Congregación provincial

Durante los días 4 al 9 de agosto tuvo lugar en Santo Espíritu del Monte la llamada Congregación Provincial, presidida por P. Francisco Solano Zuluaga, ex Provincial y actual Custodio de la Provincia de Andalucía, que había actuado previamente como Visitador General de esta Provincia Franciscana de Valencia.

En las sesiones plenarias habidas durante los días 6 y 7 se trataron asuntos de suma importancia para los tiempos que corremos.

El día 8 quedó reservado para la elección del Definitorio Provincial, que se llevó a cabo, según costumbre y ordenación, después de la misa solemne del Espíritu Santo, cantada por el P. Presidente, y como el nombramiento de Provincial y de Custodio se hace, según las nuevas normas, para seis años, la elección sólo afectó a los Definidores, resultando elegidos los PP. Bernardino Cervera, Rafael Fuster, Joaquín Ribes y Anselmo Martí.

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Los Padres Vocales que celebraron la Congregación Provincial, presididos por el P. Visitador General Francisco Zuloaga. Sentados, de izquierda a derecha: PP. Joaquín Ribes, Bernardino Cervera, José Antonio Arnau, Provincial, Francisco Zuloaga, Visitador General, Rafael Reig, Custodio, Rafael Fuster y Anselmo Martí. De pie: PP. Pacífico Sendra, Juan María Nadal, Juan Bautista Font, Mariano Catalán, Vicente Martínez, Eusebio Arbona, Vicente Pérez, Jaime Martí, Camilo Jordá, Santiago Miró, Juan Pérez, Carlos Sáez y David Cervera.

Definitorio

El P. Provincial con su nuevo Definitorio. Sentados, de izquierda a derecha: PP. Rafael Reig, Custodio, José Antonio Arnau, Provincial y Rafael Fuster. De pie: PP. Bernardino Cervera, Joaquín Ribes y Anselmo Martí.

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Ministro Provincial de la Seráfica de Valencia y Aragón, reelegido para seis años en el Capítulo celebrado en Santo Espíritu del Monte a mediados de agosto de 1955. P. Francisco Zuloaga, ex Provincial y Custodio de la Provincia de Andalucía, nombrado Visitador General de la Seráfica Provincia de Valencia, que ha presidido todos los actos de la Congregación Provincial.

Finalmente, el día 9 fueron nombrados los demás cargos de la Provincia de Valencia, que han de regir durante un trienio los destinos de las diversas casas y presidir las varias actividades de esta Seráfica Provincia, entre los cuales figuran los siguientes:

Superiores de:

Santo Espíritu del Monte, P. Francisco Agulló;
Cocentaina, P. Jaime Martí;
Onteniente, P. Juan Bautista Font;
Benisa, P. Juan María Nadal;
Pego, P. Santiago Miró;
Teruel, P. Carlos Sáez;
Valencia, P. José López;
Carcagente, P. Benjamín Agulló;
Zaragoza, P. Mariano Catalán;
Caspe, P. Gabriel Francés;
Segorbe, P. Gerardo Boluda;
Alcoy, P. Vicente Martínez;
Chelva, P. Eduardo Vicent;
Cullera, P. Benjamín Salas;
la Residencia Universitaria de la Concepción, de Valencia, P. Serafín Pérez.

Y en la Argentina: de la Residencia de San Rafael, P. Simón Sáez;
de la Residencia de Villa Mercedes, P. Germán Rius;
de la Residencia de Serrano, P. Pedro Bautista Vidal;
de la Residencia de Villa Atuel, P. Juan José Ángel;
de la Residencia de San Juan, P. Pascual Muñoz;
de la Residencia de Wlew, P. Julián Gómez;
Comisario Provincial para las casas de América del Sur, P. Simón Sáez;

Comisario Provincial de la T. O. F., P. Joaquín Ribes;
Comisario Provincial de las Asociaciones Mariano-Antonianas, P. José López;
Comisario Provincial de Misiones, P. Daniel Han;
Secretario Provincial y Vicepostulador de las causas de beatificación y canonización, P. Camilo Jordá; Prefecto de Estudios de la Provincia, P. Rafael Fuster;
Viceprefecto de Estudios de la Provincia, P. Rafael Reig;
Consejo para la Redacción de la revista La Acción Antoniana, Pacífico Torres, Benjamín Agulló y José Luis G. Rodrigo;
Archivero y Bibliotecario Provincial, P. Simón Zuska;
Cronista de la Provincia, P. Vicente Montava;
Inspector de todas las escuelas de la Provincia, P. Eusebio Arbona;
Rector del Colegio Seráfico de Benisa, P. Juan Mª Nadal;
Maestro de seminaristas teólogos, P. Daniel Han;
Maestro de seminaristas filósofos, P. Anselmo Martí;
Maestro de Hermanos legos y donados, P. Pacífico Sendra, y
Maestro de clérigos residentes en Onteniente, P. Eduardo Camallonga.

Año de Lourdes

Una coincidencia significativa

En el año 1858 Carlos Marx, fundador del comunismo, preparaba su Introducción a la crítica de la Economía política, cuyo primer fascículo apareció al año siguiente y ponía los fundamentos de su principal obra sobre el Capital.

De estas obras han salido las ideas que han llenado al mundo durante casi un siglo, a saber, por ejemplo: el hombre no es de origen divino, no tiene más que una aparente libertad; privado del alma, no tiene necesidad de la religión... Navidad: es una leyenda, y la buena nueva, llevada a Belén, no es más que el opio de los pueblos.

En este mismo año 1858, el 11 de febrero, a los pies de los Pirineos en Francia, en la pequeña población de Lourdes, la Bienaventurada Virgen apareció, inaugurando una serie de diecinueve apariciones, a una aldeanita que se llamaba Bernardita.
Habían pasado cuatro años desde que la Iglesia había definido el dogma de la Inmaculada Concepción y los cielos se abrieron y la Virgen hermosa, de una beldad que no es terrenal, habló a Bernardita para decirle: «Yo soy la Inmaculada Concepción.»

En el mismo momento en el cual el mundo negaba el pecado original y afirmaba que el hombre había nacido sin pecado Original, y por consiguiente no tenía necesidad ni de la Encarnación ni de la Redención, nuestra Madre otorgaba a toda la humanidad lecciones, que no son sino «el eco fiel del Mensaje evangélico» (Pío XII en la Encíclica La peregrinación a Lourdes).

Ella enseña a la humanidad lo único necesario: Dios, su alabanza, su reinado, su plegaria, su templo. Por tres veces la Virgen lanza su apremiante apelo: «Penitencia, penitencia, penitencia.» La Virgen, llena de gracia, sin pecado alguno, acude en ayuda de los pecadores. Ella nos lleva a la solidaridad cristiana: «Rogarás a Dios por los pecadores.»

Así, mientras que la aparición del materialismo satánico lleva a la humanidad a la miseria, a las tinieblas, a la esclavitud pagana, a la negación de la dignidad del hombre y de su libertad, Lourdes es la moderna Belén, el Lábaro sagrado de nuestras mejores esperanzas.

Lourdes, ciudad de la oración, ciudad de los milagros, centro de la vida teologal, muestra cómo realizar el reino de Dios, anunciar el día de Navidad por medio del reinado de María; y cómo la Iglesia, que en los siglos XVI y XVII, por medio de María, ha triunfado contra la invasión de los musulmanes, también podrá en nuestros días, por medio de María, vencer al comunismo, es decir, al islamismo del siglo XX.

Si es cierto, como en realidad lo es, que a María, unida desde la eternidad al Cristo Redentor y triunfante, pertenece la misión no sólo de prestar su maternal ayuda a cada cristiano, sino también, ante todo, de proteger a la Iglesia, a quien está confiado el depósito de la Revelación; si le pertenece destruir las herejías y si de hecho Ella siempre ha cumplido este mismo deber en los momentos de apremio y de mayor daño para la Iglesia y su Jefe visible; si la cristiandad toda jamás ha elevado solemnemente sus súplicas a la Madre de la Misericordia en esté «valle de lágrimas», sin que la Celeste Reina bajara su mirada maternal y le otorgara su maternal amparo; si en el curso del último siglo aparece claramente la intervención de la Inmaculada en las distintas apariciones, entonces llenos de esperanza y de confianza, nosotros podemos levantar nuestras miradas hacia la moderna Belén: Lourdes, en la ocasión del primer centenario de las apariciones.

«Quiere usted tener la bondad de venir...», dijo la Virgen a Bernardita. Nosotros debemos llegarnos a la Santa Virgen no solamente como individuos, sino como colectividad; nosotros debemos acercarnos a la nueva Belén, a la Lepanto del siglo XX. Y sobre todo durante el X Congreso Mariano Internacional, que tendrá lugar en Lourdes del 4 al 17 de septiembre de 1958 y deberá ser la cumbre del año jubilar, el epílogo de la doctrina y de la piedad mariana de un siglo, transformar a Lourdes en una Pentecostés; y cantando el Magníficat de nuestro reconocimiento, debemos dirigir a María una plegaria pública, solemne, universal, para que se realice el reino de Cristo, reino de justicia, de paz, de justa libertad para cada nación y para la Iglesia, por el reino de María.

R. P. Carlos Balic, ofm
Presidente de la Academia Mariológica Internacional
Organizador del Congreso Mar. Intern.
(De El Heraldo de la Reina, febrero de 1958.)


La decadencia de la raza blanca

II

Un oscuro clérigo protestante inglés, Roberto Malthus, en su obra Essay on the principie of population, que apareció en 1798, afirmaba que la población humana tiende a crecer como los números de la serie 1, 2, 4, 8, 16, 32..., doblándose cada veinticinco años, mientras que los medios de subsistencia apenas aumentan en la progresión aritmética que muestra la serie 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7... Y para evitar la desproporción entre habitantes y subsistencias, causa de graves inconvenientes (hambre, miseria, guerras...), preconizaba dos remedios: continencia voluntaria en el celibato y matrimonios tardíos, reprobando las prácticas anticonceptivas por contrarias a la moral.

Sin embargo, añade: «Un hombre que nace en un mundo ya ocupado, si su familia no puede alimentarle o si la sociedad no puede utilizar su trabajo, no tiene el menor derecho a reclamar una porción cualquiera de subsistencia, y en realidad está de más en la tierra. En el gran banquete de la naturaleza no hay cubierto para él.» Luego, según esto, habría que hacer que no naciera. Es como dice Chesterton con fina ironía: «Figuraos que tenéis diez hijos a quienes hay que proveer de sombrero y que no tenéis más que ocho sombreros disponibles. Un espíritu sereno y que obrase a derechas no consideraría un imposible hacer dos más, dirigirse al que los fabrica y persuadirle que hiciera los necesarios... Pero el espíritu moderno propondría que cortando la cabeza a dos niños no tendrían ya más necesidad de sombrero y habría bastantes con los que teníamos. Si se le sugiere que las cabezas son de más valor que los sombreros, os dirán que esas sutilezas son pura metafísica y que la pretensión de que el sombrero está hecho para la cabeza y no la cabeza para el sombrero es un dogma que ya pasó a la historia...

El prejuicio secular que prefiere la vida de los niños al acomodo sistemático de los sombreros, todo es despreciado cuando no ignorado. El espíritu moderno tiene una lógica implacable: al verdugo toca remediar las faltas del sombrerero.» Malthus sí que debió encontrar preparado un puesto en el banquete de la naturaleza para cada una de sus hijas, pues tuvo doce.

La ley de las progresiones del clérigo citado es falsa, por no estar de acuerdo con los hechos. El movimiento de población en Estados Unidos de Norteamérica, de cuyo estudio dedujo aquélla, sí se ajusta al aumento que fija la serie 2, 4, 8, 16, pues en períodos de veinticinco años pasó de 3.929.827 habitantes (censo de 1790), a unos 8 millones en 1815, algo más de 17 millones en 1840, alrededor de 35 millones en 1865 y 62.881.000 según el censo de 1890; pero en estas cifras influyó la inmigración, que fue muy numerosa, la compra de la Luisiana, la de la Florida y la anexión violenta de Tejas y Arizona, arrebatadas a Méjico. Y todos estos factores contribuyeron al aumento de la población, que si entonces se duplicaba cada veinticinco años en dicha nación, ahora se estima que en todo el mundo se necesitan cuarenta años para que se duplique.

En Europa la población pasó de 100 millones de habitantes en 1800 a 40Q millones en 1900, en vez de llegar a 1.600 como debió ser si fuera cierta la ley de Malthus. Como no es verdadera para los siglos anteriores, en que el crecimiento fue menor, pues lo limitaban numerosas enfermedades hoy vencidas.
En cuanto a las subsistencias, también se equivocó Malthus en sus previsiones. Según ellas, hasta 1815 hubo en Estados Unidos equilibrio entre la población y el consumo. Pero entre 1815 y 1840 no encontraron puesto en el banquete de la naturaleza 3.929.827 habitantes (exceso de población); entre 1840 y 1865 sobraban 15.719.308, y en el período 1865-90, 43.228.097 personas debieron morir como las otras. Y sin embargo, no hubo hambre en Norteamérica en ninguno de esos períodos, sino prosperidad creciente, cada vez mayor.

Algo semejante ocurre en otros países. Así, en Francia —según Vuillermet—, entre 1800 y 1900 la población aumentó en un cuarto (13 millones de habitantes), mientras que la cosecha de trigo excedió del duplo (de 12 millones de hectolitros pasó a 120). Y en Alemania, cuando la población se ha duplicado en el siglo xix, el número de individuos que gozaban de cierto bienestar se ha hecho siete veces mayor. Con fundamento ha podido afirmar Henry George: «La eficacia creciente del trabajo hace del estado progresivo un estado de producción que va continuamente in crescendo por cabeza, y los países donde es más densa la población, en igualdad de circunstancias son siempre los más ricos.»

Otros datos estadísticos. Según el doctor Guchteneere, entre 1895 y 1912 la población del
mundo creció en 12'5 por 100. Y en el mismo tiempo la cantidad de trigo producido aumentó en un 45 por 100, el maíz en un 43, la avena en un 52, el arroz en un 40, etc. Y es que un grano de cereal —como apunta Sismondi— da el primer año 20 granos; éstos, el segundo, 400; 8.000 el tercero, y el cuarto 160.000. Pero para que la multiplicación vaya a tal paso, es preciso que no falte tierra para el grano. No se ha llegado al límite, puesto que, según los economistas, sólo se cultiva una cuarta parte de los terrenos apropiados en todo el mundo. La multiplicación de los animales que viven de aquellos vegetales es más lenta; las ovejas se duplican en cuatro años y se cuadruplican en ocho; al vigésimo cuarto, cuando según Malthus no se habría aún doblado la especie humana (que según él lo hace a los veinticinco), la de las ovejas sería 64 veces mayor. Según el economista Leroy-Beaulieu, con los medios de producción existentes a principios de este siglo podía sustentarse el triple de la población mundial. Después, los progresos de toda clase en el terreno científico han hecho que con el empleo de fertilizantes, selección de semillas y animales, aumento de los regadíos, etc., los recursos de que puede disponer la humanidad para su sustento sean cada vez mayores.

A esto contribuye la energía nuclear, depositada por Dios en la materia al crear el mundo y recientemente liberada. La energía, clave de la civilización moderna, está para agotarse en sus fuentes más empleadas (petróleo y carbón): cada siglo aumenta un 25 por 100 su demanda; pero la nuclear viene a reemplazar ésta sobreabundantemente al quedar en libertad su energía atómica, pues se ha conseguido la escisión o fisión de un átomo de uranio. Para ello se emplea la llamada agua pesada, formada por oxígeno y deuterio o hidrógeno pesado. En Inglaterra, con el reactor Z (Zero Energy Thermonuclear Apparatus) se ha conseguido un gramo de deuterio de 20 litros de agua del mar. Y por la fisión nuclear, con él se puede producir tanta energía como con 10 toneladas de carbón. Consecuencia: del agua del mar se puede conseguir energía para más de mil millones de años al ritmo actual. Y las radiaciones de la energía nuclear activarán el desarrollo de las plantas, que producirán más cosechas.
La providencia de Dios, que sustenta a las aves del cielo «que no siembran, ni siegan, ni tienen graneros» (Mt 6, 27), y lo mismo hace con todos los demás animales salvajes, que ha creado todo lo que existe con «número, peso y medida», no acabará con la humanidad por medio del hambre. Cuando lo disponga, espantosos cataclismos lo harán así.

El hambre que existe en algunos pueblos de la tierra no se puede negar, pero es debida a mala distribución de los bienes de consumo, originada por egoísmo de quienes los poseen. En 1934 se destruyeron 886.000 vagones de trigo, quemados en su mayor parte en Norteamérica y Argentina en vez de carbón; 144.000 vagones de arroz, 32.000 sacos de café, 13 millones de toneladas de azúcar, 6 millones de cerdos y 800.000 vacas; todo para que no bajaran los precios. Y eso al mismo tiempo que 100 millones de familias pasaban hambre en todo el mundo, o sea un número de personas de 500 millones próximamente.
La descristianización de la sociedad en el siglo XIX hizo que las ideas de Malthus se propagaran, no obstante su falsedad; pero a partir de su mitad, suprimiendo las trabas que por exigirlo la moral indicaba aquél para la actividad genésica. Los defensores de este neomalthusianismo preconizaban el empleo de medios anticonceptivos para evitar el exceso de población. El doctor Drysdale fundó, en 1877, en Londres, la primera Liga Neomalthusiana, seguida por otras semejantes en diversos países: todas, dejando de lado el temor del exceso de población, defendieron muy pronto la idea de que el amor y sus goces tienen los mismos derechos a ser satisfechos que todas las demás necesidades; pero como el placer por el placer, suprimiendo la función para que lo ha creado Dios, es el amor libre de trabas, o sea el libertinaje, los neomalthusianos hubieron de variar de argumentos en sus propagandas.

Nació entonces el Birth-Control (limitación voluntaria de la concepción), que preconiza la esterilidad voluntaria en el matrimonio empleando medios anticonceptvos Dos mujeres, Mrs. Stopes en Inglaterra y Mrs. Sanger en Norteamérica, se dedicaron a su propaganda con ardor, fundando numerosas asociaciones y clínicas, editando libros y folletos, pronunciando conferencias y convocando a mítines para demostrar sus ventajas: aumento de la felicidad en la familia; la raza crecería en vigor y salud, pues la mujer escogería el momento en que quisiera ser madre, impidiendo el serlo si no lo deseaba. Con esto se originaría una selección artificial que daría los más halagüeños resultados. Esto último no es verdad, pues en Norteamérica, por ejemplo, el 40 por 100 de los reclutas, según la propaganda alemana, no son aptos para la guerra. Y allí está muy extendido el Birth-Control.

Todas estas ideas que halagan las pasiones y el egoísmo humano, se hallan muy extendidas por las naciones protestantes (Inglaterra, Holanda, Alemania, Noruega, Dinamarca, Suecia, Norteamérica, etc.) y también en Francia por su laicismo. En Nueva York se reunió en 1928 el VI Congreso Internacional de Neomalthusianismo y Birth-Control, con asistencia de 600 delegados de 16 países. Y la propaganda no cesa.

«¿Por qué tener hijos y no un coche?», dice la señora Sangers. Y de modo semejante, si se engendran hijos contra la voluntad de los progenitores, hay que matarlos por el aborto provocado. Así lo autorizan una Ley de 1938 en Suecia y otra de Dinamarca de 1956. Y el Parlamento japonés, por recomendación, sin duda, de los norteamericanos, que para resolver el problema de la mucha población preconizaban el control de los nacimientos, aprobó una Ley que autorizaba los abortos voluntarios con intervención de las autoridades sanitarias que los facilitaban: de enero a julio de 1949 (primer año de vigencia de la Ley) se quitó la vida por medio del aborto a 99.683 inocentes, número superior al de ) víctimas de la bomba atómica de Hiroshima, que fueron 88.637.

Y en 1955 han pasado de 2 millones los niños privados de la vida antes de nacer en aquella vencida nación. En Puerto Rico las autoridades norteamericanas, para corregir el exceso de población que allí existe, según ellas, fomentan y ayudan a las prácticas anticonceptvos Y han convencido a mujeres miserables a que se sometan a la esterilización voluntaria: 6.749 mujeres lo han hecho así en los hospitales del Estado entre 1937 y 1950.

Este miedo al niño y amor a la comodidad hace que en Europa la natalidad vaya disminuyendo constantemente. En Inglaterra, Francia, Bélgica, Holanda, Suiza, Alemania, Checoslovaquia, Hungría, Finlandia, Suecia, Noruega y Dinamarca y otros países bálticos las tasas netas de reproducción son menores que la unidad: hay muchos viejos y pocos niños.

En Portugal, España, Italia, países balcánicos, Polonia y Lituania la tasa de reproducción oscila entre 1 y 1'5: hay menor proporción de viejos y más niños que en el grupo anterior.

Y en Rusia la tasa de reproducción es de 1'60: si se mantiene, la población aumentará en un 60 por 100 en cada generación. Característica de un país vigoroso, tiene pocos viejos y muchos niños.

Según cálculos estadísticos, hacia 1970 las naciones europeas, salvo Rusia, habrán aumentado sólo 27 millones de habitantes, por las naciones del segundo grupo principalmente, pues las del primero disminuyen en población. Rusia, en cambio, aumentará en 77 millones. El total de la población europea de aquéllas será de 417 millones y 251 la de Rusia, que siguiendo el mismo ritmo en pocos años igualará a las naciones occidentales.

Aun añadiendo a sus contingentes armados los de Estados Unidos, país también aquejado de bajo índice de natalidad, desde el punto de vista demográfico es ahora inferior en hombres el bloque occidental, al que forman Rusia y 500 millones de chinos. Y más lo será a fines del siglo. Y los hombres son el principal factor en la guerra.

«¿A qué pueblos quieres llevar la guerra?», preguntaron al bárbaro Genserico los pilotos de las naves en que había embarcado sus hordas.

Y el rey de los vándalos contestó: «A los que han provocado la cólera de Dios.»

En una sociedad paganizada como la actual, en que el placer y la comodidad han sustituido a la ley de Dios, puede ocurrir que El, salvaguardia del orden conculcado por el pecado, permita, como en el ocaso del imperio romano, una nueva invasión de bárbaros. Rusos, chinos y otros pueblos de color, como en aquellos tiempos de la historia, arrasarán en Occidente todo lo que sea opuesto a su ideología: muerte y destrucción de personas y cosas se producirá por doquier. Y los supervivientes de la hecatombe presenciarán con impotencia y horror la destrucción de la raza blanca y su civilización, pues también «las civilizaciones son mortales», como dice Valéry. Y Dios, con su Providencia, acabará después con toda la humanidad si ha llegado el tiempo de que los ángeles del Apocalipsis derramen las siete tazas de la ira de Dios sobre la tierra (16, 1-19), o permitirá que una nueva civilización iluminada por el cristianismo sustituya a la actual, que «habrá corrompido su camino».

Arturo Fosar Bayarri


Nina Zoriaga

(Continuación)

—Nina, por favor, no bromees; esa broma es de muy mal gusto ahora que estás en la cumbre de tu fama.

Ella se levantó del taburete y fue a sentarse a un sofá.

—Ven y siéntate que tenemos que hablar—, dijo haciéndole sitio a su lado.

—Guillermo —dijo Nina—, estoy cansada de esta vida de triunfos y halagos, quiero vivir otra vida más tranquila y sosegada, feliz, lejos del mundo. A pesar de tantos agasajos me siento siempre triste, no hallo íntima felicidad en este lujo que me rodea. Tu esposa y tú lo sabéis mejor que nadie; ya no puedo fingir más, me hallo abatida, ¿lo oyes?, y no puedo continuar más esta farsa.

—Nina, recapacita un poco, piensa por lo menos en mi familia, ¿qué será de nosotros sin ti? Aun no tengo pagada mi villa de Carpi y además la boda de mi hija con el aristócrata italiano, ya ves lo que representa una boda así, si esa decisión tuya es firme representaría mi ruina.

—¡Mi buen amigo, ¿crees que soy capaz de abandonarte en esta situación? Mi fortuna es muy sólida, va lo sabes tú, y para ti habrá un buen pellizco.

—Continúo a pesar de todo juzgando esta idea tuya como una locura —dijo—. ¿Piensas en el escándalo de la prensa al conocer tu decisión ? Los empresarios se enloquecerán al conocer tu resolución y tú al cerrar las salas de fiesta necesitas mucho dinero para indemnizar al personal que tienes .al servicio de éstas.

—Estoy dispuesta a todo. Esta decisión mía, Guillermo, es irrevocable, no insistas.

—¿Qué razones daré—, preguntó turbado él.

—Di que estoy enferma. Que he contraído una grave enfermedad, que necesito abandonar la escena indefinidamente. En fin, resuélvelo tú como te parezca, pero evítame todas las molestias que puedas.

—Bien, haré todo cuanto ordenes, Nina, y perdóname si he sido egoísta anteponiendo mi bienestar al tuyo.

—No sabes lo dichosa que me haces, Guillermo, al respetar mi voluntad. No creas que esta idea ha nacido ahora en mí, no; ya es vieja en mi corazón, pero me faltaba valor para llevarla a cabo —y añadió—. Y ahora hablemos de otra cosa —dijo sonriendo—. Pregúntale a tu hija cuál de mis villas en Europa le gusta más. Será mi regalo de boda.

Don Guillermo vaciló unos instantes, una ligera mueca de tristeza se dibujó en su rostro y repuso secamente:

—Bien, se lo preguntaré.

Aquella misma mañana, Nina escribió al P. Felipe, Superior de la Misión X en África. Hacía dos años que ella visitó aquella región africana en plan de trabajo. Fue a rodar una película en la que actuaba ella de danzarina nativa. Todo el tiempo que permaneció en la Misión visitó con frecuencia el hospital obsequiando a los enfermos con regalos.

* * *

Sentada ante su mesa de despacho sobre la que se apilaban infinidad de cartas y revistas, Nina extrajo con "mano temblorosa la carta del P. Felipe, tan deseada por ella. La abrió, leyéndola rápidamente; decía así:

«Piense, hija, que la vida aquí es cruel y dura, y verse privada de los halagos del mundo, excluida de las comodidades y el lujo tan de repente, es un poco arriesgado para usted.

»No es que dude un momento de su propósito y la quiera hacer desistir, no; Dios me guarde de torcer una voluntad digna de alabanza como ésta. Pues es muy triste después de tenerla entre nosotros que nos abandone.

»Aquí en la Misión la recibiremos todos con los brazos abiertos.

«Nosotros decimos como dijo el poeta: ¡un ángel más!»

Cuando acabó de leer la carta la dobló cuidadosamente y la guardó en uno de los cajones de su mesa. Como su administrador la observaba tomó otra carta del montón y dijo sonriendo al abrirla.

—Todos se interesan por mi enfermedad y hay hasta quien me recomienda su médico.

—Magnífica idea—, repuso don Guillermo sacudiendo la ceniza de su cigarro.

En el rostro de Nina se dibujó una mueca de enojo. Abrió el cajón de la mesa y extrajo la carta del P. Felipe. Su administrador examinó minuciosamente el sobre.

—Puedes leerla—, dijo Nina a la vez que un ligero rubor tiñó sus mejillas.

—El P. Felipe en esta carta te aconseja bien y es de mi mismo parecer —dijo don Guillermo cuando terminó de leerla—. Debes de pensarlo más despacio. Es muy arriesgado y demasiado precipitado, Nina.

—Estoy decidida a marcharme cuanto antes, Guillermo—, contestó ella decididamente.

Su administrador no quiso insistir más y dejó la carta sobre la mesa.

—Siento mucho —dijo él— esta separación. pero como es de tu agrado te deseo mucha suerte. Ya sabes donde tienes una familia que te quiere. Mi esposa sufrirá un gran desengaño al ver que nos abandonas.

Cuando Nina subió al avión que la llevaba a su nuevo destino después de las crueles escenas de despedida, se sintió profundamente conmovida y asustada. Por un momento tuvo miedo. Las palabras del P. Felipe «aquí la vida es dura y cruel» la hicieron estremecer. Hundiéndose en su cómodo asiento procuró serenarse. De pronto oyó el ruido de los motores ya en marcha y se incorporó aterrorizada. Ya era tarde para volverse atrás. Su compañero de asiento al verla tan nerviosa dijo:

—Tranquilícese, señora. Esta empresa goza de buena fama de pilotos y aviones. ¿Acaso es la primera vez que vuela?

Nina rompió en sollozos y no pudo contestar, pero seguramente en su interior aquellas palabras la causarían risa. Su compañero de viaje no podía sospechar que ella era nada menos que la célebre bailarina Nina Zoriaga. Ignoraba que muchas veces ella se había subido en un avión para regresar en otro a las pocas horas.

El P. Felipe, acompañado de un indígena, fue a recibirla al campo de aterrizaje. Cuando llegó a la Misión todas las religiosas, así como los misioneros y sanitarios, salieron a saludarla. Después la acompañaron a su modesta habitación para que descansara. Sobre la cama encontró su uniforme blanco de enfermera de cuello alto y su delantal de anchos tirantes y bolsillos grandes, también blanco, y una cofia del mismo color.

Cuando Nina se vio ataviada con aquel uniforme blanco pensó sobre su nuevo estado y se sintió de momento afligida y pidió por favor a las religiosas que la abandonaran durante unos instantes. Al verse sola, alejada de su medio habitual, de su tierra nativa y vestida con aquella fría indumentaria, insensiblemente se sintió desfallecer y sollozó en silencio.

Pero de pronto una fuerza poderosa y sobrehumana empezó a ejercer un influjo misterioso sobre sí, sintiéndose alentada de tal forma que bien pronto empezó a recobrar su esperanza y alegría primitiva impulsándole como primer paso a prosternarse a los pies de un crucifijo, rogándole de lo más hondo de su corazón protección y ayuda en el nuevo estado que acababa de abrazar.

Era increíble ver cómo Nina se amoldaba a aquella nueva vida. No se le veía ni un momento triste ni abatida. 'La reclamaban las madres con sus hijitos raquíticos y mal nutridos y otras veces llenos de postillas con hedor y lamida de moscas.

Cuando alguna pobre mujer moribunda le recomendaba a su pequeño, Nina la abrazaba tranquilizando, su alma afligida por aquella terrible separación y llenándola de ternuras la ayudaba a bien morir.

Un día la H. Catalina, viendo el infatigable trabajo que llevaba, le ordenó que se retirara a descansar.

—Hermana —dijo Nina con tristeza—, no me atormente con esa orden tan cruel, es lo único que puedo ofrecer a Dios ¡y me parece tan poco! Déjeme unas horas más con mis enfermos. ¿Ve usted aquel que va agonizar y se halla solo y lleno de miedo? Voy hablarle de Dios y tranquilizar su alma.

Los ojos del enfermo al verla llegar junto a su lecho se alegraron y su faz recobró la serenidad. Nina le habló de la eternidad y de Dios que le esperaría allí con los brazos abiertos y que le acogería como un padre acoge a su hijo y lo estrecha en su regazo y que la Virgen Santísima, nuestra Madre, le prodigaría caricias sin cuento al verle llegar después de haber sufrido tanto en la vida; luego le mostraría la grandeza del cielo con todas sus bellezas y lo sentaría en una silla de oro en premio de Su arrepentimiento. Continuó diciéndole que sería muy feliz entre los ángeles y le vestirían con una túnica de oro salpicada de brillantes, y embelesado con estas palabras y escuchándola con gran atención exhaló su último suspiro con el rostro iluminado por las ansias locas de ver a Dios.

Dotada de un gran espíritu humanitario, Nina era admirada por sanitarios y religiosos.

Un día la Superiora le aconsejó que ingresara en el Noviciado, pues tenía temple de religiosa.

—Madre —repuso Nina con gran humildad—, mi cuerpo no es digno de vestir el Santo Hábito de San Francisco.

—Vamos, hija, no se atormente con esas ideas absurdas —y añadió con dulzura—. Vea al P. Felipe.

—Aun es pronto, Madre—, contestó ella como si aquella resolución fuera inquebrantable. Nina esperaba el momento.

Sonriente, dominada por el recuerdo de la conversación que hacía escasamente media hora había sostenido con la Madre Superiora, se dirigió a la iglesia de la Misión. Cruzó el pequeño bosquecillo de frondosa arboleda que lo separaba del hospital y penetró en el templo. Se arrodilló ante el Sagrario. En su corazón ardía un gran amor a Dios. Con desbordante ternura, embelesada ante el altar, repitió aquel día su meditación con más fuego y sentimiento que nunca. Con el alma profundamente dolorida exclamaba:

—¡Señor! Hoy busco consuelo en Vos. Mi corazón revolotea en torno a Ti. Las hipocresías de la tierra han clavado en mi pecho sus espinas. Consumida de dolor y con el alma afligida vengo a Ti en busca de consuelo.

¡Señor! La sombra poderosa de tu mano no infunde en mi corazón miedo. Ni el cáliz de tu Sangre consagrada causa sopor en mi alma. Estoy adormecida, dominada por el mundo que me embriaga de pasiones y deseos.

(Continuará)

Olga Bauzá de Lloréns

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Un nuevo patronazgo.— Por un breve pontificio la Virgen del Henar ha sido declarada Patrona canónica de todas las resinas españolas. El estar entre pinares su santuario y en la provincia más resinera de España, como es Segovia, y el haber obrado muchos milagros en el personal dedicado a la explotación resinera-, motivaron la petición de este patronazgo, avalada por más de cinco mil firmas de todos los centros resineros de la patria.

Asesores religiosos.— Por Decreto de la Sagrada Congregación de Religiosos han sido nombrados Asistentes de las religiosas clarisas y concepcionistas los PP. Pacífico Sendra y José Nemry, respectivamente.

Misión en el Egipto superior.— Esta Misión está confiada a la Provincia Franciscana de Toscana, en Italia. Trabajan en ella 29 sacerdotes de rito latino, 13 del rito griego y un maromita. Hay en la misma Misión 12 clérigos de rito copto, uno de rito latino y otro de rito armenio. Hay, además, dos Hermanos de rito latino, cuatro de rito copto y cuatro aspirantes del mismo rito copto. Los jóvenes estudiantes en el Colegio Seráfico son 35.

Forman parte de esta Misión, además, 124 religiosas europeas y 72 orientales, pertenecientes a siete diversas congregaciones.

Entre las varias obras sociales figuran: 25 hospitales y dispensarios, en los cuales son atendidos unos 415.722 enfermos. Funcionan, además, tres orfelinatos, en los cuales hay 35 niños y 125 niñas; dos internados, una escuela industrial, 29 escuelas primarias con 2.784 alumnos, 15 escuelas medias con 2.001 alumnos, etc.

Nueva misión franciscana en el Japón.— Parte de la provincia civil japonesa de Hagano ha sido confiada a los franciscanos de Colombia desde el año 1955. Cinco sacerdotes atienden a cuatro cristiandades, sumando los cristianos el número de 525. Desde el año 1955 al 1957 se han administrado 170 bautismos de adultos, siendo los catecúmenos 64. Cuenta la Misión, además, con un orfelinato con 20 niñas, 16 maestras de escuela, un asilo con 337 niños. La Legión de María cuenta con 28 congregaciones y los Boy Scouts con 50 miembros. Funcionan, además, cuatro bibliotecas para cristianos y paganos.

Otro misionero que sale de China.— El día 21 de junio llegó a Hong-Kong, procedente de Shangai, el P. Cirilo Wagner, O. F. M., quien desde el año 1953 sufría en las cárceles comunistas de China por el mismo delito de ser sacerdote misionero europeo. Es el último franciscano misionero europeo qué ha sido obligado a abandonar China comunista.

Aún quedan en aquel inmenso imperio más de cien franciscanos chinos, algunos encarcelados, pocos trabajando,, pero los más se ven muy constreñidos en el trabajo misionero, debido a la gran vigilancia a que son sometidos.

Nueva diócesis pakistaní confiada a los franciscanos.— Su Santidad el Papa Pío XII ha desmembrado la archidiócesis de Karaki en el Pakistán, formando la nueva diócesis de Hyderabat, que ha sido confiada a los franciscanos de Holanda. Como primer Obispo de la nueva diócesis ha sido nombrado el P. J. C. van Miltenburg, O. F. M., hasta ahora Arzobispo de Karaki, que conserva el título honorífico y personal de Arzobispo.