La pedagogía del Beato Nicolás Factor

«Amonestaba a los novicios, siendo su Maestro, a la profunda reverencia que se debe a la Santísima Trinidad. Había corregido a uno de ellos, algún tanto descuidado al inclinarse al verso del Gloria Patri; pero no habiéndose enmendado, se echó el Santo en el suelo, de memoria, y, puestos los brazos en cruz, le dijo: Porque os acordéis y corrijáis: yo haré la penitencia por vos. Con esto mandó al novicio que le pisase su boca tantas veces cuantas, pasando todo el rosario, dijese a cada cuenta el verso del Gloria Patri. Con tan extraña penitencia no sólo éste sino los demás novicios quedaron muy compungidos y admirados de ver cuánto zelaba el honor de tan soberano misterio.» (1).

Este acto de corrección y castigo tan original tuvo eco en un rapto, que fue confirmación de la pedagogía del Maestro. «Pero contaré (el rapto) el de m¡Padre Maestro Nicolás Factor por haber pasado delante de mis ojos, y en m¡presencia. Estaba un día de fiesta por la mañana comulgando a sus novicios, de dos en dos, como es costumbre; después de mí dio el Santísimo Sacramento a un novicio que tenía a m¡lado, llamado Fray Vicente Ferrer, natural de la villa de Monviedro (Sagunto), y se quedó con la misma postura arrebatado (fue éste a quien mandó una noche rezase un rosario entero, pisándole su boca); para acabar la comunión de los demás, un Padre llamado Fray Luis Aracil de Alicante: revestido con una sobrepellíz y estola, le quitó la patena con las formas consagradas, no sin grandísima dificultad y fuerza, tan apretada la tenía, y se quedó hecho una columna de mármol inmoble. Estuvo de esta suerte gran espacio y, vuelto en sí, acabó la misa, desnudose en la sacristía; y saliéndose al pie del altar a hacer gracias, se tornó al rapto a vista de toda la gente que había venido a oír los divinos oficios. Un religioso estudiante con curiosidad atrevida le hincó en el calcañar un alfiler secretamente, por experimentar s¡sentía; pero no hizo más sentimiento que s¡fuera muerto. Cuando hubo vuelto en sí del rapto, como se le había ya enfriado la llaga y herida, andaba cojeando; y quejándose del dolor, dijo: No sé qué me tengo en el pie, que me duele.» (2).

Citemos otro acto dramático de esta pedagogía intuitiva y francamente voluntarista: «Cuando era Maestro de novicios, arrodillado les mandó a todos que le dijesen palabras injuriosas, y después le escupiesen en el rostro. Llegaban éstos temblando y llorando, unos le decían traidor, otros hipócrita, indigno del pan que comía; otros, que se admiraban de ver que, siendo tan gran pecador, no se abría la tierra y se lo tragaba el infierno; y después cada uno le escupía su venerable rostro, cuan fuertemente podía. El Santo Maestro recibía estos desprecios con alegría, considerando al divino Redentor, azotado, coronado de espinas y escupido su divino rostro. Uno de los novicios, viéndolo así, le rogó que se dejase limpiar el rostro con un lienzo limpio. ¿Cómo qué, dijo, lienzo limpio? Ahora os mando por santa obediencia que con los paños de lana del lugar inmundo me limpiéis el rostro, pues esto es lo que merece este abominable pecador. Lo ejecutó con lágrimas el novicio, y el Siervo de Dios decía: Bendito seáis Dios y Señor mío, que decís las verdades por boca de estos angelitos. Ellos, que me conocen, me tratan como merezco; y no los del siglo, que, porque no saben quién soy, me alaban, me llaman santo y me buscan. Dichas estas palabras, se quedó elevado por espacio de tres horas.» (3).

A fin de que el lector trismo pueda levantar sobre fundamentos ciertos la Pedagogía propia del Beato Nicolás Factor, pondré fin a este articulito describiendo un poco el ambiente claustral de aquel Noviciado franciscano de los buenos tiempos. Niños de 13 años de todas las clases sociales, juntamente con vocaciones tardías de la nobleza entraban en el Convento-Noviciado, y fantaseaban en seguida nuevas glorias franciscanas sobre esta educativa visión: De frente a la portería, el altar de la Inmaculada Concepción, honorificentia popul¡nostri; dándole la vuelta al claustro, en el ángulo siguiente, el Escudo de San Buenaventura, cuando le hicieron Cardenal; es decir, los dos brazos cruzados con sita Letra: Iste me
creavit, iste me defendit
. En el otro ángulo la Cruz de Jerusalén, símbolo y gloria de los mártires de la Orden; y finalmente, encima de la portería y de cara al altar de la Concepción, el monograma del Nombre de Jesús, victorias de San Bernardino y Juan de Capistrano (4).

En tan tierna edad y atraídas muchas vocaciones por el realce que daba a la Orden el triunfo y popularidad de estos timbres de gloria y nobleza espiritual, singularmente por el triunfo más glorioso de todos, el de haber defendido la Concepción Inmaculada hasta el «voto le sangre», y poder ellos también los candidatos derramar la sangre por la Señora de sus pensamientos; el Maestro, disponiendo del curso de un año para hacer profesos solemnes, tenía que remover aquellas conciencias en flor de esperanza, y dejarles en circulación un recuerdo viviente, que s¡no es con hechos volitivos y sentimentales, como San Francisco con Fray Bernardo de Quintaval, no se podía de otra manera conseguir el crecimiento personal para el futuro del ideal franciscano.

En suma, la Pedagogía del Beato Nicolás que, aun miniada en las lecciones del breviario, se deja notar y atender, es una Pedagogía clásica franciscana de voluntarismo e intuición consiguiente; y deteniéndose más nuestra atención, descubriría también el sentimentalismo valenciano quizá el vehículo más fino y recto entre nosotros para llegar a las puertas del santuario de la voluntad, puertas que se abren de dentro a fuera por autonomía y que solamente ceden al golpear de la simpatía.

Fr. Domingo Savall, ofm

(1) Epítome, pág. 17. Vea el número anterior de esta Revista.
(2) Philoscomia, fol, 128.
(3) Epítome, pág. 76.
(4) Vid. a Carlos Sánchez, Instrucción de novicios, passim.

Pensamientos

—Los hombres son como el vino, la edad agria a los malos y mejora a los buenos. (Cicerón)

—El hombre que trabaja con las manos es un obrero, el que lo hace con las manos y el cerebro es un artífice; pero el que emplea en sus obras las manos, el cerebro y el corazón, ese es un artista. (L. Nicer)

—El deseo y el amor de la propia abyección es materia en que nunca debemos aflojar; ésta es una virtud necesaria en cada instante y para todos, aún para los más adelantados en el camino de la perfección.

—En el camino de la virtud debemos andar siempre sin pararnos jamás, que aun andando con alguna pausa no dejaremos de adelantar mucho.

Durante este año Santo...

Quisiera el Sumo Pontífice abrazar y bendecir a todos los fieles católicos durante este año santo. Es deseo muy natural y legítimo del corazón de un buen padre; y padre de todos los católicos es el Sumo Pontífice, que por esta razón es llamado PAPA desde el primer siglo de la iglesia.

Porque a todos quiere conocer, abrazar y bendecir, por eso nos llama a todos a su lado, a su casa, a Roma, cuna de la cristiandad que atesora los grandes monumentos de la fe y de la piedad de los primeros venerandos tiempos de la Iglesia.

También los buenos hijos del Pana deseamos verle, besar su anillo pastoral, recibir su bendición, escuchar sus enseñanzas y sus consejos. ¿Quién no tiene ansias de ir a Roma para ver al Papa? Lo que a la mayoría nos sucede es que dejamos adormecido tranquilamente nuestro deseo porque nos parece que no podremos realizarlo. Mas s¡de pronto se nos presentase viable, ¡con cuánto gusto emprenderíamos nuestro viaje a Roma! Que nos dieran facilidades como las que dio en su tiempo el marqués de Comillas a los obreros españoles, y por miles acudiríamos a la casa del Padre común a manifestarle nuestra fe nuestra piedad y a caldear a su lado nuestro corazón en el amor a nuestro Señor Jesucristo.

Santa Teresita llenóse de santo júbilo cuando su buen padre le dijo que quería llevarla consigo en peregrinación a Roma. Avivó entonces su fe, enardeciose su amor a Jesucristo y al Papa, que es su representante en la tierra, preparóse para hacer devotamente; aquella peregrinación con ánimo de esquivar los peligros que para su alma pudiera traer la compañía de la gente con quien iba a viajar, las cosas que durante el viaje y en el término de él iba a ver, y propuso no abrir su corazón sino a lo bueno y a lo santo, a lo que esperaba recibir del Santo Padre y de los mártires de Cristo al visitar las catacumbas que guardan sus reliquias, y el Coliseo donde a raudales derramaron generosamente su sangre por Jesucristo.

No todos los peregrinos de Roma han ido n¡irán ahora con aquellas buenas disposiciones de Santa Teresita; pero sin duda irán algunos, quizá muchísimos que quedarán ocultos e ignorados, corno hubiera quedado desconocido lo de Santa Teresita s¡no hubiera dispuesto Dios que ella nos lo refiriera para edificación
enseñanza nuestra.

Multitudes de fieles llegarán a Roma para rendir homenaje al Vicario de Jesucristo y a la Iglesia Católica; visitarán procesionalmente las basílicas de Roma cantando cánticos sagrados y rezando en alta voz el rosario; con la confesión expiarán sus culpas; con la comunión fortalecerán su alma, enardecerán su fe en la unidad de la Iglesia y en la santidad y apostolicidad de la misma, y de ahí redundarán preciosos bienes en ellos, en la Iglesia y en los que todavía no creen en ella.

Por algo dijo Jesucristo que «dondequiera que se reunieran dos o tres para orar y pedir algo, sea lo que fuere, les será otorgado por m¡Padre que está en los cielos.» (Mt 18, 19). ¡Cuánto más verdad será esto, y cuánto más eficaz será la oración cuando lleguen a reunirse millares de católicos animados de santos deseos y unan sus oraciones a las del Papa, rogando por las mismas intenciones que él!

S¡el saber que son muchos millones los católicos en todo el mundo alienta nuestra fe y afianza nuestra esperanza, el ver las grandes multitudes congregadas en Roma hará vibrar de entusiasmo a quienes estén entre ellas, consolará a sus hermanos ausentes, edificará a los que no pertenecen aún a la Iglesia de Jesucristo. Siendo Papa, todavía recordaba con gusto León XIII la piedad de los fieles en el jubileo a que asistió a sus 15 años. El impío Voltaire lamentaba, por el contrario, la benéfica influencia del jubileo de 1775 entre los anticlericales: «Con otro jubileo como éste nos vamos a quedar en cuadro», repetía despechado.

Por estas razones de beneficio general para la Iglesia y la sociedad, desea el Papa que acudan peregrinos de todas partes a Roma durante este Año Santo, y para que así suceda y la indulgencia del año santo sea más codiciada de los fieles, suspende durante él, como desde hace siglos se viene haciendo, las indulgencias que a los rezos y a los lugares, imágenes, medallas, han concedido los Papas. Nadie podrá ganar estas indulgencias, por ejemplo, las del rosario, para sí mismo; pero podrán ganarse para los difuntos, y deberemos procurar todos ganarlas con gran interés durante este año movidos de caridad hacia las almas del purgatorio.

De la suspensión de indulgencias se exceptúan las siguientes, que podrán ganar para sí todos los fieles:

Mediante estas indulgencias el Papa atiende al bien particular de cada uno de los fieles del mundo, mientras el jubileo de Roma procura grandes y copiosos bienes a la cristiandad y a las naciones.

Uniéndonos a los deseos del Papa, roguemos perseverantemente según las intenciones de él, y la eficacia de nuestra oración podrá llegar, no sólo a los confines del mundo para sostener a los justos y convertir a los pecadores, sino allá donde gimen las almas del purgatorio para libertarlas, y a la Patria celestial para aumentar el gozo de los santos.

De este modo contribuiremos a dar realidad a las esperanzas de Pío XII de «que este Año Santo sea para todos un año de purificación y de santificación, de vida interior y de reparación; año del gran retorno y del gran perdón..., que marcará una nueva era de justicia, santidad y felicidad para el mundo».

Fr. Luis Mestre, ofm

[Nota biográfica del P. Luis Mestre]

Exhortación del Papa en el radiomensaje de Navidad

Expiad, amados hijos, en este Año Santo que recuerda la gran expiación del Calvario, vuestras culpas y las ajenas; pues s¡nuestra generación ha sido duramente castigada es porque ha prevaricado consciente y protervamente.