Índice del número 280

Abril de 1952. Año 26. Director: Fr. Pacífico Torres, ofm

Sentir la Pasión de Cristo

El altísimo poeta franciscano Jacopone de Todi, cantando en estrofas llenas de arrebatada y embelesadora ternura el llanto da la Virgen María al pie de la Cruz, le dirige esta conmovedora plegaria:

«Oh Madre fuente de amor, hazme sentir tu dolor, hazme contigo llorar... y que se abrase mi ser, para a Cristo Dios amar, y al Amado complacer...»

Sentir al vivo, en las fibras del propio corazón la fuerza de la Pasión de Jesús, he aquí lo que debiera ser, por noble gratitud y delicada reciprocidad, el anhelo más fervoroso y unánime de los cristianos.

Mas ¡ay!, habituados nuestros ojos a ver con demasiada frecuencia y con muy escasa reflexión la Imagen de Jesús crucificado, la tremenda y trágica realidad de aquel sacrificio, del que depende nuestra salvación y nuestra vida, no le causa a nuestro espíritu la impresión de acongojada condolencia que debiera producirle, no enciende en nuestro corazón el volcán de divinos amores en que debiéramos arder, no despega nuestra voluntad, por encima de todas las desgarraduras imaginables, de cualquier afecto pecaminoso, para hacernos ágiles y constantes en el servicio de Dios, para hacernos santos...

El Apóstol San Pablo, con su lenguaje arrebatador de gran enamorado de la Pasión de Jesús, siente que lleva en su cuerpo las Llagas del Señor, desprecia el gloriarse en nada que no sea la Cruz de Jesucristo, y en la misma Cruz, señal de nuestra victoria definitiva y eterna, quiere que nos gloriemos siempre todos los que llevamos el nombre de cristianos.

Nuestro seráfico Padre San Francisco recogió tan intima y ardientemente en su corazón los anhelos del Apóstol de las Gentes, que la fuerza de su arrebatado amor al divino Mártir del Calvario hizo florecer en sus miembros aquellas rosas de sangre viva, fresca y palpitante de las Llagas de Cristo Crucificado.

Abramos también nosotros las fibras de nuestro corazón a la compasión por la Muerte de Jesús y los dolores de María, y sintiendo en nuestras almas la fuerza de aquellas divinas torturas, dejemos que se abrase todo nuestro ser en el amor de Cristo y de María, como anhelaba para sí el dulce y apasionado cantor de Stabat Mater, para que este fuego ¿el amor divino ahuyente de nosotros la temible pesadilla de las eternas llamas en el día pavoroso del Juicio Final.

El P. Ministro general de la Orden Franciscana, Fr. Agustín Sépinski, asistirá al Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona

Con techa del próximo pasado mes de enero, el P. Provincial de la Provincia Seráfica de Catalana, Fr. Ladislao Guim, cursó una invitación al Rdmo. Padre General para que representase a la Orden Franciscana en la celebración del XXXV Congreso Eucarístico Internacional, que ha de celebrarse este año en Barcelona, con techa 25 del citado mes se recibió contestación a la misma, en los siguientes términos:

P. Agustín SépinskiRoma, 25 de Enero de 1952

M. Rdo. P. Ladislao Guim, O. F. M. Ministro Provincial de Cataluña - Barcelona

M. Rdo. Padre y amado hijo en San Francisco:

Acepto de buen grado la amable invitación que, en nombre propio, en nombre de esa amada Provincia de S. Salvador de Horta, y en el de toda la Orden franciscana en España, me dirijo en su carta del 3 de los corrientes, para asistir al XXXV Congreso Eucarístico Internacional, que se celebrará en esa ciudad de Barcelona, del 27 de mayo al 1.° de junio del presente año.

Tan magno acontecimiento religioso, al mismo tiempo que me ofrece la dicha de poder convivir durante unos días el fervor eucarístico del pueblo español, patria de San Pascual Bailón, me presenta una magnífica ocasión para satisfacer, a lo menos en parte, los vivos deseos de mi corazón de VISU las Provincias Franciscanas de España y tratar personal y fraternalmente con sus hijos españoles, para confortarnos mutuamente en el Señor, afírmanos más y más profundamente en nuestra hermosa vocación franciscana y así unirnos a realizar sus elevados ideales.

Por todo ello, sin contar los atractivos y encantos de las tierras y ciudades de España para el que la visita por primera vez, acepto, pues, gustoso su amable invitación y seré feliz de realizar este viaje, a España.

Entre tanto, como prenda de mis mejores afectos, le envío de todo corazón para S. P. y para toda su Provincia la Bendición Seráfica."

Firmado:
Fr. Agustín Sepinski
Ministro general

Nuestro apostolado en Argentina

(Continuación)

V. EL FRANCISCANISIMO EN ARGENTINA

En Argentina el hábito franciscano despierta por doquier muestras de simpatía. Los fieles saludan, aún en las ciudades, con manifiesto cariño al religioso. Recuerdan en él al misionero que no sólo les abrió los ojos a las verdades eternas, sino que también les amparó frente a cualquier vejación. Ven además en él un símbolo de desprendimiento de las riquezas, y esto impresiona su americano.

Sin duda alguna, ha acrecentado este afecto popular el simpático papel que en la guerra de la independencia desempeñaron algunos frailes, entre ellos el fundidor de cañones del General Sanmartín, que era franciscano. No se olvide, además, que fue en el convento franciscano de Mendoza donde el Libertador consagró a la Virgen de Cuyo el ejército de loa Andes, y que en el Convento franciscano de San Lorenzo halló el General apoyo, descanso y refugio en su primer hecho de armas.

Los lugares de estas gestas están hoy convertidos en monumentos nacionales. El convento de San Lorenzo conserva la celda donde descansó Sanmartín, con los muebles y el ajuar que el General usó, el lugar donde redactó su parte de guerra, la azotea desde la que divisó al ejército español, y otros recuerdos históricos no menos gratos al argentino. Se ha establecido, además, en él un museo sanmartiniano interesantísimo.
La iglesia del convento de Mendoza, elevada a la categoría de Basílica, es, a su vez, el punto de intersección del patriotismo de Argentina, Chile y Perú, cuyas tres banderas campean Junto a la Virgen de Cuyo.

Toda la Basílica resulta verdaderamente una lección de patriotismo; tanto es así que el Gobierno no ha encontrado lugar más digno de encerrar los restos mortales de los hijos del Libertador que aquel monumento del fervor patriótico y religioso. Trasladados a la República desde Francia, fueron enterrados en la Basílica de Mendoza el diciembre pasado.

Estos y otros monumentos histórico-nacionales son la prueba de la gratitud que Argentina debió en sus albores a la Orden franciscana. Nada extraño, por consiguiente,, que el pueblo, que aprende la historia de su patria en lo que publican dichos monumentos, mire a los franciscanos con cariño de familia.

La Orden está bastante extendida en la República. Hay allí una Provincia y una Comisaría indígenas. Hay, además, varias Comisarías extranjeras: dos españolas, una italiana y otra de Tierra Santa.

De las dos españolas una, la de San Antonio, depende de nuestra Provincia de Valencia. Se extiende por la parte central de la República, en las diócesis de Río Cuarto, San Luís y Mendoza. Durante los años de permanencia de nuestros religiosos en aquellas diócesis se han prestado muy valiosos servicios a los señores Obispos, levantando iglesias, regentando parroquias y predicando misiones en los lugares más apartados de los centros urbanos. Entre las iglesias o casas parroquiales levantadas por nuestros religiosos a costa de indecibles sacrificios, recuerdo las de Buchardo, Juan Llerena, La Toma, Meló, Justo Daract, Villa Mercedes, Villa Atuel y Malargüe. Todo esto a parte de las mejoras materiales introducidas en iglesias ya existentes de otros lugares, como el santuario da Renca, regido, sostenido y engrandecido por nuestros religiosos durante 15 largos años.

Hoy en día poseemos en Argentina cinco casas, desde donde se atiende a la parroquia propia y a las demás iglesias enclavadas en el territorio parroquial. Dos de estas casas radican en la diócesis de Río Cuarto: Serrano y Jovíta; una en la de San Luís: Villa Mercedes; y las otras dos en la de Mendoza: Villa Atuel y San Rafael. De la actividad religiosa desplegada por nuestros religiosos en cada una de estas casas nos toca ahora hablar.

VI. EL COLEGIO DE SERRANO.

Serrano es un pueblo en formación. En Argentina las estaciones del ferrocarril o las gasolineras de las principales carreteras determinan la situación de los pueblos. Estos se fundan en torno a dichas estaciones, y suelen recibir el nombre de los dueños de la estancia en que se levantan, aunque a veces el nombre del pueblo se debe a un motivo circunstancial.

El plano de una población es siempre el mismo; en el centro una espaciosa plaza, de la que parten las calles, trazadas a perfecta escuadra, anchas, con una doble línea de árales por marco. Por eso las ciudades argentinas, a excepción de las antiguas, son todas uniformes. Edificadas, además, en la llanura, pues llanura inmensa es todo el centro de la República, no pueden ofrecer el aspecto gracioso de los pueblos europeos, de líneas ¡sinuosas, con sus casas agrupadas en torno a la Iglesia, cuya torre sobresale entre todos los edificios, señalando al cielo. En Argentina lo que delata las poblaciones es la arboleda. Tras la frondosidad de sus ramas se esconden las casas, que, por lo general son de planta baja, menos en el centro de las grandes ciudades, que se parecen a las urbes europeas. Desde luego, en el gusto por los parques no podemos entablar competencia con los argentinos.

Serrano debe su fama, más que a su fundador, a los señores belgas Oostendorp, que edificaron la iglesia y un colegio para niños, y posteriormente otro para niñas. La iglesia, bajo cuyo ábside están enterrados les fundadores, es de estilo románico, de una nave con crucero, y resulta bastante capaz. Su fachada, de líneas clásicas, es elegante. Sus dos campanarios recuerdan el estilo colonial. El Colegio, unido a la iglesia, completa la buena impresión de la fachada.

Iglesia y Colegio fueron cedidos por los señores Oostendorp a la Provincia de Valencia el año 1922; a más del edificio y campo colindante, donaron una chacra de 52 hectáreas para las necesidades del Colegio. La Provincia, representada por el M. R P. Carlos García, aceptó la donación, comprometiéndose a regentar el Colegio. Al propio tiempo el señor Obispo de Río Cuarto fundaba la Parroquia de Serrano, cuya administración encargaba para siempre a la Orden.

La fundación no podía ser más simpática a la población. El argentino tiene hambre de cultura. Las leyes del Estado favorecen, ademáis, este interés cultural. Para entrar en cualquier puesto de trabajo se exige haber aprobado los seis grados de enseñanza primaria, de cuyas pruebas lleva cada niño o adulto su certificada En una palabra, que la enseñanza se toma en serio, y apenas existe el analfabetismo en la República. De ahí que el argentino reciba de tan buen grado todo cuanto huela a cultura y ponga a su disposición los medios de adquirirla. Ni necesitan ser obligados a acudir a la escuela. Al contrario, la enseñanza constituye para ellos un placer y un privilegio. A las horas de clase se ven acudir de las chacras más distantes a niños y jóvenes montados a caballo en dirección a la escuela del pueblo.

Con estos antecedentes se explicará el lector la satisfacción con que fue recibida nuestra fundación en Serrano. Tanto más cuanto que en vista de lo distanciadas que están allí las viviendas de los campesinos, los padres del Colegio determinaron abrir un internado.

La vida del Colegio se desenvolvió, por lo mismo, ya desde el primer momento pujante. El internado llegó a cobijar casi un centenar de alumnos. En la monotonía de la pampa penetró la viveza valenciana que coloreó como un alborear el ambiente. Las tareas escolares alternaban con las fiestas religiosas y patrióticas, que se celebraban con esplendor valenciano. Serrano fue con ello creciendo en fama y en importancia.

La esplendorosa pujanza del Colegio obligó a los Superiores a emprender obras para su más perfecto funcionamiento. Con estas miras se edificó una nueva ala destinada a salón de actos, que ha ofrecido a los escolares, a la vez que un escenario donde mostrar los progresos de su inteligencia, un lugar de sano esparcimiento, y a sus familiares una ocasión de admirar el trabajo de los profesores y los adelantos de sus hijos.

Silenciamos otras mejoras, como el campo de fútbol, el vestíbulo de la cripta, etc., todas ellas de no escasa importancia.

Para mayor abundamiento las Franciscanas Misioneras de María abrieron un Colegio con internado para niñas, donado, como antes queda dicho, por la misma familia bienhechora Oostendorp, con lo que se completó la labor cultural y apostólica de los religiosos. Las Franciscanas Misioneras, en efecto, han sido y continúan siendo las más eficaces auxiliares de los Padres en todo el campo de su actividad.

Muchos son los religiosos que han empleado sus energías en la formación de la juventud argentina de Serrano y su comarca. Y aunque no es mi propósito citar nombras, no debemos silenciar los de dos Padres que agotaron sus fuerzas en aquel campo de apostolado y subieron de allí a recibir el premio de los bienaventurados. Son los PP. Joaquín Baydal y Octavio Bravo, que aprovecharon en bien de Serrano la larga experiencia adquirida en sus años de enseñanza en Onteniente.

La muerte del P. Octavio señaló la decadencia del Colegio. Era en os años de la postguerra (1947), en que la Provincia no podía aún prestar una ayuda eficaz a la Comisaría, El P. Octavio sentía cómo la muerte se le avecinaba, y se lamentaba porque preveía la suerte que cabría a su fallecimiento al Colegio. Efectivamente, después de su muerte los Superiores se vieron en la precisión de clausurarlo.

Dos años dejó de funcionar nuestro Centro docente. Mas hoy abre de nuevo sus puertas a los escolares bajo la dirección del P. Atanasio Jordá, con la esperanza de llegar poco a poco al grado de esplendor que los hijos de Serrano recuerdan con tanto orgullo. Con la llegada de dos Padres jóvenes, Serrano vuelve a sentir la alegría de los días de la fundación.

En Serrano los religiosos lo son todo. Párrocos, maestros, consejeros, amigos. El pueblo respira en franciscano. Verdad es que no estamos contentos de los resultados prácticos de nuestra inmensa labor en el campo religioso. Argentina no es España. Los fieles, a pesar de la educación recibida en nuestro Colegio y en él las Franciscanas Misioneras, no practican sus deberes religiosos en el grado que sería de esperar. Sin embargo de ello, los señores párrocos de la vecindad dicen que no podemos quejarnos, ya que, cotejando el nivel moral de Serrano con el de los otros pueblos, se nota una diferencia enorme. ¡Dios sea loado por ello! Siempre es un consuelo.

Pero aspiramos desde luego a más, y esperamos que la constancia realizaré con la ayuda divina el milagro.

Desde Serrano nuestros Padres atienden a los pueblos de Buchardo, Meló y San Joaquín. Su labor docente es interrumpida los domingos para ir en busca de las almas de los poblados contiguos. Toda aquella comarca está, por tanto, servida por nuestros religiosos. Aun más, algunas de esas feligresías han nacido, por decirlo así, bajo al impulso franciscano.

(Continuará)

Fr. Joaquín Sanchis, ofm
Ministro provincial