que las circunstancias han cambiado, aquí queda un tema para una seria reflexión.
Entrevista P. José María Calvo, ofm.
El P. José María Calvo reside en Zaragoza y es miembro también de la Provincia de San Francisco Solano. El ha vivido mucho tiempo en las misiones de la Selva peruana. Como hombre culto y periodista le dejamos el micrófono para que nos hable de su impresión y alegría personal, que sin duda es inmensa, de la fiesta-homenaje que hemos ofrecido del entrañable hermano P. Severino González.
—Le escuchamos, P. Calvo.
—Gracias, Gabriel. La alegría por la fiesta es evidente. En primer lugar estoy aquí por mi cariño al P. Severino. El merece éste y otros mil homenajes.
La impresión de la celebración es excelente. Tanto los religiosos de esta Comunidad de Santo Espíritu como los religiosos que han venido de otras Casas han colaborado para que la celebración tuviera cotas muy altas, tanto en el ceremonial e intervenciones, como en todo su sentido espiritual más profundo.
Lo más emotivo para mí ha sido ver al P. Severino sin poder contener su emoción y sus lágrimas como queriendo hacer de esas lágrimas de alegría un canto de acción de gracias a Dios y a todos los que de corazón le hemos ofrecido este homenaje.

Lima, jardín de la Residencia Misional. PP. Severino González, José Mª Calvo y Calvo y Pedro Santamaría. Enero 1988
Todo lo que se haga en homenaje al P. Severino es poco, porque es un hombre realmente extraordinario. Confieso que es una de las glorias auténticas de la Provincia Franciscana de Valencia. Si la juventud busca un hombre auténtico, busca un cristiano cabal, busca un religioso ejemplar, ahí lo tienen. No han de hacer más que imitarle y seguir sus pasos en pos de Cristo.
—Padre Calvo, ¿alguna anécdota?
—Anécdotas las hay en cantidad. Recuerdo cuando se quedó prisionero en una pequeña embarcación que se les llamaba «peque-peque». Se dejó las llaves dentro y por fin logró entrar por la parte posterior donde había un hueco que tenía muchos servicios... y allí quedó atrapado. Sus gritos de alarma lograron que alguien, con penoso trabajo, lo pudiera sacar de aquella desagradable situación.

El P. Severino González y el P. José María Calvo en la misión de Contamana (Perú). La foto está hecha en 1983, días antes de su separación. Vivieron juntos 18 años
Otra cosa que llamaba poderosamente la atención es que para el P. Severino no había tiempo ni de descanso, ni de dormir, ni de comer, ni de nada, puesto que todo el tiempo estaba al servicio de los demás. Cualquier enfermo que llegaba a donde el P. Severino, para él era lo primero y lo principal. Ni la hora, ni el tiempo, ni las circunstancias, ni nada tenía prioridad. Todo, absolutamente todo, quedaba en segundo término. El enfermo, el desvalido, el hambriento, el conflicto humano, era lo primero. Sólo ver a una persona anémica, iba a la cocina, le calentaba una taza de leche y se la bajaba para aliviar su necesidad.
Todos sabían que a cualquier hora del día y de la noche era buena para acudir al P. Severino, porque las puertas de su casa y, sobre todo, las puertas de su bondadoso corazón estaban abiertas para todos sin distinción alguna.
Para aquellas gentes el P. Severino era un buen sacerdote, un buen médico y un buen curandero, pero todo junto. Conocimientos de medicina, los tiene y muy buenos, por la cantidad de libros que tenía. Y por la forma y aplicación increíble cómo los leía y estudiaba. También eran muy importantes sus conocimientos en medicina natural, mediante plantas y demás. La gente, como digo, acudía porque sabía de sus grandes recursos técnicos para curar. Con todo, yo creo que, acudían a él, como al Santo. Y creo sinceramente que en muchas ocasiones, donde no llegaban sus conocimientos, su corazón lograba la solución feliz. Es decir, que el milagro eran sus conocimientos, pero a veces era la caridad, que animaba a sus conocimientos, lo que hacía el prodigio de sus curaciones.
En China, cuando le operaron de los ojos, estuvo muchos meses con un doctor polaco y aprovechó para estudiar y aprender con él. De ahí que cuando los comunistas tomaron su Santuario, como centro de operaciones, el P. Severino les prestó servicios, digámoslo así, como sanitario, lo que conocemos aquí como ATS. Aparte de esto, en las atenciones que prestaba a muchos ancianos hacía que le confiaran los secretos de hierbas, de acupuntura y demás. La pena fue que todos aquellos apuntes que le habían proporcionado tuvo que abandonarlos porque se los quitaron en la cárcel. De haberlos conservado tendríamos una riqueza, realmente extraordinaria. En fin, mi enhorabuena al P. Severino y a vuestra Provincia Franciscana de Valencia.
P. José Palací, ofm, misionero
El padre Palací llegó hace unas semanas procedente de la Selva del Perú, concretamente de la Misión de Orellana Ucayali de donde es Superior. Disfruta entre nosotros y sus familiares de unas merecidas vacaciones. Abordamos al padre Palací, buen conocedor de la labor del padre Severino en aquella común «viña del Señor».

—Padre Palací: ¿qué significa a su juicio esta condecoración que hoy se le ha concedido a su hermano misionero el P. Severino?
—Con respecto a la fiesta que acabamos de celebrar, personalmente he estado muy emocionado, porque ha sido una providencia encontrarme en España y así poder unirme a este merecidísimo homenaje que se le ha tributado al P. Severino, el hombre que tantísimo ha trabajado allá en la Selva, especialmente con los más necesitados, por el hecho no solamente de ser pobres, sino por ser enfermos. Sus conocimientos de medicina, gran parte de ellos adquiridos en su tiempo de misionero en China, han sido de una inmensa ayuda y consuelo, especialmente un gran alivio para muchos enfermitos que no tenían dónde recurrir. El P. Severino atendía todas sus necesidades con un saber y un cariño envidiables.
Por otra parte, ,este homenaje, el P. Severino, lo tiene más que merecido, pues la verdad es que ha sido uno de los más grandes misioneros que podemos haber conocido, no solamente en vida, sino de misioneros de otros tiempos pasados.

El P. Palací, junto a su «lanchita» en el Ucayali
—Padre Palací: ¿tú has convivido con el P. Severino?
—En realidad en la misma misión no hemos estado juntos nunca. Pero sí hemos estado siempre en estrecha comunicación. Su misión estaba bastante cerca de la mía y nuestras visitas eran asiduas. Yo le visitaba con más frecuencia que él a mí, por la sencilla razón de que él estaba en Contamana que es la capital de la Provincia del Ucayalí y con frecuencia yo tenía necesidad de desplazarme hasta allí para mil asuntos particulares y oficiales. En Orellana, donde yo vivo, necesitamos de Contamana casi para todo. Con todo, el P. Severino me visitó muchas veces para hacerme compañía y eso allí se aprecia como no puedes hacerte idea. Y además aprovechábamos para hablar nuestra común lengua valenciana.
—Tú estás ahora de vacaciones. ¿Llevas algún proyecto acompañando tu descanso?
—Nuestras vacaciones siempre van en busca de algo. En este viaje se ha venido conmigo el proyecto que tenemos en marcha en Orellana de renovar nuestra «academia» de mecanografía y la implantación del Club de Madres, para el cual estamos precisando de máquinas de escribir y máquinas de coser. Hemos hecho unas solicitudes acompañando los pliegos de proyecto a la Campaña española contra el hambre y parece ser que van por buen camino de solución. Con este proyecto tengo puestas muchas ilusiones porque si logramos dicha ayuda podemos impartir una enseñanza valiosísima a la juventud de la selva y sobre todo, a las madres para que se defiendan por sí mismas en las necesidades de sus hogares. Esta labor la realizamos a través de las religiosas franciscanas (Darderas) que trabajan con nosotros. Esta es una enseñanza que después les será muy útil para su vida práctica. ¿Te imaginas, Gabriel, cuántas máquinas de escribir y de coser, sobre todo en grandes empresas quedarán sin utilizar, debido a su renovación y modernización de sus oficinas y talleres?
Con estas palabras del P. Palací cerramos la entrevista, edificados de su talante sencillo y de su entusiasmo de verdadero evangelizador del Pueblo de Dios.
Realmente la necesidad es imperiosa. Ojalá alguien sienta en su corazón la llamada del P. Palací y nos haga llegar sus máquinas usadas con destino, meritísimo destino, a la Selva del Ucayali. Desde aquí ya nos encargaríamos de hacerlas llegar hasta la selva. Dios, y su buen corazón, lo haga.
Entrevista a Mons. Víctor de la Peña, ofm
Antes que Mons. Víctor de la Peña, Obispo del Vicariato de Requena, Perú, partiese de Valencia, le abordamos en demanda de unas palabras para los lectores de Hermano Francisco.
—Señor Obispo, usted vivió ayer en Santo Espíritu una jornada entrañable en homenaje a un religioso que vivió con usted y permaneció bajo la jurisdicción de su Vicariato. ¿Qué significa una jornada así para un obispo misionero?
—Para mí, el día de ayer ha significado el reconocimiento por parte de la Santa Sede de una labor muy callada, sobre todo, en lo que yo he conocido al P. Severino en nuestra misión de Contamana. El antes había estado de Párroco en Requena y otros lugares de la misión. Cuando yo llegué, el año 71, le conocí ya en Contamana, donde él ha realizado prácticamente toda su vocación: el de curar enfermos.
Cuando solicitamos al Santo Padre esta condecoración no pretendimos más que el reconocimiento de su labor humanista y religiosa, es decir, lo que nosotros llamamos evangelización integral.
Su salida de la misión ha supuesto un vacío ciertamente muy grande. Sus servicios humanos y espirituales abarcaban un campo amplísimo. Pero la Providencia del Señor es grande y hemos conseguido que un hermano, Franciscano de la Cruz Blanca, que tiene esta misión con los enfermos, haya tomado el relevo del P. Severino, porque, cada vez que yo me acercaba a Contamana, ya como Obispo, era unánime el clamor de aquellas gentes: «Monseñor: y el Padrecito Severino va a venir». Realmente aquellas buenas gentes necesitaban que se les atendiese en el aspecto sanitario, y gracias a Dios, de momento lo tenemos resuelto. El hermano que se ha hecho cargo se ha instalado en una «Posta», que lleva precisamente el nombre del P. Severino.
—Señor Obispo, usted es franciscano y buen franciscano. Los hijos de San Francisco tenemos la obligación de ofrecer a la juventud los ideales de la vocación franciscana con todas sus vertientes de apostolado para la evangelización de los pueblos. Yo quisiera que usted, Obispo misionero, dijera unas palabras a tantos jóvenes que habitualmente leen estas páginas de Hermano Francisco, y están dispuesto a seguir la llamada del Maestro, siguiendo las huellas de Francisco de Asís.
—Ciertamente el ser franciscano, para mí, ha sido prácticamente el captar los valores que Francisco descubrió en el Evangelio y seguir enamorado de ese ideal propuesto por nuestro Padre. Pero ha sido, sobre todo después, cuando uno ha ido llevando esos valores a la vida de cada día, con entusiasmo y sin fatiga. En la parte donde estamos, no se repara en los sacrificios ni en las dificultades, más bien nos acordamos de esos sacrificios y dicultades cuando estamos por aquí. Cuando nos preguntan y se extrañan. La vida de allí es tan normal como aquí, pero de otra manera. Ciertamente, eso sí, hay que tener el coraje y la valentía de aceptar ciertos valores y llevarlos a la práctica de todos todas. Y eso, lo podemos hacer todos.
Yo quisiera que los jóvenes hicieran esa experiencia consigo mismos. Porque estoy convencido de que aquellas tierras, donde estamos, que llaman el tercer mundo, nos enriquecen enormemente, tanto espiritual como humanamente. Y si es verdad que uno se empobrece un tanto intelectualmente, por falta de medios y comunicaciones, el trato con la gente, el vivir con la gente, vivir sus problemas juntamente con ellos y tratar, también con ellos, de solucionarlos desde el Evangelio, desde la evangelización integral, creo firmemente que merece la pena. Porque son valores evangélicos, son valores de solidaridad con la gente y hoy, creo que, esta palabra ha adquirido un cuño evangélico tan profundo que arrastra y sigue arrastrando a la gente y a tantísimos jóvenes deseosos de seguir a Jesús.
Cuando vengo por aquí y me preguntan algo en este sentido, y sobre la Teología de la Liberación, como una forma de apostolado allí, yo contesto diciendo que nosotros en la Selva no hablamos nunca de la Teología de la Liberación, hacemos la liberación y eso basta. Una liberación que es integral, es decir, todos los valores evangélicos llevados a la persona humana desde su misma vivencia para tratar de que al menos como personas, vivan toda esa riqueza humana que Dios nos concede cada día.

El P. Severino González bendice e inaugura la nueva iglesia de Nuestra Señora de Lourdes en la misión de Lago-Chia Tipissca
—Déjeme, señor Obispo, contarle una experiencia personal, para después hacerle una pregunta.
En mi reciente viaje al Brasil, pude comprobar, en la visita que hice a las misiones jesuitas de Santa Rosa y San Ignacio, la presencia de unos jóvenes seglares, todos españoles, que residían, sobre todo, en la misión de San Ignacio. El Padre Provincial me explicó la finalidad de aquellos jóvenes en la misión. Uno de los Provinciales en España —no recuerdo el de qué Provincia— es el coordinador de todas las solicitudes que llegan de las distintas Provincias para tener una experiencia en las misiones jesuítas. Dicho Provincial recaba los informes del solicitante. Aceptada la solicitud, el propio Provincial corre con todos los gastos de desplazamiento del solicitante hasta la misión. Una vez allí, vivirá en la misión en plan de pensión completa por cuenta de esta misión. Durante el tiempo que, como mínimo es un año, está al servicio de la misión desarrolla su especialidad en bien y orientación de las gentes que pertenecen a aquella misión. Uno de los jóvenes, a quien yo saludé, era ingeniero agrónomo. Pues bien, él me explicaba que su trabajo era estar junto a los agricultores, especializándoles y promocionando a quienes tenían posibilidad e interés de cultivar sus parcelitas. El resultado, me decía, es fenomenal. Así, otro joven, licenciado en filosofía y letras, atendía a los «maestros» de las escuelitas. El otro estudiante de medicina orientaba e instruía a otras personas para los primeros auxilios en su familia, etc., etc.
Cumplido el tiempo convenido, la misión ofrece al joven el pasaje de regreso a su punto de partida. Quedé gratamente impresionado al comprobar su labor y sobre todo la alegría de aquellos jóvenes que se les veía entregados con un espíritu de auténticos misioneros.
Y todo eso, inquietud incluida, obedece, casi siempre, a meros sentimientos personales, que bien pueden ser humanitarios, espirituales o simplemente a que desean un cambio de ocupación temporal. Estos jóvenes no perciben absolutamente ninguna retribución. Uno de ellos me decía que, prefería la alegría recuperada en la misión, a todo el dinero del mundo.
Hermoso, ¿verdad? Aquí está, pues, mi pregunta, señor Obispo: ¿Tienen ustedes algo igual o se podría intentar hacer algo parecido?
—Desgraciadamente no tenemos nada preparado así. Cada uno de los Obispos que venimos aquí, venimos como un poco franco tiradores, en este aspecto, buscando gente que nos pueda hacer este servicio. Lo digo porque has tocado un problema que, para mí, es fundamental. Ojalá en la Orden, o en las Provincias, hubiera un organismo que hiciera este enlace. Yo estoy convencido, y lo he podido comprobar en este viaje, que hay gente que estaría dispuesta a hacer ese sacrificio. Como ejemplo te diré que, yo estoy necesitando hoy un carpintero cualificado para poner en marcha un taller de carpintería que se ha construido y montado gracias a «Manos Unidas». De tener allí ese carpintero cualificado a no tenerlo, el rendimiento del taller sería muy otro. Como también sería distinto el número y el aprovechamiento de los alumnos, niños y mayores. Y lo mismo podemos decir del agricultor, del profesor, del médico, del mecánico, etc., etc.
Mira, Gabriel, yo tengo una lancha, que es lancha misionera y también casa-palacio episcopal flotante. Esta lancha lleva un «tópico», con una pequeña farmacia, donde se atiende a los enfermos. En verano suele venir conmigo un misionero seglar de Majadahonda que ha estudiado tres años de medicina y hay días que atiende a treinta y cuarenta personas en la lancha, porque en los lugares a donde vamos no hay ni médico, ni enfermero. Entonces, ahí hay otra necesidad grande esperando que alguien dijera, bueno, yo voy a hacer un año de servicio en esta o aquella materia, que es mi especialidad.
Sería fabuloso que se lograse en España ese Centro-nexo con las misiones del Ucayali. Vamos a ver.
—Y para acabar, señor Obispo, usted sabe que Hermano Francisco viene canalizando y sirviendo de enlace como muchas personas que ayudan a la misión del P. Ferrer. Tiene ahora la ocasión de agradecer y también hacer una llamada, como Obispo misionero, todos los lectores de la revista que se interesan por las misiones del Perú.
—Bueno, el primer agradecimiento es justamente a la Dirección de la Revista que me la envía con toda puntualidad. La leo con mucho gusto y me agrada muchísimo. Hasta que me llega el nuevo número, el anterior siempre lo llevo en la lancha. Por cierto que me da muchísima alegría el ver que tantas personas, con una gran sesibilidad misionera, siguen y apoyan las necesidades, en este caso de la misión del P. Ferrer, que aunque está en otra misión, la verdad es que su ayuda llega a las misiones, que su ayuda llega allí y que se está haciendo una obra de promoción evangélica, ofreciéndoles instrumentos de trabajo para que aquellas gentes se vayan desarrollando humanamente y valiéndose por sí mismos. En nombre del P. Ferrer y de su Obispo Monseñor Julio Ojeda doy las gracias a los lectores de Hermano Francisco.
También quiero que los lectores de Hermano Francisco sepan que las ayudas más grandes que los misioneros recibimos son las de «Manos Unidas» a través de proyectos que presentamos y de la Campaña del Domund a través de los obispos. El Obispo, con las ayudas del Domund, realiza aquellos proyectos más urgentes de promoción humana existentes en su Diócesis. Cuando predico por esos mundos de Dios, la gente agradece que se les diga esto: que sus donativos llegan a las misiones.
—Monseñor Víctor de la Peña. Gracias. Que su regreso a su misión del Ucayali sea muy feliz. Que su estancia allí sea doblemente feliz. Y lleve a las misiones, a los misioneros y a cada una de las personas de su misión un abrazo cariñoso y fraternal de este su hermano y de todos los lectores de Hermano Francisco.
Para usted, señor Obispo, mil gracias por sus palabras, y para vosotros, queridos lectores, esa bellísima llamada para una más bella misión.
Fr. J. Gabriel Francés, ofm
Centésimo aniversario
El día 30 de noviembre, festividad de San Andrés Apóstol, nuestro hermano Andrés Lahera Galicia, miembro de la Orden Franciscana Seglar y padre de nuestro hermano franciscano Andrés Lahera, cumplía 100 años lleno de alegría y satisfacción.
Por este motivo nos reunimos en su casa sobre las 12 del mediodía para felicitar al hermano Andrés en su centenario y saludar a sus familiares. El ambiente que se respiraba era alegre y festivo.

El P. Andrés Lahera (de pie) acompaña a sus padres y a sus tres hermanas en tan feliz jubileo
Sobre las 12'30 horas comenzamos la celebración de la Eucaristía con cantos de Alabanza y Acción de Gracias al Dios que ama la vida y tan generosamente la ha derramado en él. La celebración transcurrió en un clima sencillo, fraterno y gozoso.
Presidió la Eucaristía su hijo Andrés y con él celebramos otros cinco presbíteros franciscanos de las fraternidades de Caspe, Teruel y Zaragoza. Se aprovechó la presencia de Fr. Ramón Baselga, asistente religioso de la O.F.S. de Aragón, para que nuestro hermano centenario renovara su profesión; también estuvo presente nuestro hermano Fr. Vicente Herrero en representación de nuestro hermano Ministro Provincial.
Deseando que el Señor siga bendiciendo a nuestro hermano Andrés y le conserve muchos años en compañía de su esposa e hijos.
Un saludo de Paz y Bien a todos.
Fr. Jordi Escrivá, ofm.
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