Episodios del negrito Marabá (VIII)
La sorpresa y el asalto de los «Tolis»
Las voces de alarma de los fetichistas, el sonido persistente del gongón y las órdenes de mando del escuadrón de las amazonas habían despertado a los nagos, que presos de un misterioso terror y acuciados por el ansia de un nuevo espectáculo iban acudiendo a las orillas de la laguna.
Los caimanes se habían sumergido de nuevo en los oscuros antros de sus cavernas, aturdidos por el griterío de la multitud; así que las amazonas en vano acechaban, arma al brazo, el asomo del monstruo sobre las aguas.
En toda la superficie de la laguna, aun por lo más lejos, no se divisaba el casco de ninguna piragua, n¡rastro alguno de la fugitiva embarcación; y la gente se inquietaba, cundiendo la especie de que aquello fuera un engaño o alucinación, producto de algún mal sueño del terrible Lama.
Ya iba tomando cuerpo la indignación y protesta de los nagos, cuando una fatídica visión les hizo enmudecer de espanto y les llenó de terror. Espesas columnas de humo, envueltas de vez en cuando de voraces llamas, se veían a través del bosque subir al cielo por el lado de la población. No cabía duda, sus cabañas estaban ardiendo. ¿Habrían sido víctimas de una traición de los fetichistas, que estarían en connivencia de algún pueblo enemigo? Aquella sorpresa no dejaba de parecer una trama horrible para perderles; y cuando comenzaban a pedir cuentas al Lama y demás fetichistas, se vieron envueltos por una salvaje gritería. Sus enemigos estaban allí, y los habían copado, cuando la mayoría de ellos estaban desprevenidos y sin armas.
Así era en verdad. Los Tolis, pueblo vecino y enemistado hacía algún tiempo con los Nagos, conocedor de la indolencia y enervamiento que suele seguir a los excesos de unas fiestas, tan trágicas y tan terribles, creyeron el momento oportuno para sorprenderles y vengar atrozmente sus ofensas. Mucho antes de amanecer el día, con pasos sigilosos y por ocultos vericuetos se fueron replegando hacia Nagos para sorprenderles en sus cabañas antes del amanecer. Mas los espías que se avanzaron, habían advertido aquel trastorno de la laguna, y aquel ir y venir de los vecinos a los que creyeron todos en pie y en son de guerra, lo que les dio la sospecha de que los nagos habían advertido sus maniobras y esperaban el asalto. Corrieron unos a dar el aviso a los Tolis para que suspendieran el avance; mas pronto se dieron cuenta, los que quedaron ocultos en las proximidades del pueblo, de la realidad de lo que ocurría; y al ver que el pueblo quedaba desierto y que la mayoría de los nagos desarmados, se congregaban en la laguna, corrieron presurosos a dar nuevo aviso a los Tolis, advirtiéndoles de la oportunidad del asalto.
No se hicieron de esperar, y con presteza llegaron los Tolis a Nagos, cuando estaba cas¡desierto de gente; y mientras unos prendían fuego a las cabañas, la mayoría de los guerreros se desplegaban en nutrida fila, para copar a los nagos alrededor de la laguna.
Se entabló al momento una lucha encarnizada, en la que los nagos llevaron le peor parte, pues s¡bien las amazonas luchaban con denuedo y fiereza, eran en corto número para tantos enemigos y estaban presas del desaliento general, que, al verse sin armas, huían a la desbandada, arrojándose muchos a la laguna y huyendo otros por el bosque, donde eran cazados como fieras por los Tolis que contaban un gran número de guerreros y bien armados.
Cuando ya decrecía el fragor de la batalla se dio orden a los Tolis de cesar en la matanza e intensificar la caza de prisioneros.
La racha y convoy de esclavos
No cabía la menor duda de que llevaban en su plan efectuar una racha de cautivos para llevarlos al mercado de esclavos; y ciertamente que les fue propicia la suerte, pudiendo almacenar una grande mercancía, que fueron amontonando, atados en fuertes cadenas, alrededor de la laguna. Entre ellos estaba también el Lama de los fetiches, que aunque había luchado desesperadamente, cayó mal herido y fue hecho prisionero.
El resto del día lo pasaron los Tolis repartiéndose el botín de la victoria, y entregados a los excesos de sus vicios y diversiones; y por la noche vivaquearon por las orillas del bosque y sobre las arenas de la playa, hasta que el último canto del gallo, que anuncia el amanecer, les advirtió que era ya hora de organizar la expedición y la marcha hacia Whydah, el famoso mercado de esclavos.
Una salvaje gritería al momento de amanecer hizo estremecer a los árboles del bosque y a las aguas del lago, despertando a los remisos dormilones; y frecuentes chasquidos del látigo arrancaban hayes lastimeros a los ancianos, mujeres y niños que atados con cadenas, yacían sobre la arena, amontonados como sacos de mercancía. Los guerreros allí vencidos se alzaban también al son del látigo, rugiendo como fieras encadenadas.
A la voz de mando del general en jefe de los Tolis se abre la marcha en dirección al famoso mercado de carne humana. Precedían los jefes montados en cabalgaduras, de cuyos cuellos pendían las cabezas de los jefes vencidos. Les seguía una banda de música diabólica, dientes de elefantes de agudo sonidos, siniestros tambores, ruido de hierros y de campanillas.
Detrás venían los presos, trémulos de coraje y abrumados por el peso de las cadenas y por los golpes que se les prodigaba. De vez en cuando se detenía el cortejo y redoblaban los clamores. Los soldados que llevaban su calabacino lleno de sangre enemiga se convidaban mutuamente, y a imitación de los caudillos bañaban sus manos con esa sangre. Así anduvieron algunas jornadas, celebrando con fiestas su victoria, hasta que llegados a Whydah fueron expuestos los prisioneros en el gran mercado para ser vendidos como esclavos.
Los que no encontraron compradores los llevaron consigo a Tolis para ser sacrificados, como víctimas, en sus sacrificios al terrible Ogún, fetiche de la guerra.
La isla flotante.
Mientras todo esto ocurría en las orillas del lago, Djerua y Marabá, libres ya de sus perseguidores y con una relativa tranquilidad, abordaron por la parte opuesta del bosque de paletuvios, amarraron la piragua al tronco de uno de los árboles y echaron pie a tierra. Djerua se tendió sobre la hierba, cas¡extenuada de fatiga por el inmenso esfuerzo que acababa de realizar. Pronto una suave soñolencia vino a dominarla, quedando al poco rato dormida.
Marabá aun se entretuvo triscando por aquel laberinto de troncos y ramas de aquellos paletuvios, y oteando la laguna por s¡descubría alguna piragua enemiga; y como veía, no sin extrañeza, que ningún peligro ocurría, acabó por venir a juntarse con su madre y dormir tranquilo sobre el césped húmedo del suelo.
Ya era muy entrada la tarde cuando Djerua despertó con sobresalto. Aquel bosque que ella creía tierra firme se estaba balanceando, cual s¡fuertes gigantes se sirvieran de él para su columpio. Se levantó con tiento para examinar aquel fenómeno y pronto se dio cuenta de que no estaba sobre tierra firme, sino que había abordado a una isla flotante.
Era grande y extensa; y pudo darse cuenta que recientemente, por la crecida de las aguas, se había desprendido del inmenso bosque de la opuesta orilla, y se mantenía compacta con aquel suelo aparente, por la intrincada trabazón del copioso raigambre de los paletuvios. Aun se conocía el hueco que al desprenderse había dejado en la costa, formando una extensa bahía, y a la cual quedaba todavía ligeramente unida por el otro extremo por un gran manojo de ramas y de raíces de aquellos enmarañados árboles.
Pero ¿cuál era el motivo de aquel extraño balanceo, cuando las aguas estaban tranquilas y reinaba la calma sin que el viento moviera las hojas de los árboles?
Algo grave debiera ser cuando Djerua despertando a Marabá, hizo que le ayudara a levantar la piragua e introducirla en el bosque.
(Continuará.)
Crónicas
Primeras Misas
El 28 del pasado Septiembre celebró su primera Misa el nuevo Sacerdote P. Rafael Reig, en Cocentaina, su pueblo natal, en la iglesia de su Patrona, la Virgen del Milagro. Por razón del luto a su buen padre, recientemente fallecido, la Misa fue rezada, s¡bien acompañada de armonium y apropiados motetes.
El 2 del pasado Octubre cantó solemnemente su primera Misa el nuevo Presbítero P. Joaquín Maíques en nuestra iglesia de San Lorenzo (Valencia). Fue apadrinado en tan solemne acto por D. Pascual Montañés y Dª Josefa Sanz de García. Ensalzó la dignidad del Sacerdocio el P. Francisco Ferrer.
Bodas de Plata sacerdotales
El día 6 de Octubre del presente año celebró las Bodas de Plata de su ordenación sacerdotal nuestro muy amado hermano y constante colaborador de esta Revista, el P. Luis Ángel Roig. La Misa fue solemnizada ese día con profusión de cantos, de luces y de amor fraternal, en la Capilla de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de la ciudad de Teruel.
Por tal motivo fue objeto el Padre Luis Ángel de muy fervientes felicitaciones, a las que unimos, con toda la efusión de nuestro cariño y gratitud, la más entusiasta felicitación de La Acción Antoniana.
Ordenes sagradas
El 24 del pasado Septiembre fueron ordenados por el limo. Sr. Obispo de Teruel los siguientes coristas de nuestra Seráfica Provincia: Fray Rafael Reig y Fray Joaquín Maíques, de Presbíteros; Fray Serafín Pérez, de Diácono, y Fray Camilo Jordá, de Subdiácono. Sea enhorabuena.
Fiestas franciscanas en Cocentaina
Entusiasmo, fe, devoción, franciscanismo recio y vigoroso ha hecho vibrar el alma católica de Cocentaina del día 4 al 9 del actual, en que la V. 0. Tercera de esta población ha celebrado solemnes Quinario y fiestas en honor de su Patriarca y Fundador el Serafín de Asís.
Ausentes todavía de este pueblo los Hijos de San Francisco a causa del movimiento revolucionario del pasado año, los cultos se han celebrado en la hermosa iglesia de la Virgen del Milagro, nuestra celeste Patrona. Todos los días, a las siete de la mañana, se decía Misa de Comunión general, con motetes, y por la tarde, a las seis, la solemne función vespertina. El último día la Misa fue solemnemente cantada, y por la tarde hubo también reserva extraordinaria, oficiando en ella el señor cura, don Elias Carbonell, asistido de los coadjutores don Juan Carbonell y don Francisco Giner.
El templo resultaba diariamente insuficiente para acoger a los fieles que acudían a venerar las virtudes de San Francisco de Asís; sobre todo el domingo último, día 9, la concurrencia fue tan extraordinaria, que antes de comenzar era materialmente imposible penetrar en la iglesia.
Todos los días ha estado encargado de enaltecer la santidad del Serafín llagado y celebrar la devoción franciscana de Cocentaina el elocuente orador P. Samuel Leal.
La parte musical ha corrido a cargo de la capilla y orquesta de la población, bajo la dirección maestra del presbítero don José María Reig.
Matices evangélicos
Trigo y cizaña
Dijo Jesús a las turbas esta parábola:
El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena simiente en su campo. Pero al tiempo de dormir los hombres, vino cierto enemigo suyo y sembró cizaña en medio del trigo, y se fue
Estando ya el trigo en hierba y apuntando la espiga, se descubrió asimismo la cizaña. Entonces los criados del Padre de familias acudieron a él y le dijeron:
—Señor, ¿no sembraste buena simiente en tu campo? Pues ¿cómo tiene cizaña?
Les respondió:
—Algún enemigo mío la habrá sembrado.
Replicaron los criados:
—¿Quieres que vayamos a cogerla?
A los que respondió:
—No, porque no suceda que arrancando la cizaña arranquéis juntamente con ella el trigo. Dejad crecer una y otra hasta la siega, que al tiempo de la siega yo diré a los segadores: coged primero la cizaña, y haced gavillas de ella para el fuego, y meted después el trigo en m¡granero.
El campo es la iglesia, donde el Padre de familias, que es Dios, ha sembrado la buena semilla de su gracia, que es la que hace buenos cristianos, representados en el trigo.
El hombre enemigo es el demonio, que siembra la cizaña, a saber, el mal que se presenta ya en forma de malas enseñanzas, malos libros, malos espectáculos y malos compañeros.
Los ángeles (los criados del Padre celestial) bien quisieran arrancar de la iglesia a los malos, mandando un terrible castigo a la Humanidad; pero para que este castigo no alcance también en esta vida a los buenos, deja la hora de su venganza para el día de la siega, el día del Juicio, en el cual los malos serán como gavillas destinadas al fuego eterno del infierno, mientras que los buenos serán como el trigo que será recogido en el cielo.
¡Quiera Dios que siempre seamos como blanquísimo trigo, y nunca como la cizaña!
El granito de mostaza
"El reino de los cielos, dijo Jesús, es semejante al grano de mostaza, que tomó en su mano un hombre y lo sembró en su campo; el cual a la vista es la más pequeña de todas las semillas, más al crecer es mayor que todas las legumbres y se hace como un árbol, de suerte que las aves del cielo bajan y se posan en sus ramas...."
"El reino de los cielos es semejante a la levadura que mezcló una mujer con tres medidas de harina, y así quedó toda la masa fermentada..."
¿Hay cosa al parecer más pequeña que el granito de mostaza? Y sin embargo cuando crece la planta, cas¡parece un árbol según es el desarrollo que alcanza.
¿Hay cosa más indiferente al parecer que un poquitín de fermento de harina?
Y a pesar de su pequeñez, es bastante para sazonar toda la masa de la artesa, que sin él daría un pan insípido y repugnante al paladar.
Tal es el Evangelio y tal es la Iglesia; cosa al parecer pequeña, y sin embargo, la pequeña cristiandad formada en un principio por los doce apóstoles y algunos discípulos, fue poco a poco engrosando; el pequeño fermento arrojado en medio de los errores del paganismo, fue sazonando aquellas naciones y convirtiéndolas a la verdadera fe, y el árbol de la iglesia ha extendido sus ramas hasta los últimos confines de la tierra, y todos los pueblos y naciones acuden a cobijarse en ellas.
¡Dichosos nosotros que hemos nacido en el seno de una sociedad cristiana! ¡Pero hay todavía tantos otros para quienes no ha lucido aun la luz del cristianismo! Pidamos por ellos, para que cuanto antes se extienda el reino de Dios y todas las naciones del mundo formen un sólo rebaño bajo el cayado del Supremo Pastor.
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