Índice del número 265

Enero de 1951. Director: Fr. Pacífico Torres, ofm

Año nuevo, vida mejor

El árbol de la vida, plantada en el mundo por la mano creadora de Dios, nos trae en esta primera alborada de enero el fruto de un nuevo año, y ofrece a nuestras almas, a través de la incertidumbre y angustia de los momentos actuales, la oportunidad de descifrar a nuestro favor y en orden al destino eterno de nuestra vida, la incógnita que encierra cada nuevo año que emprendemos, amén de abrir la rosa de nuestra esperanza al devenir de los acontecimientos humanos en cada año nuevo que nos toca vivir.

Terminado con relativa felicidad el Año Santo de 1950, queda en nuestro corazón de católicos fervientes, como un rescoldo inextinguible, el anhelo de que perduren en el mundo los frutos de gracia, de perdón y de paz, que Nuestro Santísimo Padre el Papa Pío XII quiere brindar a la humanidad por medio de ese "gran retorno a Cristo", tan ardientemente suspirado por su augusto corazón de padre; y el voto que formulan al cielo nuestras almas en este inquietante amanecer de 1951 es el que expresa el epígrafe de estas líneas: Año nuevo, vida mejor.

Vida mejor no solamente en cuanto se refiere al alma, a nuestra unión con Dios, a nuestra santificación, a nuestro progreso y crecimiento espiritual, sino también, y como consecuencia de nuestro mayor apego a la Voluntad divina y de nuestro mejor cumplimiento de la Ley de Dios, vida mejor en todo lo que se refiere al orden físico y material.

Que en este nuevo año se aleje de la humanidad hasta desaparecer por completo de sus horizontes, el espectro de la guerra, que se alivie la miseria de nuestros hermanos los pobres, y que la divina caridad de Cristo, triunfando sobre el odio, la incomprensión y el rencor, nos traiga a los mortales frutos de concordia y de paz e ilumine todas las aurora de este nuevo año 1951 con fulgores de plácida alegría y creciente progreso y bienestar.

Esto es lo que deseamos, en los albores de la segunda mitad de nuestro siglo XX, para todo el mundo, pero muy especialmente para nuestra querida España, y de manera todavía más íntima y cordial, para todos y cada uno de los amigos y favorecedores de la Acción Antoniana.

Florecillas de la Seráfica Provincia de Valencia, XXIII

Fray Pascual Nadal

En el número de enero de 1950 publicamos una Florecilla firmada por el P. Eusebio Arnaiz, C. SS. R. Se titulaba: Fray Pascual Nadal, artista, profeta y mártir. Anunciábamos que con ella comenzaríamos a tratar del virtuoso lego valenciano en esta sección de Florecillas. Sin embargo, las anunciadas Florecillas no llegaron. Es que nos enteramos de que el P. Arnaiz tenía preparada una biografía de Fr. Pascual, y concebimos el proyecto de editarla. Así lo hemos hecho, y hoy presentamos al público franciscano y valenciano esta obrita que ofrece un diseño del alma del bendito mártir, cuya glorificación esperamos presenciar bien pronto. Ha resultado un libro sugestivo, que se lee de un tirón. La presentación, esmerada: «Semana Gráfica» ha hecho honor a su nombre; nueve fotograbados hacen la lectura más agradable. Su precio, módico: seis pesetas. Se vende tan barato, porque no se persigue otra finalidad que la de propagar la devoción al siervo de Dios. Su titulo, cas¡el mismo de la Florecilla: «Fray Pascual Nadal, artista y mártir».

Fr. Pascual NadalA Fray Pascualet se le recuerda con cariño y devoción. En Pego están ufanos de él, porque le vieron nacer y crecer. En Valencia, y muy particularmente entre los talleres de escultura y en la «Casa de Obreros» y en el «Patronato», porque son los medios sociales en que se desenvolvió cuando trabajaba de oficial de escultura. En los pueblos de la guardianía de Santo Espíritu, donde vivió de religioso tantos años, porque a todos tenía edificados aquel santo frailecito, que se quitaba las sandalias cuando iba de camino, para sufrir más; que cuando entraba en un pueblo se iba derechito a la Iglesia a saludar al Prisionero del Sagrario, aunque fuese de noche y ante las puertas cerradas; que edificaba por su porte tan lleno de unción; que con su fervor arrastraba los corazones; que, al llegar a las casas donde se hospedaba, se convertía en el criado de todos, y se arremangaba al punto para ayudar en las faenas domésticas; que en los ratitos de sobremesa encantaba a grandes y chicos con sus historias edificantes, las que terminaba por lo común pidiendo perdón y acusándose de su charlatanería.

Tanto como en nuestra región se le recuerda en Roma y en China. En el libro del P. Arnaiz lo verán los que lo lean, y en sus páginas aprenderán la lección del amor de Fr. Pascual a los leprosos y la más sublime de su heroico martirio. Esperamos que el libro se difundirá con rapidez y que los lectores de esta Florecilla, a más de adquirirlo sin pérdida de tiempo, se convertirán en propagandistas de la obrita y de la devoción al siervo de Dios. La biografía está a la venta en este Convento de San Lorenzo. ¿Podremos hacer pronto una segunda edición? El franciscanismo de los lectores lo dirá.

Fr. Joaquín Sanchis, ofm

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