Índice del número 261
Septiembre de 1950. Director: Fr. Pacífico Torres, ofm
- El Calvario franciscano. Editorial
Un modelo de bondad y amabilidad franciscana. (fr. Agustín Fortea). Fr. Joaquín Sanchis, ofm - El mejor sermón. Fr. Luis Mestre, ofm
Ardores de Serafín. Fr. Bernardino Rubert Candau, ofm - Una auténtica gloria franciscana.[Fr. Francisco Gálvez] José Martínez Ortiz
El P. Mójica busca vocaciones. Raúl Setien
Restauración de la cruz en Santo Espíritu del Monte. - Fátima. Fr. Luis Ángel, ofm
Oración de Fr Humilde Soria. Fr. Domingo Savall, ofm - De nuestras misiones. Fr. Gonzalo Valls, ofm
Consultorio religioso. - S¡ buscas milagros... Cuento de Soleriestruch
Noticias.
El Calvario franciscano
La liturgia de la Iglesia nos trae a la memoria el 17 de este mes de septiembre un hecho maravilloso y singular, que demuestra, por el lado humano, el inefable poder de un pobre corazón de arcilla, cuando , desprendido de todo lo terreno, se deja abrasar en el fuego del amor de Cristo, y nos dice, por el lado divino, la esplendidez y magnificencia de Dios en premiar las ansias de aquel corazón, asimilándolo al de Jesús y convirtiendo aquella humilde criatura humana en estampa viva de Cristo Redentor.
Ya supondréis, queridos lectores, que me refiero a la Impresión de la Llagas de Cristo en el cuerpo de Nuestro Seráfico Padre San Francisco.
¡Cuántas y cuán bellas cosas se han escrito sobre este prodigio estupendo del amor de Francisco a Jesús crucificado y de la predilección de Nuestro Señor hacia su fidelísimo siervo!...
Convertido en imagen palpitante y viva del Redentor, ahora es ya completa la identificación de nuestro Padre con Cristo Jesús, y emulando los encendidos arrebatos de San Pablo, puede Francisco exclamar: "Llevo en m¡cuerpo los estigmas del Señor... Vivo yo, mas no yo, sino Cristo es quien vive en mí"...
Este es un cambio de la diestra del Altísimo; esta es una obra excelsa y primorosa, que viene del amor y debe también terminar en el amor, pues como dice la misma Iglesia en la oración litúrgica de esta suavísima fiesta, quiso Jesús Crucificado, para reparar la frialdad del mundo y encender nuestros corazones con el fuego de su divino amor, imprimir en el cuerpo del Pobrecillo de Asís las señales fulgentísimas de su Pasión...
Subamos, pues, nosotros al Calvario Franciscano, a aquel sagrado Alverna, al que David llamaría monte pingüe y coagulado con las bendiciones de Dios, llevando el corazón libre de las terrenas ligaduras y dispuesto a recibir las influencias de la gracia y amor divinos, que Dios derramará a raudales sobre nosotros, por los méritos e intercesión del bendito San Francisco, por quien sea eternamente glorificado el Padre con el Hijo y el Espíritu Santo. Amén.

Florecillas de la Seráfica Provincia de Valencia
Un modelo de bondad y amabilidad franciscana
El año 1884 recibía el hábito de manos del P. Juan Ruixó un sacerdote de la diócesis de Teruel que contaba ya 25 años de sacerdocio. Su nombre, Fr. Agustín Fortea. Llevaba al claustro un corazón todo bondad que presentaba las mejores disposiciones de adaptabilidad al espíritu que quería aprender en la escuela de Francisco. Así pues, el P. Agustín vino a ser la amabilidad franciscana personificada. Es muy natural que todos le amasen. Y este afecto que la Provincia entera le profesaba, explica que en la crítica situación que creo la Provincia naciente la muerte del P. Molina —cuarto Provincial que fallecía en el cargo— el Capítulo provincial, buscando un digno sucesor de aquel santo varón, fijara su mirada en el P. Agustín Forte a., que unía las voluntades de todos.
Para el elegido fue aquella una desagradable sorpresa. No tenía más que 10 años de profesión. Por otra parte se sentía incapaz de llevar el peso de la prelacía, agravado por el momento histórico que vivía la Provincia. Pero el virtuoso padre obedeció y se dio totalmente a su cargo, con el propósito de servir de puente entre la generación de los restauradores y de la de los jóvenes que formaban ya el grupo mayor de la Provincia.
S¡como religioso era el Padre Agustín el retrato de la bondad y amabilidad franciscana, como Prelado tuvo un corazón verdaderamente paternal para todos sus súbditos. Durante su gobierno tuvo lugar la fundación de nuestra residencia de Valencia, instalada en el punto conocido vulgarmente con el nombre de Vòlta del Rosignol. Allí trasladó el P. Fortea la Residencia provincial el 5 de marzo de 1897, terminando con este hecho la primera etapa de la restauración de la Provincia franciscana, durante la cual el Provincial había residido el Santo Espíritu del Monte. También fundó el Convento de Segorbe e inició los preparativos para la fundación de Teruel.
El gobierno de la Provincia trae disgustos, y el P. Agustín era demasiado bueno para disgustar a nadie. Por eso fue la Prelacía su mortificación más dura, y cuando el P. Vicario General llegó a la Provincia para presidir el Capítulo, al entregar el P. Provincial sus sellos, no pudo menos de decir con su natural gracejo y un poco de ironía, como quien se libra de un enorme peso: "Pongo en sus manos, reverendísimo padre, las parrillas en que he sido asado".
Al dejar el primer puesto de la Provincia, continuó sirviéndola en otros cargos de responsabilidad, tales como el Maestro de novicios, Guardián, Definidor y Custodio provincial, dejando siempre ver en su cometido la bondad de su carácter y la nobleza de su alma.
El amor que tanto los religiosos como los seglares le tenían quedó patente con ocasión de sus Bodas de oro sacerdotales, celebradas con solemnidad extraordinaria en Teruel, del 26 al 29 de junio de 1909. Después de estos festejos todavía vivió quince años. En 1918, anciano por los años y niño por candor, entregó a Dios su alma en Benigánim. El necrologio hace de él este elogio: "Alma sencilla y candorosa, que no se contaminó de las miserias de este mundo, a pesar de los muchos años que vivió y de las prelacías que desempeñó".
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